Congreso Internacional de Familias Monoparentales

Los días 27 y 28 tuve la oportunidad de conocer el trabajo tan valioso que llevan a cabo las mujeres de las Asociaciones de Familias Monomarentales. He de decir que me pareció de gran acierto la jornada del sábado y la elección de las ponentes que participaron, especialistas cada una en su campo desde la perspectiva de género, fundamental para entender las políticas públicas a proyectar.

En el post de hoy traigo una síntesis de lo que se trató sobre los temas principales del Congreso: empleo, corresponsabilidad y tiempos de cuidado enfocado a las familias monomarentales. También quiero plantear una reflexión de lo que me trasmitieron las jornadas y de lo que se puede transformar a partir de este momento para visibilizar a nuestras familias desde un nuevo enfoque.

Empleo, corresponsabilidad y tiempos de cuidado 

Los cuidados, como señaló Carmen Fernández, se deben democratizar.  Todos los agentes.- Estados, empresas y sociedad- tienen que ser partícipes y ser corresponsables; los cuidados desde una visión ampliada rompen con el marco “privado”: todas las personas somos interdependientes y a lo largo de la vida necesitamos ser cuidadas, unas veces más que otras, pero no hay que olvidar que es una necesidad vital y de ella dependemos todas las personas.

Varias cuestiones que se expusieron respecto a los tiempos del cuidado:

  • Economía del cuidado: visibilizar los tiempos que se dedican al trabajo de cuidados para darles valor en la sociedad (cuentas satélite) y así revalorizar el papel de las mujeres.
  • Romper con las diferencias del espacio privado-doméstico y el espacio público-mercantil. El mito de la “vida privada”: flexibilizar las jornadas adaptándolas al espacio que necesita cuidados para poder tener calidad de vida y comprometer a todas las personas a cuidar, independientemente de su sexo; también entre generaciones. Todas las personas tenemos el deber de cuidar.
  • Políticas sociales: invertir desde el Estado en la Economía del cuidado para acabar con la precariedad estructural que sufren (sufrimos) las mujeres en los distintos ámbitos, entre ellos el laboral. Transversalizar las políticas sociales y regular los tiempos en el ámbito laboral (espacio público-mercantil).

Desde la óptica del empleo, Eva María Blázquez, dio en una de las claves: la profesionalización del trabajo de cuidados. Así las personas (mujeres) dedicadas en el sector doméstico tendrán los derechos reconocidos como cualquier persona trabajadora. Como señaló la ponente “lo que no se paga no tiene valor”, y así sucede con el trabajo doméstico. Dos cuestiones primordiales de la formalización del trabajo de cuidados:

  • Pondría freno a la economía sumergida.
  • Daría reconocimiento económico y social.

Además, y como señalan especialistas como Teresa Peréz del Río, la legislación vigente en materia de conciliación genera el efecto contrario al deseado, ya que están enfocadas exclusivamente para que las mujeres cuiden: reducción de jornada, excendencias, etc.  y abandonen el mercado cuando son madres, lo que produce un efecto perverso:

  1. Soslaya la autonomía económica de las mujeres: pérdida de rentas presentes y futuras (cotizaciones con altas y bajas = pensiones más bajas, pensiones míseras).
  2. Esa pérdida de autonomía económica afecta en el poder de decisión de las mismas por la restricciones que ello conlleva.

La legislación, y por tanto el Estado, tiene que buscar la manera de implicar a todas las partes en el proceso, donde lo permisos por cuidados estén enfocados para que las personas trabajadoras, independientemente de su sexo, cuiden y se responsabilicen.

La monomarentalidad es un reto

Me planteo por qué en pleno siglo XXI el concepto de monoparentalidad está aún asociada a una connotación negativa. Considero que la imagen que se sigue mostrando de nuestras familias es de familias “rotas”, “desestructuradas” o de “abandono”: la autoritas del pater familias sigue presente, aunque no exista o se haya desvinculado de su descendencia, de una u otra forma. Y parece que nos falta algo, estamos “incompletas”.  La propia sociedad patriarcal alimenta esa imagen y se pone en cuestión que las mujeres podamos decidir según las distintas opciones que el mundo nos ofrece. Ser madres solas. Por eso el paternalismo y el machismo están muy presentes cuando se trata de nuestras familias.

El lenguaje forma el pensamiento y el Patriarcado, como sistema,  estigmatiza a l@s Otr@s: aquell@s que no cumplen con la norma.  Por eso nuestro tipo de familia aun estaría mal visto, porque da en lo más hondo de la jerarquía, donde la construcción de la familia ideal burguesa ha sido la base de nuestras comunidades. Nosotras transformamos el modelo ideal y además lo hacemos las mujeres: aquellas a la que se nos niega el poder.

Somos luchadoras contra un sistema que nos oprime. Y son muchas las formas de subordinarnos. Entre ellas está que nuestro modelo de familia aun no se considere como tal porque no cumple con la norma social.

A partir de ahí nos queda un camino por recorrer:

  1. Que la sociedad deje de estigmatizarnos. Somos monomarentales por elección propia, independientemente de nuestra llegada a ella. Como dijo la fundadora y pionera de la primera Asociación de Familias Monomarentales, María García,   “somos madres monomarentales hoy y siempre”. Nuestro estado de maternidad monomarental es permanente.
  2. Visibilizarnos desde la diversidad. Cada familia monomarental tenemos unas circunstancias sociales, económicas y culturales distintas. Nos interseccionan la clase, la nacionalidad o nuestro propio estado civil pero no por ello no tenemos una serie de objetivos comunes y compartidos.

Vamos a luchar juntas con sororidad, unión y metas conjuntas

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Familias monoparentales: la demanda que nunca llega

Diversidad de tipos de familias: las familias monoparentales 

Con la celebración de día de la familia, las asociaciones de familias monoparentales de toda España se reunieron para pedir al Gobierno -anterior- una ley a nivel estatal que unifique y dé respuesta para este tipo de familia, con unas necesidades concretas y con unas características que colisionan con el tipo de familia ideal:  patriarcal, biparental y heterosexual. Cuando se dice que choca con el tipo de familia ideal es por la construcción que se ha hecho del modelo de familia, a través del ideología hegemónica en donde las mujeres han tenido un papel relegado. Por eso, las familias monoparentales golpean en la esencia del patriarcado y subvierten el statu quo dominante, visibilizando las discriminaciones que existen entre mujeres y hombres.

Hoy hago una aproximación a lo que se considera familia monoparental, teniendo en cuenta algunos datos para situarlo en el caso español. Como se verá más adelante, los datos del INE revisados para este post señalan que el 83 por ciento de las familias monoparentales en España están formadas por una mujer como cabeza de familia, por lo que hay que considerar que existe una cuestión de género. Eso supone una dificultad para las mismas por la situación de discriminación existente.

Se explicará qué es la familia monoparental para entender las diferencias de unas y otras, porque se parten de realidades distintas y se exigen una serie de circunstancias concretas dependiendo para cada caso de familia monoparental. Por tanto se acercará las vías de acceso a la monoparentalidad.

Visibilizar este tipo de familia es imprescindible por dos cuestiones:

  • Para romper con los estereotipos y prejuicios acerca de la monoparentalidad. Esa  “anormalidad” en la maternidad que se daba en tiempos de la dictadura. Las madres solteras eran repudiadas y no reconocidas como familia. La sociedad estaba marcada por el imaginario autoritario y diferencial de roles entre mujeres y hombres y se fundamentaba por la ideología franquista: el nacionalcatolicismo. Ésta basada en  tres pilares: Estado, Ejército e Iglesia. La última imprescindible para establecer el control de la moral en la sociedad y condicionar el papel de las mujeres de la época.
  • Por justicia social e igualdad. El reconocimiento de la familia monoparental como un tipo de familia más, con unas características distintas a la nuclear, para que así los/as hijos/as de este tipo de familia, con las diferencias de grupos de monoparentalidad, tengan las mismas oportunidades y se dé igualdad entre los/as niños/as, teniendo en cuenta que una sola persona es la responsable principal del cuidado, con las dificultades que eso puede entrañar. Por ende, con una legislación que normalice y ajuste las necesidades de este tipo de familia al contexto actual.

Una experiencia propia para entender la monoparentalidad

Si algo ha cambiado mi vida de manera radical ha sido mi hija. Con ella me he dado cuenta de cómo el trabajo de cuidados ha sido invisibilizado y renegado a un espacio olvidado de la sociedad. Las mujeres han tenido todo el peso de esos cuidados sin tener constancia del enorme valor que han aportado y aportan a la sociedad, y ello se debe a la infravaloración que se hace de la maternidad y de todo lo que le rodea.  Ser familia de una sola progenitora me ha ayudado a ver ese mundo del cuidado,  paralelo al mundo del mercado. Y podría confirmar que existe un olvido consciente y generalizado en las políticas públicas enfocadas a las familias, y en concreto a familias diferentes a la tradicional.

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Imagen: El Dictamen, marzo 2018

El modelo familiar ha cambiado. Lleva transformándose hace años (Alberdi, 1999). Sin embargo, impera aun el ideal de familia nuclear: hombre, padre, proveedor y cabeza de familia y mujer, madre y cuidadora única de la prole. El resto de tipos de familias están excluidas en un segundo plano porque se salen de la norma, por ende, el reconocimiento social no existe y se las invisibiliza. El problema viene cuando se da un vacío político porque el Estado no contempla otros modelos y las instituciones no responden de manera adecuada a las demandas de la sociedad, lo que supone un problema para las familias. Es por eso que es imprescindible adaptarse a los tiempos de hoy ya que el modelo de familia ha quedado obsoleto, y más si se tiene en cuenta el cambio experimentado por las mujeres en la sociedad.

Reconocimiento y empoderamiento de las familias monom(p)arentales

Las mujeres que formamos una familia sola en el contexto actual es un proyecto de vida rupturista e innovador y es un reto que interponemos a los Estados del momento.  Nos enfrentamos a un mundo donde se ha abocado a las mujeres al espacio de los cuidados, lo que produce un desequilibrio de tiempos ya que hay que hacer compatibles dos espacios: el espacio privado-doméstico y el espacio público-mercantil. Algo imposible en la actualidad. La ruptura que hacemos con el orden existente vislumbra las discriminaciones que perviven entre mujeres y hombres, y se hacen más evidentes en el tipo de familia monoparental porque una sola persona, casi siempre mujer, tiene que compatibilizar los cuidados con el mercado. Lo que colisiona con el sistema político, económico y social de hoy.

Las familias monomarentales desafían al patriarcado, al capitalismo y a los estados de bienestar. Visibilizan la insostenibilidad de un modelo que deja de lado el trabajo de cuidados. Es fundamental empoderarse por la vanguardia del modelo de familia, y verlo como transformador de una sociedad en constantes cambios.

Hay que romper con los prejuicios que rodean a este tipo de familia, y vislumbrar de manera positiva a las mismas.  Como ya se ha dicho, es una apuesta para reconducir el mundo tal cual se conoce hoy y enfocarlo desde una nueva perspectiva: una más inclusiva, justa y humana. Hacerlo desde una mirada ampliada donde se considere la diversidad familiar, encauzando las políticas a estas nuevas realidades para poder alcanzar la igualdad real del conjunto de la sociedad.

Familia monoparental: consideraciones teóricas

El término monoparentalidad (Barrón, 2002) es reciente. En el español se ha importado desde el francés, aunque nace de la expresión anglosajona one-parent. La categorización serviría para poder registrar y diseñar políticas sociales enfocadas en este tipo de familias. En el siguiente cuadro se traen las distintas definiciones de la literatura y las instituciones:

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 Caminos de llegada a la monoparentalidad

La entrada a la monoparentalidad es el  acceso a la condición del tipo de familia monoparental: un/a solo/a progenitor/a más los hijos/as (ya se ha visto las distintas definiciones). Como apuntan algunas autoras (Barrón, 2002; Almeda, S y Di Nella, D, 2010)  el camino hacia la misma puede ser directa o indirecta. La primera de ellas sería la que se conoce como maternidad/paternidad en solitario, ya sea por nacimiento, adopción o acogimiento. En este caso se decide ser familia de un/a solo/a progenitor/a sin pareja. Mientras que las indirectas se encontrarían por la viudedad, la separación o el divorcio. También se considerarían familias monoparentales aquellas en las que un/a progenitor/a se encuentra en régimen de prisión o periodos largos de trabajo fuera del hogar. Es importante, como señala Barrón (2002), conocer las distintas entradas a la misma por las  diferentes condiciones económicas, sociales y legales que pueden llegar a tener los grupos de familias monoparentales. De esa manera servirá para poder enfocar las políticas de manera más eficaz (análisis de impacto en políticas públicas).

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Hay que subrayar que en España se da una ausencia casi total de políticas enfocadas a este tipo de familia. Es necesario adentrarse en las distintas legislaciones correspondientes de las Comunidades Autónomas (CCAA desde ahora), como por ejemplo Cataluña o País Vasco, para conocer cuáles son las medidas llevadas a cabo. Pero el Estado, y el Gobierno en su caso, es el garante y precursor de las mismas para igualar las desigualdades que se producen entre CCAA. Y con mayor justificación por lo que estipula la propia Constitución Española (CE, a partir de ahora) respecto a la protección de las familias y los/as niños/as:

Artículo 39

1. Los poderes públicos aseguran la protección social, económica y jurídica de la familia.

2. Los poderes públicos aseguran, asimismo, la protección integral de los hijos, iguales éstos ante la ley con independencia de su filiación, y de las madres, cualquiera que sea su estado civil. La ley posibilitará la investigación de la paternidad.

3. Los padres deben prestar asistencia de todo orden a los hijos habidos dentro o fuera del matrimonio, durante su minoría de edad y en los demás casos en que legalmente proceda.

4. Los niños gozarán de la protección prevista en los acuerdos internacionales que velan por sus derechos.

De esa manera se hace necesario realizar un análisis de la situación de las familias monoparentales, ya que estarían siendo tratadas de manera discriminatoria. Teniendo en cuenta el vacío legal existente en España, al no darse ninguna regulación, éstas familias estarían desprovistas de la protección esencial para que se desarrollen en los diferentes ámbitos de la vida de la misma forma que el resto de tipos de familia, considerando que el actual sistema se ha amparado y modulado en el modelo de familia nuclear.

Datos sobre monoparentalidad en España recogidos por el Instituto Nacional de Estadística (Año 2017)

Cuando se analizan datos estadísticos hay que tener en cuenta los sesgos androcéntricos. Es decir, la mirada viene determinada por el contexto en el que se conforman esos datos. De ahí  que para algunas cuestiones, como la que se analiza hoy, sea “ciega” porque no se ha considerado de importancia para la investigación. La monoparentalidad, al trabajar los datos con hogares y no con la unidad familiar, no visibiliza el impacto real de la misma. Es decir no se tiene en cuenta las familias monoparentales que convivan en otros hogares (ese, por ejemplo, sería mi propio caso). Por tanto solo se recogen los datos sobre familias monoparentales que forman un hogar independiente. Además, en la recogida de datos tampoco se tiene conocimiento de cuántos hijos/as hay en los hogares monoparentales.  Algo a señalar y que sería importante para la investigación. No es lo mismo ser un hogar biparental con dos hijos/as que un hogar monoparental con el mismo número de hijos/as.

Aunque en este post no se puede desarrollar la crítica a la construcción del conocimiento social, se puede advertir que existen carencias para acercarse a ciertos hechos  y cambios sociales, como la monoparentalidad en nuestro país. Por eso hay que remarcar que para completar los censos y  las estadísticas sería imprescindible “bajar a la tierra”, hacer trabajo de campo, y realizar el estudio desde la cercanía.

1. Número de hogares según tipo de hogar

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En la tabla que se presenta se pueden ver tres realidades:

a. El 22,5 por ciento de los hogares  son monoparentales en España. Si se compara con el caso de hogares biparentales con más de tres hijos/as (numerosa), y teniendo presente que en el caso de familias numerosas si existe una regulación, llama la atención que supongan para el mismo año el 7,5 por ciento. Superando 15 puntos porcentuales los hogares monoparentales. Es decir, una diferencia de 1.234,2 hogares están formados por una sola persona progenitora en comparación a las biparentales con más de tres hijos/as.

b. Se refleja en los datos que los hogares biparentales con un/a solo hijo/a es el que se elige por la mayoría. Un total del 36,2 por ciento de los hogares biparentales están formados por un/a hijo/a. Lo que puede indicar un cambio en la elección del número de hijos/as, y se podría decir que quizá vamos a una sociedad de hijos/as únicos/as.

c. Los hogares con más de tres hijos/as, es decir los considerados por la legislación como familias numerosas, es el tipo de hogar minoritario en España. Teniendo en cuenta los datos del año 2017, estas constan el 7,5 por ciento sobre el total de los tipos de hogar.

2. Hogar monoparental según el sexo de la persona progenitora

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Como ya había señalado en un principio, y así se desprenden los datos para el año 2017,  el 83 por ciento de las familias monoparentales están compuestas por una mujer como progenitora única y principal. Si se tuviera en cuenta otros datos por sexo como por ejemplo: tasas de paro, tasas de actividad, tipos de jornada, entre otros, y relativos al mercado laboral, podríamos hablar de un problema que hasta el momento no se ha resuelto. Las mujeres de este tipo de familias y sus hijos/as se encontrarían en situación de desventaja social y, por ende, con más facilidad para estar en riesgo de pobreza. Cuestión que hace preguntarse ¿por qué las instituciones aun no han legislado al respecto? Cuestión de voluntad política e interés.

3. Tasa de pobreza y exclusión social según el tipo de hogar. Índice AROPE*.

Encuesta de condiciones de vida

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Como se puede comprobar en el gráfico sobre pobreza y exclusión social(1) los tipos de hogar que están compuestos por una sola persona con niños/as y otro tipo de hogares con niños/as son las que se encuentran en unas circunstancias complicadas. El 47,9 por ciento de los hogares de una sola persona con niños/as(2) está en riesgo de pobreza y exclusión social, seguido por otro tipo de hogares con niños/as, con un 35,5 por ciento.

Teniendo en cuenta los datos del INE, los hogares monoparentales se encontrarían con una diferencia de 21,3 puntos porcentuales respecto a aquellos hogares con dos personas con niños/as; esto hace prever la existencia de una problemática sin resolver y que se hace imprescindible trasladar a la arena política.

Es evidente y de sentido común que los/as niños/as se ven afectados/as directamente por la situación de desamparo estatal que tienen ellos/as y sus progenitores/as. Algo que concierne al gobierno de turno, como una demanda de una parte de la sociedad,  ha de ser incluida en la agenda política de nuestro país y así revertir las cifras de la vergüenza y abandono a las que nos vemos sometidas las familias monom(p)arentales.


INDICADOR AROPE*

Tres situaciones (INE, 2018) se consideran para medir el riesgo de pobreza y exclusión social:

  • Personas que viven con bajos ingresos (60% de la mediana del ingreso equivalente o por unidad de consumo en el año anterior a la entrevista),
  • Personas que sufren privación material severa (4 de los 9 items definidos)
  • Personas que viven en hogares con una intensidad de empleo muy baja (por debajo del 20% del total de su potencial de trabajo en el año anterior a la entrevista).

  1. La tasa de riesgo de pobreza, como establece el INE, mide la desigualdad, no mide la pobreza absolutaCuantifica cuantas personas tienen ingresos bajos en relación al conjunto de la población.  Si se tiene en cuenta que el modelo actual está basado en las rentas que se obtienen a través del empleo es de esperar que cuanto peor situación laboral se tenga será más fácil encontrarse en dichas circunstancias.
  2. En el análisis de riesgo de pobreza y exclusión social, según el INE, se considera a los/as niños/as que dependen de los adultos todos/as los/as menores de 18 años y a las personas de 18 a 24 años económicamente “inactivas” (las comillas son mías) para las que al menos uno de sus progenitores es miembro del hogar.

BIBLIOGRAFÍA

Alberdi, I (1999): La nueva familia española. Madrid: Taurus, 1999. ISBN: 84-306-0349-2

Almeda, S y Di Nella, D (2010): Monoparentalidad, juventud y responsabilidad parental: Reflexiones e implicaciones desde una perspectiva no androcéntrica en Revista de Estudios de Juventud, ISSN-e 0211-4364, Nº. 90 (Ejemplar dedicado a: Juventud y familia desde una perspectiva comparada europea), pp. 143-160

Barrón, S (2002): Familias monoparentales: un ejercicio de clarificación conceptual y sociológica en Revista del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, Nº 40: pp. 13-30 Disponible en: http://www.empleo.gob.es/es/publica/pub_electronicas/destacadas/revista/numeros/40/trabajo40.pdf

Constitución Española (1978): Recurso online, disponible en https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-1978-31229

Instituto Nacional de Estadística (2018): Tablas datos:

 

 

Maternidad feminista: el poder de las mujeres

El poder silenciado

Llevo un tiempo reflexionando porque algunas feministas hablan de la maternidad  como si fuese el talón de Aquiles de las mujeres. Pretenden poner voz a todas, según el tipo de crianza que practican, y entienden que no existe la posibilidad en el que una mujer decida por sí misma, viéndose como una imposición del Patriarcado cualquiera de las opciones elegidas. Juegan como la ideología dominante en aras a que todo lo impregna. Y sin darse cuenta, homogeneizan el movimiento con un discurso silenciador de la(s) maternidad(es), como si fueran “madres superioras”. No ven posible que una mujer pueda empoderarse siendo madre. Caen en el paternalismo que tanto critican(mos) y además reducen la maternidad bajo un tipo de familia: la tradicional.

Hasta que no se viven las experiencias, pueden estudiarse e investigarse, pero nunca se pueden conocer de primera mano. Esa es la gran cuestión con la maternidad y el(los) feminismo(s). Y no se puede hablar desde una sola experiencia sino de todas aquellas vivencias que abarcan las mismas. Quizá, por eso, en el estudio de la maternidad siga sin existir un análisis pormenorizado, porque va más allá de la sociedad y entra en el ámbito de lo personal: cada cual su propia elección, teniendo en cuenta sus propias circunstancias y limitaciones. Pero sobre todo, porque se ve desde el reduccionismo ideológico: la crianza inexcusable.

En el caso que estoy tratando sobre la maternidad, el mensaje que manda el feminismo dominante, es la retahíla de trabajo “esclavo”limitante para las mujeres que la ejercen. Es un feminismo que sigue impregnando el discurso con un oscurantismo hacia una parte de las mujeres.  Porque se les olvida que hay mujeres que quieren ser madres, más allá de lo que ofrece en la actualidad el ámbito mercantil. Y la clave está que ese feminismo hace crítica de esas maternidades libres, sin poner en valor la maternidad y todo el trabajo que conlleva la misma.

Con la entrada del nuevo siglo, las diferencias que persisten entre mujeres y hombres respecto a los cuidados, vislumbran que éstas siguen haciéndose cargo del mayor tiempo de trabajo que implican los mismos, lo que produce su cuestionamiento, y se ve como un impedimento para las mujeres en el desarrollo de otras facetas, principalmente en el mundo del mercado. Y señalan que es una alienación de las mismas al Patriarcado, al sistema que las(nos) oprime. Por eso hay que huir de ella o buscar el compromiso del hombre en los cuidados. Quizá sólo así, creen(mos) que cambiará la situación actual.

Infravaloración del mundo femenino: el trabajo de cuidados

La falta de valorización que se ha hecho de la maternidad es una de las cuestiones que me planteo desde que fui madre. Y más si se tiene en cuenta que existe dentro del movimiento feminista una corriente que aboga por marcar las diferencias biológicas de hombres y mujeres, donde lo femenino sea revalorizado; el acercamiento a la naturaleza a través de ella, donde la maternidad es el eje de la metamorfosis. Como dice Patricia Merino (2018) “las mujeres solo vamos a ser reconocidas como iguales cuando la maternidad sea reconocida como una aportación imprescindible, fundacional y extremadamente valiosa para la sociedad”. Sin embargo, es un discurso que no ha calado, ya que lo que pretende el eje dominante, dentro del movimiento, es igualarnos a los hombres en el ámbito público, donde la existencia del ámbito que necesita cuidados, para que sobrevivamos y tengamos bienestar,  sea cubierto a través del Estado,– en el mejor de los casos- sino a través de empresas dedicadas a ello.

Tal cual se ha diseñado este mundo, solo se tiene en consideración aquellas actividades que aportan “riqueza” y “valor” al sistema. Esto es, las que se catalogan como masculinas,  abandonado las restantes y dejándolas en el olvido. Por tanto, es una necesidad salir fuera para tener “autonomía” económica. No obstante, en el contexto actual de precariedad laboral, las mujeres nos llevamos la peor parte, y las madres tenemos que hacer malabares para poder compaginar ambos ámbitos, lo que nos produce un problema a largo plazo. No sólo laboral, y por tanto económico,  sino también de salud. El estrés y la ansiedad merma nuestras vidas, lo que hace que no podamos ejercer nuestras maternidades en libertad.

En la actualidad jugamos con las reglas del juego marcadas, y eso la corriente dominante no lo ha puesto en cuestión. Se duda que los hombres no se hayan incorporado a ese mundo de los cuidados, pero no se discute que ese mundo tenga un espacio en el mundo actual. Es decir, poner el cuidado en el centro de las políticas, para que el mundo del mercado se adapte a este y no al revés. Es así que se hace necesario transformar el espacio, dándoles cabida; hay que tener presente que estos, en una extensión generalista, están en todas partes, no sólo en el espacio privado-doméstico. Las personas necesitamos ser cuidadas en todos los ámbitos de la vida.

Mundo Ideal: el Estado de cuidados

Existe un mundo ideal y utópico: el Estado de cuidados. En ese Estado se ha decido priorizar por las personas y consideran que cuanto más y mejor cuidadas estén, el Estado ostentará más riqueza.  El Parlamento del Estado en su Constitución los ha blindado como derechos inalienables; ellos consideran que son fundamentales para el desarrollo de la sociedad. Por eso, en ese Estado, se fomentan políticas públicas transversales para que se dé armonía entre la vida y el trabajo. En ese mundo se paga a todas las personas cuidadoras que trabajan dentro de la esfera privada-doméstica. En ese mundo todas las personas conocen de primera mano qué es cuidar, ya que se enseña en las escuelas, en las empresas, en cada uno de los lugares donde se desarrollan cada una de las personas de ese Estado. No existe distinción por sexos, todos y todas cuidan. Es más, existe un día en la semana que se conmemora el Día del Cuidado, y se da las gracias por facilitar la vida a los demás.

Esa utopía que estoy contando no podría darse en el contexto actual, porque no habría ningún Estado que pudiera soportar tal situación. Vivimos en una sociedad en el que se ha priorizado el mundo del capital frente a la sociedad; un mundo bipolar, enfrentado y dividido. Pensemos que habría que remunerar a cada una de las personas que ejercen el cuidado. Estoy hablando, por ejemplo, de pagar a personas que en la esfera mercantil tienen a su cargo personal, gestionando y planificando el día a día de su plantilla. Esas personas en el mercado cotizan y tienen cierta “seguridad”. También esas personas cuando acaban su jornada laboral, y hasta el día siguiente, no comienzan otra. Eso es lo que hacen las personas que se dedican al cuidado, por asemejarlo al mundo del mercado, aunque con mayor carga personal y temporal: se reduce la vida de una a la de otra persona. Es por eso, que parece curioso que dicho trabajo no se haya puesto en valor y se considere como un trabajo menor, como si fuese sencillo y sin ninguna responsabilidad.

La maternidad poderosa

La maternidad da muchas herramientas que se pueden trasladar al mundo del mercado, al funcionamiento diario de las empresas; dando igual al sector al que una persona se dedique. Es interesante que si un hombre es padre eso le añade valor, muestra su responsabilidad para con los demás, y se ve como un punto fuerte. Para una mujer es todo lo contrario, es una lápida para su carrera profesional. La concepción de la maternidad en la mujer está subestimada, en ella se encuentra su propia naturaleza; la identidad que se nos ha adjudicado. Pero es por esa misma adjudicación, las mujeres podemos ejercer nuestro empoderamiento. A través de la maternidad en mi propia experiencia ha sucedido. Gracias a ella me he transformado y he empezado a replantearme todo lo aprehendido; haciéndome preguntas a mí misma del mundo actual. Un mundo injusto en todas sus vertientes.

Las estructuras que se han creado para supeditarnos siguen presentes. Por eso a través de las maternidades podemos deconstruir ese mundo desde varios focos:

  • Educando en el feminismo
  • Revalorizando el papel de las mujeres en TODOS los ámbitos
  • Construyendo puentes entre ambos mundos, el masculino y el femenino

No quiero renegar del poder que tengo como madre. Porque esa es la clave para transformar la sociedad. Si considero que esa maternidad,  y todo el proceso radical que conlleva la misma para mi vida, es impuesta y no valoro mi trabajo, estoy cayendo en el discurso que hace el Patriarcado para desvalorizarme como mujer, no solo como madre. Sé que todas las mujeres no serán madres, pero a todas nos identifican como mujeres. Y aquellas  que cuestionan nuestras maternidades están alimentando el discurso del Patriarcado.

Los cambios sociales se producen cuando existe conciencia colectiva, y siempre que el contexto facilite esa emergencia.  Si las mujeres vemos el poder inmenso que tenemos en nuestras manos podremos hacer el camino para revertir la situación. En mi caso educo a mi hija en el feminismo, aun con mis limitaciones, deconstruyéndome cada día de todo lo que aprendí. Porque también tengo actitudes machistas, pero sé que porto un arma poderosa: mi propio ejemplo.  

Porque para erradicar un problema se tiene que ir a la raíz del mismo. 

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Bibliografía:

Merino, P (2018): Maternidad y políticas: confusiones, falsedades y mandatos, disponible en http://www.pikaramagazine.com/author/patricia-merino/

La mujer en el mercado de trabajo: prejuicios y devaluación

Discriminaciones “invisibles”: la maternidad como barrera

En Economía se utiliza el concepto de devaluación cuando algo pierde el valor que tiene. En el caso que quiero traer hoy aquí, es la devaluación que sufrimos las mujeres en las distintas esferas,  centrando el análisis en el espacio económico cuando somos madres.  Hoy indagaré en las diferentes teorías que explican las discriminaciones que se producen en el mercado de trabajo. Acercaré mi experiencia concreta, a raíz de mis dos últimas entrevistas de trabajo, postulando a nuevos empleos. Siempre escribo desde mi experiencia de vida, por ello no quiero extrapolarlo a otras situaciones que parten desde otro punto de visión.

Las diferencias en Economía: una cuestión de género

Discriminación por razón de sexo:  a dos personas que tienen la misma cualificación se las trata de manera distinta por razón de su sexo.

Tres factores que pueden desencadenar las diferencias que se dan en el mercado de trabajo entre mujeres y hombres (Citado en Ribas Bonet de Reskin y Padavic, 1994):

  1. La asignación de tareas basada en el sexo de los trabajadores (división sexual del trabajo)
  2. El mayor valor otorgado al trabajo realizado por los hombres en relación al que realizan las mujeres (devaluación de la mujer y de su trabajo que desencadena un diferencial de salarios)
  3. la construcción del género en el trabajo por parte de empresarios y trabajadores.

Las teorías económicas (Lago Peñas, 1995) que analizan los distintos factores de discriminación existentes en el mercado de trabajo parten desde el lado de la oferta y el lado de la demanda.

Oferta

Teoría del capital humano:

Dicha teoría explica las diferencias que se dan en el mercado entre mujeres y hombres son producto de la cualificación y la educación formal. Es decir, según la misma, mujeres y hombres se rigen por términos de eficiencia. Mientras que los hombres invierten más tiempo en formación para luego emplearse en el mercado; las mujeres, por el contrario, dedican menos tiempo, ya que en el futuro pasan a realizar el trabajo de cuidados, dejando de lado o en un segundo plano el trabajo remunerado y, por ende, para ellas la formación pierde importancia. A éstas se las considera “sustitutas imperfectas” en el mercado, y se justifica por la falta de compromiso, ambición o menor productividad respecto a los hombres.

Demanda

Acercan la discriminación en el mercado laboral y en los aspectos de la estructura que perpetúan la desigualdad. Son varias:

  • “Gusto” por la discriminación: es un perjuicio personal por no asociarse a un grupo en particular. Algo así como sentir que se ocupa un lugar que no le corresponde a una persona.
  • Discriminación estadística: se trata a las personas de manera diferente en función de unas creencias o prejuicios. En este caso los estereotipos de género juegan un papel importante y primordial, sesgando la información (imperfecta) en función de las ideas preconcebidas de las “diferencias” entre mujeres y hombres.
  • Modelo “monopolístico”: pacto entre caballeros. Los hombres cierran la entrada a ciertos puestos a las mujeres.
  • Modelo overcrowding: se da por la diferencia salarial, ya que la demanda del sector femenino es menor que la oferta disponible. La movilidad laboral entre sector femenino y masculino no existe, ya sea por la discriminación o los muros del propio mercado, y lo que produce es una concentración de las mujeres en el sector femenino.
  • Modelos institucionales:  las diferencias existen por las rigideces del mercado de trabajo. De esta teoría surge la teoría del mercado laboral segmentado. Esta divide los trabajos en primarios y secundarios. Mientras que los primeros son de alta cualificación y especialización, los segundos tienen un reducido nivel de especialización y son de baja cualificación. Esta teoría explica las diferencias salariales que se producen a raíz de la concentración de los hombres en el primero y las mujeres en el segundo. Sin embargo, no encuentra el porqué de todo ese proceso diferencial y de retroalimentación.

Una experiencia propia para explicar la discriminación 

En el último año he ido investigando cómo puede afectar el perfil personal-profesional a la búsqueda de empleo en un portal de internet. Comencé con la búsqueda en septiembre de 2017. En el transcurso de ese tiempo he hecho dos entrevistas presenciales. El resto de las candidaturas soy eliminada o estoy en proceso, pero sin recibir respuesta para la entrevista personal. El perfil que utilizo es el mío, real. La situación de la que parto es como trabajadora activa en el sector del comercio. Mi experiencia data de 2005 hasta la actualidad. Sin embargo, tiene un inconveniente: estuve casi 4 años en desempleo. El cual no puede entenderse en el contexto actual donde se invisibiliza la maternidad y el trabajo que conlleva la misma.

Me he “enfrentado” a las dos entrevistas con sinceridad y convicción; he aceptado mi maternidad. Hacerlo así sólo me ha servido para devaluarme como trabajadora. El ser mujer es un problema en el mercado de trabajo, el ser madre es algo “atípico” o “anormal”. Las mujeres tenemos que demostrar que valemos para el puesto; nos tenemos que ganar la confianza de la persona que nos entrevista y tenemos que dejar claro que daremos más que nuestros homólogos hombres para el mismo.

Mi currículum, como he señalado, incluye una brecha de desemplo de casi 4 años.  Quiere decir que mi “cualificación” disminuyó por momentos, según el paso de cada año. Eso es un handicap según mis entrevistadoras. No obstante, yo “vendo” esos 4 años como muy productivos, porque así creo que lo fueron: acabé una carrera, un máster, y a la vez crié a mi hija. Un bebé recién nacido necesita muchos cuidados, para quien haya sido padre (corresponsable) y madre lo sabe. Los primeros años de vida son “mortales”, 24 horas del día en “pie de guerra”. Aunque, ya se sabe, el valor de la esfera doméstico-privada es nula. El trabajo de cuidados es invisibilizado por la economía y está infravalorado por la sociedad.

Ese “paro”, además, lo “decidí” por cuestiones económicas: el coste de oportunidad de volver a la esfera pública-mercantil era muy alto. Los empleos que encontraba no merecían la pena porque el coste de dejar a mi hija en una guardería era mayor. Éstas tienen unos precios inasequibles para la mayoría de la población. Y en el comercio, sector al que me dedico desde que empecé mi vida laboral, el salario es muy bajo.  Somos “las precarias”, y cualquier “lujo” extra es mejor ni planteárselo. De ahí viene mi desempleo de larga duración.

En las dos últimas entrevistas quise ser fiel a mi condición de madre, porque aunque quiero crecer profesionalmente, ahora tengo cierta “seguridad” y puedo permitirme  buscar empleo con total transparencia. Hablar de mi recorrido personal y profesional a lo largo de estos años me hace acercarme a mis metas, y me empodera. Todo lo que he conseguido hasta la actualidad, compaginando dos esferas irreconciliables y seguir formándome es un reto personal. Sobre todo,  me ayuda a saber lo que quiero para mi futuro y el futuro de mi hija. Ella es fundamental en todo el recorrido, porque gracias a ella me he transformado como profesional y como persona.

LA ENTREVISTA DE TRABAJO CON LA MATERNIDAD BAJO EL BRAZO

La primera de las entrevistas que hice fue para una compañía de RRHH. Al puesto que postulaba era para consultora-comercial. En ella se exigía una experiencia de un año en comercio, clara orientación al cliente, titulación universitaria y disponibilidad de lunes a viernes, hasta las 19 horas. Dicha empresa se etiqueta como precursora de la igualdad de oportunidades. En la entrevista no se me preguntó en ningún momento sobre mi vida personal, pero el lenguaje no verbal, y el discurso en torno a mi experiencia se entornó incómodo cuando hablé de las prácticas universitarias en temas de género. Pude ver cómo se me etiquetaba después de explicar mis anhelos y cómo me gustaría verme en un futuro.

Una vez que empecé a realizar el máster en igualdad, he dicho en casi todas mis entrevistas que quiero desarrollarme en el área de RRHH. Me gustaría verme como formadora de las personas que son seleccionadoras, porque éstas son fundamentales, ya que eligen el “alma” de las empresas. Para marcar la diferencia en las compañías somos primordiales las personas y el capital humano es la esencia de las mismas.

La segunda de las entrevistas, y última hasta hoy, fue para una compañía retail. Postulaba para directora de tienda. En ella se exigía experiencia gestionando personas, titulación de bachiller y disponibilidad total. Cuando empecé a hablar de mi recorrido, la entrevistadora, como la mayoría de las que me han entrevistado en los últimos años, me preguntó cómo había estado tanto tiempo en desempleo. Alegué que había querido dedicar unos años a la formación, y así acabar los estudios superiores que había comenzado. Ahí no dije que era madre. Fue cuando me preguntó porqué me había ido de la empresa anterior a la que me precede en la actualidad. Le expliqué uno de los motivos principales: la mala planificación y la falta de conciliación. No porque no me facilitaran conciliar, sino por la falta de previsión, y darme a entener que la empresa no se tenía que hacer responsable de las medidas de flexibilidad y de conciliación para facilitar a sus trabajadores/as compaginar vida profesional y familiar. Fue en ese momento cuando la entrevista para directora de tienda se centro en mi maternidad, cómo podría tener “disponibilidad total” para el puesto y si sería capaz de hacerle frente. Perdió todo valor mi experiencia, mi formación y la carrera que quería desarrollar dentro de la empresa.

Las personas seleccionadoras no tienen perspectiva de género, aunque éstas sean en su mayoría mujeres. No las culpo. El sesgo androcéntrico que tiene el mercado y la ideología hegemónica que envuelve el mundo, también rodea a las mujeres. Es muy difícil salirse de ese modelo y construir un paradigma distinto, donde los trabajos que se han considerado femeninos sean valorados y tenidos en cuenta. Pero es que hay que desaprender todo, empezando por una misma.

Se cree que mujeres y hombres tienen papeles distintos en la vida.  Es más, las cualidades y capacidades de mujeres y hombres no son bien vistas si no se relacionan con el sexo-género en cuestión. A una mujer se la valora negativamente por tener ambición, ser de carácter fuerte y querer desarrollarse profesionalmente. A un hombre eso nunca se le pondría en cuestión, ni se le recriminaría, y ni sería peor valorado por ello. Ya se sabe que  las mujeres “con carácter” son mandonas, los hombres son líderes.

¿QUÉ HACER PARA APREHENDER EL MUNDO?

Acercarse al feminismo. Si no se quiere realizar tal esfuerzo porque derrumba todo el castillo, simplemente aplique la legislación existente, tanto a nivel europeo como nacional. Lea los estudios de organismos económicos nacionales e internacionales, como por ejemplo del Consejo Económico y Social, para ver qué beneficios (económicos, sociales y culturales) aportaría a las empresas la igualdad. Porque aunque se vea como un desorden del mundo el que las mujeres nos hayamos incorporado al “mundo de los hombres”, aportamos otra visión, otra manera de entender ese mundo. Esto puede ser una contradicción, pero al ser educadas de manera distinta, las mujeres tenemos otra forma de asumir la realidad que nos rodea.

Y para realizar esa metamorfósis, ¿qué hacer? No tenemos que adecuarnos al estado actual, el statu quo hay que “erradicarlo”, tenemos que trasformarlo. Para ello se necesita:

INCLINAR LA BALANZA Y AJUSTARLA

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  1. COMPROMISO ESTATAL: PACTO DE ESTADO POR LA CONCILIACIÓN Y LA CORRESPONSABILIDAD. Visibilizar la Economía del cuidado a través de las cuentas satélite. Es necesario que el Estado tenga como pilar el bienestar social, con inversión pública en redes de cuidado.

    • Transversalizar las políticas y hacerlo desde la perspectiva de género. El impacto de las políticas públicas afectan de manera distinta a hombres y mujeres.
  2. COMPROMISO DE LAS EMPRESAS: UNA NUEVA DINÁMICA EMPRESARIAL
  • Cambiar los horarios y las costumbres laborales: el presentismo laboral es un problema.
    • Medir la productividad en función de los resultados conseguidos y no por las horas que se está en el puesto de trabajo.
    • Flexibilidad de entradas y salidas acordes a la realidad de las personas, adecuando el ritmo laboral al ritmo de la vida.
    • Jornadas continuas, sin pausas excesivas para la comida.
  • Corresponsabilizar a todas las personas para ser todas cuidadoras: Todas necesitamos los cuidados para vivir. ¿Cómo hacerlo? Incentivos, ascensos, mejoras horarias, vacaciones, etc. Visibilizando así la esfera que cuida a los seres humanos.
  • Formación obligatoria en perspectiva de género en todas la áreas: La diversidad es enriquecedora dentro de las empresas. Si se deja fuera al 50 por ciento de la población se tendrá una visión sesgada de la realidad. El mundo tiene que construirse desde múltiples ópticas.

Resultado: Una persona que pueda compatibilizar la vida con el empleo será más productiva, se sentirá más identificada con los valores de la empresa, y por ende, mejorará su actividad dentro de la misma.

Gana la empresa y gana el/la trabajad@r.

Bibliografía:

Lago Peñas, I. (2002): La discriminación salarial por razones de género: Un análisis empírico del sector privado en España. Reis: Revista española de investigaciones sociológicas, ISSN 0210-5233, Nº 98, 2002, pp. 171-196. Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=280860

Ribas Bonet, Mª A. (2004): Desigualdades de género en el mercado laboral: Un problema actual. Departamento de Economía Aplicada, Universidad de Las Islas Baleares. Disponible en: http://dea.uib.cat/digitalAssets/128/128260_4.pdf

 

 

 

 

 

Meritocracia para pobres: el negocio de la educación

Educación y clientelismo

El escándalo del Caso Cifuentes ha vislumbrado una práctica, al parecer bastante común, de las “democracias avanzadas”, o por lo menos de la España “democrática”. El clasismo está instaurado en nuestro ADN: a las personas se les mide en función de la clase social a la que pertenecen.  Venimos marcados por una serie de intersecciones, como el género o la clase social. Y en este caso las personas que están en la parte inferior de la pirámide, las clases bajas, son las más perjudicadas. Véase quiénes estamos sufriendo la interminable decadencia económica.

Las personas que gobiernan y que han gobernado, dando igual el color político, han defendido la idea de la meritocracia. Y por lo que se ve no la practican demasiado. La meritocracia es un invento de siglos pasados, para justificar el poder de las élites sobre las clases populares.  El ideal que propugna es que sólo las personas mejor preparadas van a poder llegar a puestos de responsabilidad. La RAE la define como:

1. Sistema de gobierno en que los puestos de responsabilidad se adjudican en función de los méritos personales.

Llegar a la universidad ha sido un logro para muchas de las personas de nuestra época,  descendientes de familias campesinas de la España franquista. Nuestr@s progenitor@s sólo pudieron alcanzar los estudios primarios, algun@s ni eso, porque no les dieron la oportunidad; no tenían dinero para poder sufragar los gastos que supone estudiar durante tantos años. La universalización de la educación es un logro de las clases bajas y para las clases bajas. Eso posibilita, o por lo menos lo parecía, que las clases menos pudientes alcanzáramos los puestos de responsabilidad y de poder, aquellos que se miden según los méritos. La democracia podría llamarse como tal. Sin embargo, la democracia es una carta que tiene doble cara.

Los partidos conservadores defienden la meritocracia. Enarbolan el discurso del esfuerzo y la constancia, y su lema es el “que quiere puede”. Como se ha comprobado con el caso del No Máster de Cifuentes, y que ha levantado una polvareda de “titulitis conservadora”, las clases dominantes actúan de manera clientelar. Utilizan medios popularmente conocidos como los “enchufes” y así es como se van sucediendo en los puestos de poder. En la izquierda, para que ninguna persona me corrija, también pasa. Ya hemos visto cómo se adjudican puestos entre pares, hombres, en el partido Podemos: la hermandad de los hombres. Y detrás, ahí estamos nosotras, siguiéndoles la corriente. Todas éstas prácticas  se pueden ligar a dinámicas de reparto del poder entre los mismos. Prácticas basadas en la reproducción del linaje. En este caso en la reproducción del poder masculino frente a los otros, unido por el poder que detentan las élites frente al pueblo. Según este sistema, nada objetivo, se ha ido construyendo el Estado. Es algo difícil de explicar pero siendo simplista se podría decir que es el pacto de los grandes jefes de “parientes lejanos”.

En esa linea de pensamiento se encuentra el esquema de Bobbio (1985). Según este autor “El Estado, […] está caracterizado por relaciones de subordinación entre gobernantes y gobernados, esto es, entre detentadores del poder de mandar y destinatarios del deber de obedecer, que son relaciones entre desiguales (Bobbio, p. 15). Esa desigualdad entre los mismos ha sido el eje central de la formación del Estado moderno. Dice así ” El Estado constitucional se asemeja a una familia en grande o atribuye al soberano los mismos poderes del patriarca, el padre o el amo; señores con diversos títulos o con diferente dominio en la sociedad familiar.” (Bobbio, p. 16).

Una de las luchas fundamentales ha sido, y continúa siendo, la primacía de lo público frente a lo privado. Tal como explica el autor, antes referido, lo público pone en la base el interés colectivo frente al interés individual. Esa prioridad de lo público entiende que lo colectivo, el pueblo o la nación, son antes que el individuo. Esa idea precedida por el ideal aristotélico señala que: el bien común es el producto de la contribución que cada una de las personas realizan con todas las demás de manera solidaria, y de conformidad a las reglas de la comunidad. (Bobbio, 1989)

La democracia española busca el interés general aunque si se tiene en cuenta que modelo económico sostenemos confronta con el ideal de solidaridad y bien común. Nuestra Constitución tiene como principios conformadores: la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de cuantos la integran. Y proclama:

Garantizar la convivencia democrática dentro de la Constitución y de las leyes conforme a un orden económico y social justo.

Consolidar un Estado de Derecho que asegure el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular.

Proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones.

Promover el progreso de la cultura y de la economía para asegurar a todos una digna calidad de vida.

Establecer una sociedad democrática avanzada 

 

La Constitución, para las personas de nuestras generaciones que hemos nacido en democracia, ha quedado en papel mojado. Es cierto que no puedo comparar la vida de mi madre con la mía, porque gracias a su esfuerzo hoy tengo más formación académica que la que pudo tener ella. Pero, como sucedió en su momento con las generaciones que vinieron del campo, las personas que descendemos de familias pobres, aunque tengamos titulación y nos hayamos esforzado por conseguirla, seguimos sirviendo a los mismos a los que lo hicieron nuestras familias. La estructura social se mantiene y las instituciones no han hecho nada, evidentemente, para que eso cambie (ver mi blog respecto a Intersecciones clase y género. Disponible en: http://malamadrefeminista.bloges.org/1514663112/feminismos-encontrados-dialogos-dominantes/)

Con el Caso Cifuentes la tela de araña está atrapando a más personas. Y qué quiere que les diga, pero ese me duele. Me duele el desprestigio de la “democracia”, pero sobre todo de la educación. Y me duele que el esfuerzo de todas las familias humildes sirva para que se llenen los bolsillos las “representantes” de nuestro Estado. No olviden que mantenemos el Estado y la educación pública es un bien común de todas las personas. Ensuciarla es ensuciar uno de los pilares fundamentales del mismo. Sin educación pública no hay igualdad.

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El Estado bajo el manto del patriarcado

Las mujeres somos culpables de las violencias que sufrimos según la ideología dominante

Después de la sentencia del caso de los Sanfermines, la justicia del Estado español nos ha dejado a las mujeres un claro mensaje: somos culpables de las violencias que sufrimos. Si no nos mantenemos en nuestro papel de “puras” y “vírgenes” se nos cuestiona, y se pone en duda la veracidad de nuestras palabras. Sin embargo, a los hombres se les ha mandado un mensaje muy distinto: podéis saciar vuestros deseos. Nosotros, “Estado de Derecho”, os seguiremos dando la razón. La razón que las mujeres no tienen por estar desviadas de la norma, por hacer y deshacer en la noche, solas; por ir con desconocidos; por hacer lo que quieran y cuando quieran. Como dirían en mi pueblo.- a las mujeres hay que meterlas en vereda. Y eso, con dicha sentencia, es lo que han hecho.

Leyendo el Código Penal, el capítulo que se corresponde a la Libertad Sexual, quise ponerme “en la piel” de los juristas. Evidentemente, tuve que hacer un ejercicio de ser “hombre” y abandonar lo que me habían enseñado por ser “mujer”. No soy especialista en leyes, pero sí los soy en el análisis de las relaciones de poder. Así, hice una lectura de algunas partes de la sentencia. No todas, no pude. No lo hice porque al final me puse en el papel de víctima y me daban ganas de echarme a llorar.  Todas, de una u otra forma hemos sufrido algún tipo de abuso y/o agresión sexual, tal como lo estipula el Código Penal. Todas, unas de más gravedad, otras menos. Pero todas tenemos una experiencia de violencia en nuestras vidas, en nuestra piel;  se ha podido comprobar con el hashtag #cuéntalo.  Decir al respecto que también tengo una historia que contar. Por vergüenza, culpa y miedo nunca lo he hecho.  He decidido seguir mi vida no haciéndolo.  Así se naturaliza desde la niñez como algo que nos tiene que pasar. Nuestra personalidad se construye en relación con eso, dejándolo de lado, intentando “pasar página” y ocultarlo para siempre.

Con la sentencia hemos comprobado que la perspectiva de género está ausente.  La posición desde la que parten los juristas tiene prejuicios, muchos. Y está sesgada por la construcción del ideario sexual de mujeres y hombres. Es interesante cómo se defiende el Estado de Derecho como si fuera un ente vacío de personas, cómo si se tratara de algo superior a la sociedad. Cuando en realidad los jueces no viven en mundos paralelos al nuestro, se nutren de la cultura que les rodea. Y en este caso nos rodea la cultura de la violación y la misoginia. Hace tiempo escribí al respecto sobre eso: El Estado como productor y reproductor de la cultura de la violación. Hoy me ratifico en lo escrito. Ese extracto está disponible en http://malamadrefeminista.bloges.org/1495449690/violencia-sexual/. Se correspondía con un trabajo que presenté y hoy quiero compartirlo. Aquella persona que quiera puede realizar una lectura del mismo en:  VIOLENCIA SEXUAL

En ese estudio quise hacer un acercamiento a la violencia sexual en el Estado español. A través de una pequeña revisión de la literatura y de los datos cuantitativos recogidos en el Ministerio del Interior y el INE, pude ver varios problemas:

  • La construcción que se hace de la sexualidad, diferenciada para mujeres y hombres.
  • La falta de estadísticas que clarifiquen los delitos de violencia sexual.

Además, existe una práctica común al respecto y es la invisibilización que se hace de toda la violencia que se efectúa hacia las mujeres. Tres frentes parecían cómplices de esa neblina y desautorización de las violencias:

  • Entorno social (silencio)
  • Sociedad (culpabilización de la víctima)
  • Estado (falta de formación con perspectiva de género, visión androcéntrica)

El rigor del mismo no es tal como para evidenciar nada, pero sí para introducir el tema a debate. Un tema que debería haber estado en la arena política hace años. Un acto que sale gratis para los que lo cometen y sin embargo, para las que lo sufren es un calvario. No sólo por todo el proceso de revictimización, sino porque conlleva secuelas de por vida; es un problema para la salud de las mujeres. Con la sentencia de los Sanfermines se ha podido comprobar que estamos a años luz de alcanzar la igualdad. Lo positivo de todo es que ya no se nos puede tachar a las mujeres de locas o histéricas, o de sufrir alucinaciones. Se ha vislumbrado un tema tabú, que lleva años en el oscurantismo. Esperemos que sea un punto de inflexión para la sociedad, en este caso la española.

 

Conciliar lo irreconciliable

ESFERA MERCANTIL VS ESFERA DOMÉSTICA

Existen días para todo, y hoy, 23 de marzo, es el “Día de la Conciliación de la vida familiar y laboral”. En la mañana de hoy leía una reflexión en el Club de Malasmadres. Laura Baena, impulsora de la lucha, escribía un texto muy acertado. Parece que la conciliación se ha puesto de moda, y para ganar votos, ya que dentro de poco asoman elecciones, de repente en la agenda política aparece la palabra conciliación como arte de magia. Sin embargo, la conciliación es una utopía. Y, ¿por qué digo que es pura utopía? La esfera mercantil nunca se va a poder conciliar con la esfera doméstica si partimos desde nuestras concepciones actuales. Según la RAE conciliar es “hacer compatible dos o más cosas. Conciliar la vida familiar y laboral”.

Los padres fundadores desde su visión de la Economía abandonan una parte del análisis y se centran en aquella que ellos creen que da “riqueza”. Como Adam Smith llamará “La riqueza de las naciones”. En esa riqueza no entran los cuidados, y por ende, el cuidado de l@s hij@s y las personas dependientes se invisibiliza. El capitalismo, como acertadamente reflejará la teoría marxista, necesita trabajadores disponibles 24 horas al día, los 365 días al año. Lo que se llama en la misma como el homo economicus. Este ser es como una seta, como si creciera sin necesidades de ningún tipo. Sin embargo, la realidad es muy distinta.  Para ello, el modelo tiene que especializar a cada persona, y se hace en función del sexo-género: los hombres se especializan en el trabajo dentro de la esfera mercantil y las mujeres lo hacen dentro de la esfera doméstica. La biología marcará el camino, y la cultura patriarcal lo reforzará. El hombre produce y la mujer reproduce el sistema capitalista.

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Si se trata la conciliación como un problema, que lo es, hay que remarcar que este  ha venido de la mano cuando las mujeres hemos entrado en la esfera mercantil, y no antes. Por tanto,  si no analizamos el problema desde la raíz nunca vamos a poder conciliar, porque la conciliación en nuestro contexto actual es imposible. Imposible porque el Estado se ha construido en base a esa división sexual del trabajo, y por tanto, la esfera mercantil se sostiene porque existe una esfera doméstica donde se proveen los cuidados. Si esa base de cuidados se derrumba la esfera mercantil se cae con ella. Por ende, hay que empezar por ver ¿cómo conciliar lo irreconciliable?

Los bebés necesitan 24 horas de cuidados. Según el bebé se convierte en infante los cuidados van desapareciendo paulatinamente. Pero siempre, y hasta cierta edad, ese infante necesita una persona adulta que le acompañe en sus tareas diarias. En el caso de tratarse de personas dependientes, y en función del grado de dependencia, también necesitan que alguien esté con ellos 24 horas al día, los 365 días al año. Tampoco hay que olvidar, que una persona que se emplea en la esfera mercantil necesita cuidados: tener la comida hecha, la casa limpia, la colada realizada, etc. Los hombres han podido emplearse fuera del ámbito doméstico porque las mujeres les han sustituido en el hogar, sino ellos tampoco podrían haber salido fuera. Entonces, ¿cómo hacemos para que una persona que es cuidadora también pueda emplearse si contamos con unos horarios laborales que son irreconciliables con los cuidados?

Esta mañana al leer el texto, que al principio del post he nombrado, me hizo plantearme  la conciliación de manera distinta:  no como un derecho de las personas trabajadoras sino como un derecho de la infancia y de las personas dependientes. Las personas tenemos derecho y deber a ser cuidadas a lo largo de nuestra vida. Todas las personas somos interdependientes, nos necesitamos las unas a las otras para poder desarrollarnos. Es por eso, que todas las personas vamos a necesitar que nos cuiden. Unas veces dependeremos de más cuidados que otras, pero siempre el cuidado es y será parte de nuestras vidas. Si la esfera mercantil no se adapta a la esfera doméstica, y no al revés, a medio-largo plazo tendremos un serio problema. Las mujeres no estamos dispuestas a seguir cuidando solas. Por eso, o nos planteamos un cambio de rumbo y damos la importancia que se merecen a los cuidados o seguiremos dándonos golpes contra un muro. La esfera mercantil es un complemento de la esfera doméstica. Por eso hay que flexibilizar los tiempos en función de esos cuidados. Si no lo hacemos condenaremos no sólo a las mujeres, que somos las que sufrimos esos vaivenes de la conciliación, sino también al futuro, a la infancia. No podemos crear centros de cuidados 24 horas, externos a la familia, donde dejar a nuestros infantes y familiares dependientes para que nos empleemos en esa esfera que se considera paralela al cuidado. 

Creo fundamental los tres pilares: Estado, empresas y sociedad. Llamada la triada de responsabilidades e imprescindible como motor del cambio:

  1. El Estado como precursor de políticas reales de conciliación. Y no parches. Como diría Pérez del Río, las políticas de conciliación aprobadas son un boomerang que agravan la situación de las mujeres en el mercado laboral . Que se tomen en serio las Instituciones el problema y que se introduzca en la arena política, haciéndose un Pacto de Estado para la Conciliación. Se necesitan medidas de flexibilidad enfocadas en las personas y no en el mercado.
  2. Las empresas como agentes que introduzcan en sus estructuras medidas de flexibilidad horaria para mejorar la conciliación. Pasar 8 ó 12 horas diarias en una empresa no es sinónimo de productividad. Estamos en la era de los servicios y hay que adaptarse a los nuevos tiempos. No premiar el presentismo laboral sino el buen trabajo, los resultados del mismo.
  3. La sociedad es fundamental, porque el Estado y las empresas no son entes sin personas. Que el 50 por ciento de la población, es decir, los hombres como agentes de poder en las anteriores estructuras promuevan y se impliquen en el cambio. Ellos tienen que dar el paso. Nosotras podemos exigir pero son ellos los que tienen que impulsarlos.

Entonces estamos hablando de corresponsabilidad. La RAE la define como “responsabilidad compartida”. Porque los cuidados son una responsabilidad de todas las personas y es de la sociedad en su conjunto la que tiene que hacerles frente.

 

 

 

* Carrasco, C. (2014): La economía feminista: ruptura teórica y propuesta política.  Ed. La Oveja Roja