Democratizar los cuidados

¿Espacio exclusivo (excluyente) de las mujeres?

Desde que se introdujera en el debate los permisos intransferibles, algunas mujeres han hecho eco del espacio del cuidado como algo atribuido como propio y germen de su identidad. Y han querido que se incorpore en la arena política para transformar el discurso, llamándolo “maternidades feministas”. Parten de una premisa esencialista, en la cual, parece ser solo exclusivo de nosotras y donde los hombres no pueden adentrarse porque nosotras mismas no queremos; defendiendo el “territorio” como inherente. Muestran, una vez más, que “nos gusta mantener nuestra propia condena”: trabajar gratis en el ámbito doméstico-privado y ser sujetas proclives a la pobreza, y con ella sentenciar a nuestras criaturas.

Parece que vuelven las idealistas caídas del “ángel del hogar” o la “perfecta casada” (véase la doctrina nacionalcatólica en la época franquista aquí) y quieren que continuemos en ese espacio, del que nunca nos hemos ido totalmente. Ha nacido una plataforma llamada PETRA que reivindica el cuidado como algo natural de las mujeres, y cuestionan la infravaloración que han hecho el Patriarcado y el Capitalismo de los mismos. Y aunque no les quite razón en algunas de las vindicaciones, es un error hacerlo hoy. Mañana no lo sé, pero hoy no, y menos en nuestro país: España. País conservador para algunas cuestiones como la que trato hoy y con un Estado familiarista (véase tipos de Regímenes de Bienestar aquí) donde las mujeres seguimos siendo cuidadoras (casi) en exclusiva. Y un problema, el tiempo(s) del cuidado, que hoy sigue sin resolverse si nos ponemos a indagar en las diferencias de género (brechas) en los diferentes espacios, entre el público-mercantil y el doméstico-privado.

Para que ustedes se sitúen: soy madre. Tengo conocimiento de causa, y algo superior que si no lo fuera. La mayoría de las personas que han tenido curiosidad en acercarse, han tenido la oportunidad de leer mi experiencia maternal. Cada post está impregnado de ello. Pero, es que además soy madre sola (monomadre) y de clase obrera (media-baja para los que creen que existe la clase media). Digamos que me encuentro en un paquete interesante para ser precariada en el mercado laboral. ¿Por qué les cuento eso? Porque en la vida hay que situarse y saber desde donde partimos. Y perdonen por ello, porque la maternidad cada una la vivimos de una manera, y no quiero ser sacrificada de por vida y menos sacrificar a mi hija. A unas cuantas les pueda parecer su experiencia maternal lo mejor de sus vidas, pero rehuyen de la diversidad familiar y marcan a otras el mundo heteronormativo por antonomasia. Y aquí la sororidad, amigas, cuando se plantea la transferencia de los permisos no existe, porque hay que pensar en todas las mujeres y tienen que saber abandonar las posiciones privilegiadas. Ahora les argumentaré.

Semanas atrás, vía twitter, tuve una discusión con una mujer que defendía los permisos transferibles. Según su perfil en RRSS, es especialista en Derecho, Salud e Infancia. Para ella es “muy importante que los permisos de paternidad sean transferibles para que cada familia se organice como quiera”. Abogando por la “libertad de decisión” de sus miembros. Además, apunta, que “la biología de las mujeres, después de 9 meses de embarazo, sufre un gran cambio, lo que hace que necesite más tiempo de recuperación.” En esto último estaría de acuerdo por todos los cambios hormonales, aunque, sin olvidar, a las mujeres en las familias adoptantes, por ende, del todo mucho sentido no tiene. Y con la primera tesis, evidentemente no la comparto.

No le quise personificar mi caso. Porque cada mujer tenemos un embarazo, un parto, un recobro y adaptación distinta a la nueva vida con la criatura (en el caso de maternidad biológica). Y cada una de nosotras partimos y nos situamos en el mundo de forma muy diferente. Lo que sí hice fue rebatirle con datos. Datos que hoy traigo aquí, porque las teorías sin números no se sostienen y son una manera de ratificar lo que hoy defiendo: la democratización del cuidado y la necesidad de que los hombres participen activamente en ello, por derecho y por deber de los mismos para con sus criaturas (Volviendo a la heteronormatividad).

Mantengo la tesis en que la maternidad/paternidad tiene que ser una cuestión política, no una cuestión “privada” y exclusiva de las familias, tal como se lleva haciendo en nuestro país. Considero que es imprescindible transformar el discurso respecto a los cuidados, pero siguiendo la línea feminista igualitaria de incorporación del hombre en dichos trabajos. Para así, algún día, los cuidados sean una cuestión social, transversal y el Estado pilar que los costee. Porque así verdaderamente las mujeres seremos sujetos libres. Y no como la corriente feminista que aboga por situarnos en la línea de la diferencia, esclavizándonos a la dependencia, y por tanto a la pobreza de la mayoría de las mujeres.

Permisos transferibles: no gracias

Cuando las distintas partes tratan de defender los permisos transferibles, se fundamentan en la supuesta libertad existente dentro de la organización familiar. Como si las personas en la familia eligieran libremente unas opciones u otras y, si bajo la misma, se dieran ideales de armonía y altruismo de sus miembros; sobre todo, por la parte que les toca a las mujeres. Olvidan las relaciones de poder que hay dentro de la misma y la situación jerárquica existente que no ha desaparecido en la actualidad.

La literatura económica feminista se refiere a esa libertad como una construcción más del capitalismo (liberalismo ideológico) en el que se presenta la individualidad como base incuestionable de todas las personas (véase aquí la tesis doctoral de Pérez Orozco, A: 2006). Sin embargo, dejan de lado la parte más económicista dentro de la pareja. Porque no olvidemos que el “amor” es un contrato, tiene derechos y deberes. Por eso, hay que estimar dicho factor ya que podría ser determinante en las decisiones que se toman dentro de la misma.

Sería incongruente abocar a las mujeres a la dependencia “elegida” y no tener en cuenta las restricciones que existen previamente por otros elementos y/o circunstancias. Ejemplo sería la estructura del mercado laboral, la cultura de roles diferenciados entre sexos y la división sexual del trabajo o la situación cultural de un país donde se va a implementar dicha política.

Cualquier debate de este calado es necesario hacerlo contextualizándolo, porque cada país ha desarrollado un Estado de Bienestar distinto, donde las políticas se han formulado de maneras diversas y adaptándose al entorno. No se puede pretender, en el caso de la maternidad/paternidad que es tan sustancial para la vida de las personas progenitoras, dejar de lado otros aspectos situados, sin analizar el marco histórico, cultural y social. También, no hay que olvidar, el aspecto ideológico (dominante). Es decir, hay que tener claro el sesgo de género y la visión androcéntrica de las políticas públicas y de cómo se conforman. No sopesar esas variables en el estudio y el impacto que puede llegar a tener sobre un determinada parte de la población, es, a mi parecer, ciego a una reflexión pormenorizada sobre el tema.

Hoy lo traigo aquí porque considero fundamental rebatir la idea de la transferibilidad de los permisos y se debe analizar el impacto de género que conllevaría tal medida.

Quizá la ampliación del permiso de maternidad en exclusiva podría parecer que mejora ese primer año de recuperación y unión para con la criatura, pero, en mi opinión, puede ser un lastre más para las mujeres y para su inserción en el mercado laboral. Como ya he comentado, no se puede olvidar que no todas las mujeres tienen la misma posición en el mundo. Máxime, para aquellas que originariamente se sitúan en circunstancias más vulnerables, y donde otras variables como la edad, el estado civil, la raza, la nacionalidad o la clase social, afectará en uno u otro grado. Por tanto, ésta medida podría llegar a perjudicar indirectamente a las mismas.

Dos cuestiones en las que insisto:

  • Los derechos sociales, tales como el paro o la pensión, sólo se adquieren mediante la cotización con un empleo.
  • Si se ponen trabas a la inserción laboral de las mujeres es poner más barreras a la autonomía e independencia económica de las mismas, y por ende, a su libertad vital.

Datos en España de permisos de maternidad, excedencias por cuidados, tiempos de empleo y pensiones.

Permiso compartido en maternidad biológica

Fuente: Seguridad Social. Elaboración propia.

Como se puede comprobar en el gráfico sobre permisos de maternidad: son minoritarios aquellos progenitores (hombres) que se acogen a la parte transferible. Tan solo el 1,2 por ciento deciden optar a las semanas de las que disponen por ley. Sin embargo, la totalidad del mismo suele ser tomado en exclusiva por la madre. Por tanto, es de prever que si en España se aplicara un permiso de paternidad transferible, finalmente, quiénes se acogerían a él serían las mujeres. ¿Y que sucedería después?

Esa transferibilidad de la que se discute porque las familias se organizarían como quieren, acabaría siendo que las mujeres se quedarían con sus criaturas porque lo desearían, y preferirían acogerse a más semanas de permiso. Llegando a lo de siempre: las mujeres “deciden” ser cuidadoras en (casi) exclusiva y económicamente dependientes. Ratificando, una vez más, nuestra propia cadena perpetua.

Lo que no han hecho las mujeres que defienden el permiso transferible es adentrarse en otras restricciones, como ya se ha señalado. Cuestión imprescindible para seguir argumentando por la defensa de los permisos intransferibles. Las mujeres son las que tienen salarios más bajos, mayor parcialidad y en el caso de familias monomarentales (una sola progenitora a cargo de criaturas) mayor tasa de riesgo de pobreza, lo que conllevaría un empeoramiento de la situación de la mayoría de las mujeres: la discriminación estadística (afecta a todas las mujeres) sería la norma y solo algunas podrían salir de la situación de precariedad: mujeres alineadas por situación social/económica privilegiada.

Y yo me hago una serie de preguntas, ¿qué pasaría si se ampliara aún más las semanas de maternidad en nuestro país?, ¿han pensado en la estructura de nuestro mercado laboral?, ¿creen que existe “libertad de decisión” para tener criaturas y cuidarlas sin emplearse fuera?, ¿qué les pasaría a aquellas mujeres que deciden divorciarse y tienen que volver al mercado porque tienen criaturas, pero han estado x años como cuidadoras en exclusiva?, ¿y qué harían aquellas mujeres que quieren ser madres en solitario?, ¿y con las mujeres que son trabajadoras domésticas y no están dadas de alta en la Seguridad Social como trabajadoras?

Para la primera de las cuestiones, ya lo he expuesto anteriormente, afectaría directamente en la visión económica de la disponibilidad de las mujeres para con el empleo, y que contestaría a la siguiente pregunta que he formulado: el mercado laboral español tiene un problema estructural con altas tasas de desempleo y temporalidad, unido a la baja inversión pública y empresarial en innovación y en I+D. Las reformas acaecidas han precarizado aún más la situación de las trabajadoras, la de los hombres también.- se llama “igualarse por abajo”-. Lo que, probablemente, afectaría más aún en la inseguridad laboral de las mujeres.

Si se continúa con el análisis, un permiso transferible no va a resolver que las mujeres sigan abandonando el empleo para cuidar. Porque, después del año ó 6 meses, las criaturas siguen necesitando cuidados, y por ello, será un parche que acabará echando a las mujeres (madres) del mercado y en casos muy excepcionales seguirán conservándolo. Y de hacerlo, la familia sopesará el coste de oportunidad por el empleo de la mujer respecto a los gastos que se derivan por la guarderia, el cuidado privado formal, las actividades extraescolares, etc (En España el coste del cuidado es privado, es decir son las familias las que tienen que pagar los servicios; véase La Política Familiar de Julio Iglesias de Ussel y Gerardo Meil: 2001). O se decidirá, como ya está pasando, en no tener descendencia. Y aquí no se tratará porque se hará en el siguiente post.

Excendencias por cuidados de personas dependientes

Fuente: Seguridad Social. Elaboración propia.

Como se puede comprobar en las excedencias por cuidados, son las mujeres las que, para el primer semestre de 2018, tomaron el permiso. Un total del 90 por ciento de las mismas, y donde los hombres representan el 10 por ciento. Aspecto a apuntar, porque es un periodo en el que la mujer abandona el mercado, pero que a largo plazo le afectará negativamente: sus opciones de desarrollo profesional o de reinserción, si es despedida al poco tiempo de incorporarse, será una barrera que la condicionará a lo largo de la carrera profesional. Pero es que además su pensión contributiva, si accede a ella, se verá afectada, lo que la limitará aun más a lo largo del ciclo vital (ver artículo de cómo afecta las excedencias por cuidados a la cotización aquí).

Históricamente el empleo de las mujeres se ha visto como secundario, por eso la inserción real aun sigue siendo una utopía. También, los sindicatos y partidos políticos en nuestro país han reforzado y defendido la posición del hombre en el mercado, pero no la igualdad real de ambos para el empleo y la asunción equilibrada del trabajo doméstico y de cuidados (véase políticas de empleo y familiares en España en el siglo XX). Por eso, ninguna corriente ideológica ha pretendido una gran metamorfosis, salvo avances en materias muy concretas durante los últimos años y gracias a la presión del movimiento feminista. De ahí que la decisión de tener criaturas sin pareja es casi inviable para la mayoría de las mujeres, y si se encamina una a ello, se corre un gran riesgo. Por eso, y siento ser contundente, el Estado a través de las políticas fiscales, de empleo, sociales o familiares conduce indirectamente a vivir en pareja y a tener descendencia de esa forma. Y de ahí que la libertad para tomar unas decisiones y no otras están supeditadas a otros factores.

Tiempo medio trabajos durante la semana

Fuente: Elaboración propia. A partir de los datos del INE de la Encuesta de Condiciones de Vida de Euroform.

Si se observa el gráfico se puede desprender de él tres aspectos:

  1. Mercado: mientras que las mujeres se emplean menos tiempo, con una media a la semana de 33 horas. Los hombres, por el contrario, realizan casi la jornada completa, con una media de 39 horas a la semana. Una brecha de género de – 6 horas, lo que hace preveer que las mujeres tendrán menos dinero disponible dada su menor participación en horas durante la semana en un empleo remunerado.
  2. Cuidados: tanto en el trabajo doméstico como en el cuidado de las criaturas son las mujeres las que dedican más horas durante la semana. Supone para las mismas 58 horas de media y supera la jornada completa del trabajo que se hace en un empleo en el mercado. Para el caso de los hombres, la media que dedican a dichos trabajos es 33 horas, una brecha de género de 25 horas a la semana respecto a las mujeres y lo que supone para las mismas horas de trabajo sin remunerar.
  3. Total de media de trabajos: como se puede comprobar se revierten las cargas horarias de un espacio a otro entre mujeres y hombres:
    • Las mujeres dedican menos tiempo al empleo remunerado. Y el tiempo que no dedican al empleo remunerado lo hacen para el cuidado y el trabajo doméstico. Además, si se observa la media total de horas de la semana que realizan para los diferentes trabajos, las mujeres tienen una media de 17 horas más de trabajos respecto a los hombres. Es decir, sufren una doble jornada de trabajo (sobrecarga de trabajo).
    • Los hombres, sin embargo, dedican más tiempo al trabajo remunerado. Las diferencias de tiempo en los espacios, tampoco explican la menor participación de los hombres para el cuidado y el trabajo doméstico, ya que, si se analizan las distintas jornadas, se puede comprobar que los hombres no asumen equilibradamente el cuidado y el trabajo doméstico tal como lo hacen las mujeres.

Pensiones: de viudedad y de jubilación

Fuente: Seguridad Social. Elaboración propia.
* Solo se han tenido en cuenta para la elaboración dos tipos de pesión: viudedad y jubilación.

Antes de analizar el gráfico es necesario hacer un breve apunte respecto a los datos.

Hay que tener en cuenta que las personas que actualmente perciben las pensiones de jubilación tienen más de 65 años y refleja un modelo de sociedad obsoleto. Probablemente, más adelante, los datos se verán modificados por la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral a partir de los años 1990. Sin embargo, las mujeres nacidas en la época franquista, en su mayoría, eran educadas para permanecer en la esfera privada-doméstica, y es lo que hace que las percepciones sean muy dispares entre mujeres y hombres en la actualidad.

He querido escoger para el análisis la pensión de viudedad ya que vislumbra el modelo de familia tradicional predominante de la sociedad española y manifiesta, de una forma clara, la división sexual del trabajo, así como la dependencia de las mujeres según el modelo actual (véase la “inactividad” de la Encuesta de Población Activa aquí). En este tipo de pensión hay que tener en cuenta que puede haber perceptores/as jóvenes. No obstante, no se va a entrar a analizar (véase los requisitos de la pensión de viudedad aquí).

Una vez dicho esto, lo más destacable es, como se puede comprobar, las distancias entre ambas pensiones y la distinta magnitud en cuanto a género. Es así que 2 millones de mujeres reciben una pensión de viudedad frente a 185 mil hombres. Lo que hace suponer, y lo que se lleva aquí tratando, que dentro de la organización familiar hay una división de roles, donde la posición de desventaja la encuentran las mujeres. Pero lo más interesante de dichos datos es la cuantía de las pensiones. Se puede ver que el dinero disponible de las mujeres es siempre menor a lo largo del ciclo vital. A continuación se presentan en el gráfico.

Fuente: Seguridad Social. Elaboración propia.

Por un lado, las mujeres en sus pensiones de jubilación obtienen de media 455,38 euros menos que los hombres. Y, por otro lado, en las pensiones de viudedad aquellos hombres que las reciben por parte de sus mujeres fallecidas, ingresan 216,75 euros menos que las mujeres. Hay que tener presente que la media de salarios que perciben las mujeres respecto a lo hombres es más bajo, lo que a su vez afectará a la pensión de jubilación: a menor cotización menos pensión. Además, la intermitencia en la carrera laboral, como se puede comprobar, tiene mucho que ver con las desigualdades que se van manifestando durante y después de la vida laboral de mujeres y hombres.

Fuente: EPA; INE. Elaboración propia.

Conclusiones: socializar los cuidados entre Estado, empresa y sociedad

Volviendo al tema de partida: la transferibilidad de los permisos de paternidad. Como se ha podido ver a lo largo del análisis, sería un error en nuestro país que el permiso no fuese obligatorio para que los hombres se impliquen en el cuidado. Y aunque pueda parecer politamente incorrecto debe hacerse a “golpe” de ley. Ya se ha señalado las brechas de género en los distintos ámbitos y es necesario, que para poder transformar los espacios y que se haga viable lo que plantean algunas mujeres respecto al trabajo de cuidados, primero cambiar las dinámicas dentro de la organización familiar. Porque la presión social y el entorno, aunque no se crea, juega un papel determinante en las decisiones que se van tomando a lo largo de la vida.

Para cerrar, la última imagen presenta para mí la esencia de las transformaciones, y lo que debería de hacerse:

Fuente: Elaboración propia
  • ¿Podremos soportar las mujeres el cuidado en el futuro casi en exclusiva teniendo en cuenta el envejecimiento poblacional?
  • ¿Los hombres seguirán sin asumir su responsabilidad para con el cuidado de las demás personas (y de sí mismos)?
  • ¿Existe un Estado del bienestar real en nuestro país?
  • ¿Las empresas seguirán perdiendo el talento femenino?
  • ¿La economía se puede permitir vivir a espaldas del bienestar y el cuidado de las personas?

Esperemos que todo cambie…

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