La riqueza de lo común: ciudadanía social

La res pública en tensión

Resultado de imagen de la constitución española

Partidos conservadores defienden bajada de impuestos en cada campaña electoral, ¿cómo sostenemos los servicios públicos?

Si algo nos diferencia frente a otras épocas ha sido la construcción de unos servicios comunes y compartidos, donde todas las personas, ciudadanas de un país, tienen acceso a los mismos. Unos lazos que se fundamentan en la ciudadanía social y que se establecen a través de lo que conocemos como Estado de Bienestar.

Uno de los hitos más importantes de nuestro país, como del resto de países europeos, ha sido el desarrollo del Estado de Bienestar (EB, a partir de ahora). Con él se configura la ciudadanía social, fundamentada ésta en derechos sociales universales: todas las personas, independientemente de otras circunstancias, tienen salvaguardados una serie de derechos. En España tenemos o teníamos tres pilares: la educación, la sanidad y las pensiones (éstas últimas no son un derecho universal desde la perspectiva de género, ya que viene determinado por las cotizaciones en el mercado laboral).

¿Cuál es la misión fundamental del EB? Mitigar las diferencias sociales, reducir la pobreza y amortiguar (junto a las familias) las fallas del mercado. Primordial cuando el ciclo económico entra en crisis y cuando la “mano invisible” de Adam Smith no regula por sí solo el mercado. Por eso, el EB es un agente para poder alcanzar la justicia distributiva y la igualdad de oportunidades; su labor para la mayoría de la población es sustancial. En él se encuentran los servicios públicos que ofrece, y que de otra forma si fueran privados y se tuviera que acudir al mercado, una gran mayoría de ciudadanxs no podrían disfrutar, solo aquellas clases privilegiadas que pudieran pagarlos (veáse aquí el caso de EE.UU). Por tanto, se perdería la base de la res pública actual que se erigen en las principales Cartas Magnas. En nuestro caso dentro de la Constitución de 1978.

Pese a la gran trasformación producida en los últimos cuarenta años en el EB español, es de los países que tiene mayores tasas de pobreza (veáse datos de 2016 de Eurostat aquí) en comparativa con los países europeos, y sufre una de las más altas en pobreza infantil (ver aquí), similares a países como Bulgaria o Servia. Y se debe, según Roberto Velasco (2019), al no haber alcanzado un EB como el de nuestrxs vecinxs europexs por dos cuestiones primordiales que sufre la fiscalidad de nuestro país:

  • Altos niveles de economía sumergida y vacíos de fraude
  • Ineficiencia recaudatoria

Como señala el autor, “España es uno de los países con menor presión tributaria, al recaudar una media de siete puntos porcentuales menos que la media de la eurozona, y es como consecuencia de recaudar menos que el resto en IRPF, cotizaciones sociales e IVA” (Velasco, R. 2019: 262). También, como señala Riccardo Petrella (2013), y que ya hablé en el post anterior, el poder que tienen las empresas es superior. Si se compara con el PIB de los países, de las 50 potencias, 12 son empresas privadas. Pero si se habla de 100 potencias, casi la mitad, 41 son multinacionales.

Es así como, con la globalización (Petrella, 2013), las mismas han ejercido presión y han conseguido que los gobiernos de turno implementen políticas que les favorezca y les beneficie. Y como consecuencia de eso se reduzca la riqueza común y compartida. Cuatro de esos beneficios para las empresas:

  • Liberalización del intercambio comercial y de las finanzas
  • Desregulación de los mercados y de sectores enteros de la economía
  • Reducción de impuestos
  • Privatización de la mayoría de las actividades económicas y sociales

Entoces, ¿quiénes dirigen los estados? En España, por ejemplo, pudimos comprobar cómo se inyectó dinero público a la Banca tras la quiebra de la misma (ver noticia aquí). Ese traspaso de riqueza de toda la ciudadanía a manos privadas se defendió porque, según expertxs, entre ellos el Banco de España, el país entraba en un “pozo sin fondo”. Se imaginan ustedes, ¿qué habría pasado si no se hubiera hecho y se hubiera optado por transferencias monetarias para el consumo de las familias?

La ciudadanía se hace cargo de las pérdidas de las empresas, socializándolas: el comunismo de pérdidas se llama. Mientras que los beneficios de esas mismas empresas se individualizan y se quedan en el bolsillo de las de siempre, de las élites. Y he aquí, lo que hoy se conoce como el nuevo capitalismo, donde el Estado salvaguarda el mantenimiento del mismo a través de la población, independientemente de dónde esté esa población en la escala social. Y las nuevas políticas neoliberales (veáse las medidas impuestas de la Troika) reducen lo público, lo común.

El problema se encuentra en esas fallas de los estados, donde la naturaleza de la comunidad pierde fuelle entre quienes dominan, y a quienes les interesa que los pilares de los estados desaparezcan o se reduzcan a lo mínimo. Y se explica porque las personas que están dentro de algunos partidos en el Poder tienen intereses en los mercados. Sin embargo, los comunes, que tenemos interés en el avance de la res pública, defendemos el mantenimiento del EB.

Esas mismas personas, para que pierda credibilidad el EB se aquejan de la ineficiencia y el monopolio que supone, o mejor dicho, que suponía la res pública, y no quieren ver la ineficiencia de lo privado (ej. en España tenemos con las gestiones de los hospitales públicos que se han trasladado a manos privadas). Y esto es mucho peor porque desvirtúa lo que de ello se deriva para la mayoría social: una coalición para que todas las personas tengan las mismas oportunidades de desarrollarse, promoviendo la asociación para mejorar toda la sociedad. No exclusivamente unos pocos.

El “alma” de las Democracias de este siglo, y que se conformó en el pasado, son el mantenimiento de los servicios públicos. De ellos surge para constituirnos como una nación porque revierte en todas las personas. Sin lo público no existe colectividad, no existe solidaridad y por tanto no hay patria. Porque la Patria, la verdadera de himnos y banderas, es aquella que promulga lo que compartimos como ciudadanía: conjuntamente disfrutamos y nos beneficiamos todas, independientemente de nuestras circunstancias de partida. Gracias a eso, nos podemos sentir parte de algo más grande: la riqueza de lo universal, lo que los griegos llamaron politeia y los romanos res pública.

Constitución de 1978

Bibliografía:

Petrella, R. (2005): El derecho a soñar. Propuestas para una sociedad más humana. Ed. Intermon Oxfam

Velasco. R (2019): Las fisuras del bienestar en España. Ed. Catarata

Categorías Sin categoría

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto:
search previous next tag category expand menu location phone mail time cart zoom edit close