Renunciar a la maternidad: políticas familiares y precariedad laboral

By: Consulta de Lactancia

Mucho se habla de la maternidad y de su importancia para con la reproducción de la sociedad. También se trata, cada vez más, la no maternidad por elección. Pero, fíjense ustedes, por ejemplo, en las palabras de Pablo Casado, líder del Partido Popular, y en toda la propaganda electoral que se está “disparando” para la campaña que se nos presenta para los comicios de abril y mayo.

Quizá, se trate menos, o tiene menor importancia en los últimos tiempos, y en nuestro país ha cambiado a pasos de gigantes, aquella maternidad que se desea pero que no se llega a ella por miedo a lo que pasará después: pánico a la incertidumbre que nos da un mercado laboral cada vez más precario, donde las mujeres, cuando somos madres, tenemos una papeleta (in) directa a la pobreza; las entradas y salidas en el mismo producen inestabilidad y dependencia, lo que hace que se cree mayor inseguridad. De ahí que considero que es un problema, que como siempre, viene marcado por el patriarcado y el sistema capitalista: la no maternidad impuesta por circunstancias externas a nosotras.

Hay que tener en cuenta que el modelo de familia tradicional ha cambiado, ya que el matrimonio no es para toda la vida. Por eso, es de prever, que con un proceso de separación o divorcio, las rentas conjuntas de una pareja se pierden, y cuando hay criaturas, éstas se ven afectadas directamente . También hay que tener en cuenta los “nuevos” modelos de familia, como por ejemplo las familias monoparentales. Y, por supuesto, no hay que olvidar el principal rol de las mujeres como cuidadoras y como soporte de las familias, y por tanto del Estado y de las empresas. Por todo ello hace que se tomen una serie de decisiones según distintas circunstancias personales, sociales, culturales o económicas.

Hoy hablo de la posible renuncia a la maternidad de mujeres que desearíamos tener más criaturas y de aquellas que, aun no siendo madres les gustaría, pero no se lo plantean por diferentes cuestiones, entre ellas las económicas. Como siempre lo hago desde un conocimiento parcial y situado (ver teoría de Donna Haraway aquí), y lo presento con datos secundarios de estadísticas oficiales.

Considero que hay que dar luz a un tema que a las mujeres se nos sigue expropiando en el campo político y se nos trata de una forma paternalista por ciertos sectores políticos, entre ellos los conservadores. Luego somos las mujeres (comparativamente por género) las que tenemos que lidiar entre dos mundos que son irreconciliables, donde los parámetros actuales de mercado vs vida se presentan enfrentados y divididos, con unos tiempos que no son compatibles (véase los estudios de Mª Ángeles Durán, precursora de la visibilización del trabajo de cuidados).

Los datos concretos que trataré son:

  1. La tasa de fecundidad en comparativa con nuestras vecinas europeas en la encuesta de Eurostat.
  2. Las razones para no tener criaturas que dan las mujeres en España en la Encuesta de Fecundidad (INE).

Para ello, voy a realizar una pequeña introducción a las políticas familiares que se han configurado en nuestro país, porque son el apoyo que ofrece el Estado para la creación o no de una familia. Pero, primero, les voy a resumir dos teorías económicas que explican nuestras decisiones y que según estas tendencias reducimos el número de criaturas porque nos guiamos por una serie de estrategias socio-económicas y de natalidad:

  1. Teoría de la elección racional
  2. Teoría de la nueva economía de mercado

La primera de ellas, la teoría de la elección racional, nos presenta que la elección de tener o no descendencia se cuantifica en coste de oportunidad. Esto es, las ventajas de traer una criatura al mundo y todos los gastos que conlleva la misma. Pero claro, en el caso de las ventajas sólo vamos a poder tener en cuenta la parte emocional, es decir, el hecho de unión afectiva que nos da tener un/a hijo/a. Pero, evidentemente, no da ventajas monetarias si se traduce en el mercado.

Según ésta, desde la parte de los costes, hay de dos tipos:

  • Directos: costes efectivos por nacimiento y cuidado de las criaturas,  se traduce en dinero y de ellos se restan las transferencias que realiza el Estado a través de prestaciones monetarias o prestaciones de servicios. Las primeras serían por ejemplo prestaciones por nacimiento o subsidios de maternidad, y los últimos serían la sanidad o la educación pública.
  • Indirectos: la pérdida de dinero a que incurren la familia, específicamente las mujeres por la dedicación en tiempo. El ejemplo de esto sería la reducción de jornada o las excedencias para el cuidado, éstas suponen un coste de oportunidad para las madres porque se reduce proporcionalmente su salario en el empleo para dedicarse al cuidado, y en otros casos se prescinde del salario durante x tiempo a través de los cuidados en exclusiva.

Es así que las personas sopesamos entre ventajas y costes. Así si los costes superan las ventajas es de prever que se optará por no tener hijos/as. Y viceversa. Si las ventajas son mayores a los costes se optará por tener hijos/as.

  • Ejemplo de costes personales por tener hijos/as: traer criaturas al mundo se presenta como una carga de trabajo que no encaja en la sociedad actual: horarios escolares y laborales no armonizados; nulas políticas reales de conciliación; invisibilidad del trabajo de cuidados como valor fundamental de la sociedad.
  • Ejemplo de ventajas personales por tener hijos/as: el abanico emocional y de unión que se tiene para con una criatura y que se presenta como la continuación de las familias.

La segunda de las teorías, la teoría de la nueva economía de mercado, explica el por qué del cambio social y los nuevos comportamientos en la elección de no tener criaturas. Esta teoría se presenta desde un enfoque radical del mercado y lo traslada a las elecciones individuales. Tener hijos/as es una inversión a largo plazo y no supone beneficios económicos directos e inmediatos, por tanto el altruismo que se necesita para tener criaturas es incompatible desde el punto de vista del individuo actual dentro del mercado, ya que éste tiene compatibilizar dos comportamientos totalmente distintos en ambos espacios:

  • Por el lado del mercado, las personas se tienen que comportar como individuos agresivos, competitivos, individualistas y disponibles en horarios extensos.
  • Y por el lado de la familia, las personas tienen que tener comportamientos cooperativos, solidarios, generosos y disponibles en horarios que no son compatibles con los del mercado. Donde la tenencia de criaturas, al considerarse una decisión individual, se presenta como un coste superior. Es más, después se beneficia toda la sociedad, donde aquellas personas que han optado por no tener criaturas  tienen mayor ventaja para poder competir en el mercado.

Una introducción a la política familiar en España

España, como otros países de Europa ha sufrido un cambio demográfico. Se pasó de la época franquista a la democracia, y de ser familias numerosas a familias nucleares de dos criaturas. En algunos casos, y cada vez más en la actualidad, de una sola. La lenta modernización y la política natalista de la dictadura hicieron que el proceso demográfico se diera de forma tardía. Tras la ruptura de un orden político por otro se produjo una trasformación en la política familiar: desde una óptica de intervencionismo estatal en la familia durante el franquismo, a la desvinculación total de la línea política anterior durante la transición a la democracia, centrando el análisis desde el individuo (Véase La familia y el cambio político en España Familiar de Iglesias de Ussel; 1998 ). Ésta nueva dinámica  fue una cuestión clave para configurar un nuevo modelo social, más acorde con los países del entorno europeo, aunque su formulación no dejó de ser distinta si se hace una comparativa con los mismos.

Nuestra política familiar, o mejor dicho, nuestra nula política familiar durante las dos primeras décadas de la democracia, no se engendraron como en otros países comunitarios: plasmar una protección en las personas vulnerables dentro de la familia, mujer y criaturas. Es decir, en el entorno europeo – principalmente países nórdicos- se buscó implementar una política familiar teniendo como premisa la desigualdad existente entre mujeres y hombres dentro de la familia y las discriminaciones que se dan dentro del mercado. Ese fue el caso de Suecia, donde se enfocó la intervención desde la vertiente de los individuos dentro de la familia, pero paralelamente con políticas de igualdad de oportunidades dentro del mercado. En este país, en la década de 1970, sufría una reducción de las tasa de fecundidad  lo que hizo que los distintos gobiernos socialdemócratas se comprometieran con una política natalista enfocada para que las mujeres siguieran teniendo criaturas sin que tuvieran que renunciar a su papel como madres y a su papel como trabajadoras.

En España, por esa época, aún estábamos saliendo de la dictadura y se buscaron otros enfoques. Es más, la dejadez en el ámbito de la política familiar supuso que tener criaturas penalizara a las familias porque los costes que se derivaban del cuidado recaían únicamente en ésta. Por un lado, manteniendo una ambigüedad respecto al orden anterior y donde permanecía la idea de familia tradicional: hombre trabajador y mujer cuidadora. Y por otro, donde el individuo a través del mercado, y sus derechos que de él derivaban, se constituía como sujeto, esto es como ciudadano de pleno derecho – a través de las cotizaciones se formula la ciudadanía plena en España- pero sin medidas de igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres en el mercado. Lo que ha supuesto, bajo mi punto de vista, un cóctel para que las mujeres en nuestro país hayamos decidido por reducir el número de criaturas al querer incorporarnos “en igualdad” en un mercado laboral proclive a la discriminación de las mujeres.

Será a partir de la modificación del Impuesto de la Renta de las Personas Físicas (IRPF) en 1992, y tras una sentencia que declara inconstitucional el gravamen conjunto obligatorio, cuando se comenzará a compensar la responsabilidad de constituir una familia. No obstante, según especialistas en la materia (Véase Políticas Públicas y familia: Análisis de la situación de España de López, L. Mª T, Ultrilla de la Hoz. A y Valiño, C. A; 2006) explican que por las diferencias entre territorios y los efectos contrarios al impuesto progresivo, las familias que se benefician no son las que más lo necesitan, ya que las últimas reformas y la ingeniería en la tributación pueden haber creado mayor inequidad (véase evolución del sistema tributario en España aquí). Por eso, no hay que olvidar el agravio comparativo que tenemos con Europa.

Es así que el enfoque de nuestra política familiar parte desde una línea asistencialista centrada en transferencias mínimas del Estado a las familias más vulnerables, lo que produce que estén enfocadas exclusivamente a atender a aquellas familias en riesgo, aunque no, por ello, de reducir la pobreza. Son por ejemplo las prestaciones de la Seguridad Social por hijo/a menor a cargo, por nacimiento y/o adopción y aquellas por muerte o supervivencia (véase Políticas Públicas y Familia. Análisis de la situación de España de López, L. Mª Teresa, Utrilla de la Hoz, A y Valiño, C. A; 2006). Y hace suponer que serán mínimas las familias que finalmente reciban este tipo de prestaciones, ya que hay que cumplir una serie de requisitos respecto a renta, estando muy por debajo de mínimos, y que bajo mi punto de vista, de condiciones dignas de calidad de vida en democracias que se dan por hecho que son avanzadas. Señalan autores, como Iglesias de Ussel o Meir (2001), que la tasa de pobreza durante la infancia y la adolescencia en España es de las más altas en comparativa con Europa. Así se puede ver en el G.1.

G.1. Personas en riesgo de exclusión social según tipo de hogar. Comparativa europea

Diferencias entre Estados de Bienestar, según los parámetros de Esping-Andersen (The tree worlds of welfare State; 1991):
Estado de Bienestar Liberal (Gran Bretaña)
– Estados de Bienestar Escandinavo (Dinamarca y Suecia)
– Estados de Bienestar Conservador Mediterráneo (España)

– Francia no aparece en el análisis.
¿La inversión pública en políticas familiares afecta directamente a los hogares? ¿Por qué en España el riesgo es mayor?

Se ha querido traer según tipo de hogar porque, como exponía en la entrada del post, el modelo de familia se ha transformado, y son las mujeres las precursoras del mismo (revolución silenciosa), pero también son ellas, según el sistema actual, las que se ven afectadas de manera negativa por no haberse efectuado cambios en las estructuras sociales y económicas, manteniendo el modelo de hombre proveedor-mujer cuidadora en la formulación de las políticas públicas y el mercado (ver por ejemplo la teoría de Hobbes en el Leviatán, fundamental teórico en el contexto europeo).

En la G.1. se presenta a las personas adultas que tienen criaturas dependientes. Para el caso español, como se puede analizar, es donde mayor riesgo de pobreza hay para todos los hogares con criaturas: el caso de los hogares monoparentales (47,9 por ciento) y los hogares numerosos (47,7 por ciento) se agrava la situación; aunque si se observa Reino Unido, el primero de ellos, los hogares monoparentales (57 por ciento) son los que sufren un mayor riesgo de pobreza respecto al resto. No obstante, como se puede comprobar son los hogares monoparentales, los que en todos los países tienen mayor probabilidad de sufrir pobreza. Y evidentemente, y como apuntan los expertos, también la sufrirán las criaturas.

Las familias como pilares del Estado y la economía

Hay que poner en el centro del análisis la importancia que tiene crear una familia porque no es solo una cuestión individual, como algo privado de una persona o de dos,  sino que estamos ante una cuestión política y, por tanto, pública, porque revierte en el propio sistema económico, político y social.  

Esa línea que enlaza nuestra política familiar, como la mayoría de las políticas públicas en los últimos tiempos, se han nutrido a raíz de la presencia, cada vez más clara, de la ideología neoliberal. La cual centra el análisis desde el individuo, donde las decisiones que se toman se “privatizan” para poder desvincular todas las carencias que de la economía globalizada manan y el nulo poder de los estados en la reducción de las desigualdades sociales y de la pobreza, así como del impacto que de ello se deriva en la sociedad. Por tanto, sufrir o no pobreza dentro de una familia se individualiza, de tal forma que se hace responsable a la misma, y no a las fallas del sistema.

A pesar de todo, el crecimiento de una economía se debe gracias al capital humano y a la formación que se constituye en las familias. El aporte que hacen las mismas es imprescindible porque ejercen de agentes socializadores y configuradores dentro del Estado y, por ende, del futuro de las comunidades. Dos cuestiones a destacar:

  • Si se analiza desde un punto de vista político, la(s) familia(s) es un amortiguador (Iglesias de Ussel y Meir; 2001) de las consecuencias de los vaivenes de la economía capitalista. Podemos verlo en nuestro país porque somos, independientemente de las épocas de crecimiento en la economía, de los que tenemos tasas más altas de desempleo, con una media del 20 por ciento, y en comparativa con nuestros vecinos europeos (véase en la Encuesta de Fuerza de Trabajo de Eurostat aquí). Lo que hace que tenga una gran importancia para con el Estado, porque la familia evita y apacigua tensiones sociales dadas por los cambios en los ciclos económicos.
  • Si se observa desde un punto de vista económico, el Estado (y las empresas), gracias al papel que ejercen las familias, se ahorra los costes (externalidades) de la labor de la formación que se da dentro ellas. La inversión de las familias a largo plazo es imprescindible en las democracias. Porque es donde se aprehende la convivencia, la tolerancia o la solidaridad, que son los valores y las bases actuales del orden político y es desde donde se prefiguran la esencia de las mismas.

Y ¿por qué no se modifica la política familiar en España?

Es cuestión de prioridades en las agendas políticas de los gobiernos. Pero, sobre todo, es una cuestión que no interesa porque los resultados de esa inversión solo se pueden llegar a ver a largo plazo.

La política se mueve con dinámicas propias de la economía: beneficios a corto plazo para que el juego político dé resultados en las elecciones. Es decir, los premios o los castigos que la ciudadanía da a la clase política y a los gobiernos se puedan ver reflejados dentro del juego electoral. De esa forma las políticas que podrían considerarse como innovadoras se dejan de lado. Además hay que tener claro que el poder y peso que juega la economía frente a otras áreas es evidente (véase los recortes producidos en políticas sociales vs inyección de dinero público en la Banca). Es así que aunque existan gobiernos más progresistas que otros, romper el statu quo es casi imposible (véase las medidas de desregularización en la economía) y más teniendo en consideración que en la política existen temas que comparativamente con otros están infrarrepresentados (ver por ejemplo la importancia que se da en la política nacional a Cataluña).

Sin embargo, como se puede comprobar en la G.2, es imprescindible realizar una metamorfosis en la política actual, ya que hay un reflejo de que la actual línea que se está llevando a cabo, hasta el momento, está produciendo un problema demográfico.

Comparando la tasa de fecundidad de España con Europa pueden surgir varias hipótesis:

  • que la reducida política familiar (inversión del Estado en políticas de servicios públicos de cuidados, transferencias para el cuidado de criaturas, políticas de conciliación, etc.) esté afectando (in)directamente a las decisiones que toman las mujeres para tener criaturas.
  • que la inestabilidad laboral de las mujeres en el mercado español origine la renuncia a tener descendencia.
  • que el rol principal de las mujeres como cuidadoras influya en la decisión de reducir el número de criaturas por la baja corresponsabilidad por parte de los hombres, ya que éstas se ven abocadas a realizar un doble papel dentro del mercado y la familia.

G.2. Tasa de fecundidad en España, Suecia y UK: tres países, tres modelos de Estados de Bienestar


Datos: Eurostat, elaboración propia.
Estados “woman-friendly”: se entiende por un Estado que implementa una serie de políticas públicas, entorno a la política social y políticas para compatibilizar el empleo y los cuidados, y se han concebido como el núcleo de las políticas favorables a las mujeres.

En el G.2. se presenta una evolución del nº medio de criaturas que se tenían desde 1970 hasta 2016, datos de los que se disponen de Eurostat hasta hoy. En ella se puede desprender una tendencia:

  • la reducción y cambio “drástico” que se produce en España desde 1970 hasta 1990, y que justo se produce con la incorporación masiva de las mujeres al trabajo remunerado, ha alterado el modelo de familia tradicional, entendido éste dentro de los ideales de male breawinner family.
  • además, la media de criaturas se ha mantenido durante la dos últimas décadas, y supone que España es de los países de Europa, y en concreto con los elegidos para la clasificación de regímenes, el que tiene la tasa de fecundidad más baja.

G.3. Razones para no tener criaturas en España

Fuente: INE. Elaboración propia. Datos de 2017.

En la G.3 se presentan las razones por las que no se tienen criaturas en España, el año de referencia es 2017. Se ha querido traer aquí, porque representa la situación actual que he planteado al principio del post. No obstante, no se puede responder taxativamente que dichas razones son las causantes principales para decidir no tener criaturas. Para ello, se necesitaría investigar sobre el tema y que aquí no se puede desarrollar.

El INE facilita diferentes grupos de edad, pero he escogido un rango de 25 a 44 años porque es la edad intervalo en España para tener el primer hijx (la media está en 3o,9 años; INE). Aunque no se va a analizar el aumento de la edad de las mujeres para tener el primer hijx, si lo comparáramos con la generación de nuestras madres, es evidente el retraso de la misma. Sin embargo, esta no es mi prioridad.

Si se analiza la G.3. se puede comprobar que no hay una respuesta única, son varias y distintas las que se presentan. Las prioritarias para este post son:

  1. Por razones económicas.
  2. Por razones laborales y de conciliación.

Ambas suponen el 29 por ciento de las respuestas, por ello no se puede probar que las mujeres no decidan tener criaturas por dichas circunstancias. No obstante, se puede comprobar, si se observan las restantes, que existe una variedad de razones para no tener criaturas. Entre ellas se puede destacar también que el 18 por ciento de las mujeres que respondió no lo fue por “no tener pareja o una pareja adecuada”; mientras que un 14 por ciento alegó que era “demasiado joven”.

Global Gender Gap
El Global Gender Gap es una herramienta del Foro Económico Mundial donde se puede comparar distintos países, un total de 144 economías del mundo. Ésta contiene estadísticas que miden la igualdad de género con 4 variables fundamentales: política, economía, salud y educación. Es muy visual, y se puede hacer comparaciones entre dos países. Os dejo el enlace para que podáis echarle un vistazo.

Bibliografía

Iglesias de Ussel. J y Meil. L.G (2001): La política familiar en España. Ariel Sociología

Iglesias de Ussel. J (1998): La familia y el cambio político en España. Ed. Tecnos

López, L. Mª Teresa, Utrilla de la Hoz, A y Valiño, C. A. (2006): Políticas públicas y familia. Análisis de la situación en España. Ediciones Cinca

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