Democratizar los cuidados

¿Espacio exclusivo (excluyente) de las mujeres?

Desde que se introdujera en el debate los permisos intransferibles, algunas mujeres han hecho eco del espacio del cuidado como algo atribuido como propio y germen de su identidad. Y han querido que se incorpore en la arena política para transformar el discurso, llamándolo “maternidades feministas”. Parten de una premisa esencialista, en la cual, parece ser solo exclusivo de nosotras y donde los hombres no pueden adentrarse porque nosotras mismas no queremos; defendiendo el “territorio” como inherente. Muestran, una vez más, que “nos gusta mantener nuestra propia condena”: trabajar gratis en el ámbito doméstico-privado y ser sujetas proclives a la pobreza, y con ella sentenciar a nuestras criaturas.

Parece que vuelven las idealistas caídas del “ángel del hogar” o la “perfecta casada” (véase la doctrina nacionalcatólica en la época franquista aquí) y quieren que continuemos en ese espacio, del que nunca nos hemos ido totalmente. Ha nacido una plataforma llamada PETRA que reivindica el cuidado como algo natural de las mujeres, y cuestionan la infravaloración que han hecho el Patriarcado y el Capitalismo de los mismos. Y aunque no les quite razón en algunas de las vindicaciones, es un error hacerlo hoy. Mañana no lo sé, pero hoy no, y menos en nuestro país: España. País conservador para algunas cuestiones como la que trato hoy y con un Estado familiarista (véase tipos de Regímenes de Bienestar aquí) donde las mujeres seguimos siendo cuidadoras (casi) en exclusiva. Y un problema, el tiempo(s) del cuidado, que hoy sigue sin resolverse si nos ponemos a indagar en las diferencias de género (brechas) en los diferentes espacios, entre el público-mercantil y el doméstico-privado.

Para que ustedes se sitúen: soy madre. Tengo conocimiento de causa, y algo superior que si no lo fuera. La mayoría de las personas que han tenido curiosidad en acercarse, han tenido la oportunidad de leer mi experiencia maternal. Cada post está impregnado de ello. Pero, es que además soy madre sola (monomadre) y de clase obrera (media-baja para los que creen que existe la clase media). Digamos que me encuentro en un paquete interesante para ser precariada en el mercado laboral. ¿Por qué les cuento eso? Porque en la vida hay que situarse y saber desde donde partimos. Y perdonen por ello, porque la maternidad cada una la vivimos de una manera, y no quiero ser sacrificada de por vida y menos sacrificar a mi hija. A unas cuantas les pueda parecer su experiencia maternal lo mejor de sus vidas, pero rehuyen de la diversidad familiar y marcan a otras el mundo heteronormativo por antonomasia. Y aquí la sororidad, amigas, cuando se plantea la transferencia de los permisos no existe, porque hay que pensar en todas las mujeres y tienen que saber abandonar las posiciones privilegiadas. Ahora les argumentaré.

Semanas atrás, vía twitter, tuve una discusión con una mujer que defendía los permisos transferibles. Según su perfil en RRSS, es especialista en Derecho, Salud e Infancia. Para ella es “muy importante que los permisos de paternidad sean transferibles para que cada familia se organice como quiera”. Abogando por la “libertad de decisión” de sus miembros. Además, apunta, que “la biología de las mujeres, después de 9 meses de embarazo, sufre un gran cambio, lo que hace que necesite más tiempo de recuperación.” En esto último estaría de acuerdo por todos los cambios hormonales, aunque, sin olvidar, a las mujeres en las familias adoptantes, por ende, del todo mucho sentido no tiene. Y con la primera tesis, evidentemente no la comparto.

No le quise personificar mi caso. Porque cada mujer tenemos un embarazo, un parto, un recobro y adaptación distinta a la nueva vida con la criatura (en el caso de maternidad biológica). Y cada una de nosotras partimos y nos situamos en el mundo de forma muy diferente. Lo que sí hice fue rebatirle con datos. Datos que hoy traigo aquí, porque las teorías sin números no se sostienen y son una manera de ratificar lo que hoy defiendo: la democratización del cuidado y la necesidad de que los hombres participen activamente en ello, por derecho y por deber de los mismos para con sus criaturas (Volviendo a la heteronormatividad).

Mantengo la tesis en que la maternidad/paternidad tiene que ser una cuestión política, no una cuestión “privada” y exclusiva de las familias, tal como se lleva haciendo en nuestro país. Considero que es imprescindible transformar el discurso respecto a los cuidados, pero siguiendo la línea feminista igualitaria de incorporación del hombre en dichos trabajos. Para así, algún día, los cuidados sean una cuestión social, transversal y el Estado pilar que los costee. Porque así verdaderamente las mujeres seremos sujetos libres. Y no como la corriente feminista que aboga por situarnos en la línea de la diferencia, esclavizándonos a la dependencia, y por tanto a la pobreza de la mayoría de las mujeres.

Permisos transferibles: no gracias

Cuando las distintas partes tratan de defender los permisos transferibles, se fundamentan en la supuesta libertad existente dentro de la organización familiar. Como si las personas en la familia eligieran libremente unas opciones u otras y, si bajo la misma, se dieran ideales de armonía y altruismo de sus miembros; sobre todo, por la parte que les toca a las mujeres. Olvidan las relaciones de poder que hay dentro de la misma y la situación jerárquica existente que no ha desaparecido en la actualidad.

La literatura económica feminista se refiere a esa libertad como una construcción más del capitalismo (liberalismo ideológico) en el que se presenta la individualidad como base incuestionable de todas las personas (véase aquí la tesis doctoral de Pérez Orozco, A: 2006). Sin embargo, dejan de lado la parte más económicista dentro de la pareja. Porque no olvidemos que el “amor” es un contrato, tiene derechos y deberes. Por eso, hay que estimar dicho factor ya que podría ser determinante en las decisiones que se toman dentro de la misma.

Sería incongruente abocar a las mujeres a la dependencia “elegida” y no tener en cuenta las restricciones que existen previamente por otros elementos y/o circunstancias. Ejemplo sería la estructura del mercado laboral, la cultura de roles diferenciados entre sexos y la división sexual del trabajo o la situación cultural de un país donde se va a implementar dicha política.

Cualquier debate de este calado es necesario hacerlo contextualizándolo, porque cada país ha desarrollado un Estado de Bienestar distinto, donde las políticas se han formulado de maneras diversas y adaptándose al entorno. No se puede pretender, en el caso de la maternidad/paternidad que es tan sustancial para la vida de las personas progenitoras, dejar de lado otros aspectos situados, sin analizar el marco histórico, cultural y social. También, no hay que olvidar, el aspecto ideológico (dominante). Es decir, hay que tener claro el sesgo de género y la visión androcéntrica de las políticas públicas y de cómo se conforman. No sopesar esas variables en el estudio y el impacto que puede llegar a tener sobre un determinada parte de la población, es, a mi parecer, ciego a una reflexión pormenorizada sobre el tema.

Hoy lo traigo aquí porque considero fundamental rebatir la idea de la transferibilidad de los permisos y se debe analizar el impacto de género que conllevaría tal medida.

Quizá la ampliación del permiso de maternidad en exclusiva podría parecer que mejora ese primer año de recuperación y unión para con la criatura, pero, en mi opinión, puede ser un lastre más para las mujeres y para su inserción en el mercado laboral. Como ya he comentado, no se puede olvidar que no todas las mujeres tienen la misma posición en el mundo. Máxime, para aquellas que originariamente se sitúan en circunstancias más vulnerables, y donde otras variables como la edad, el estado civil, la raza, la nacionalidad o la clase social, afectará en uno u otro grado. Por tanto, ésta medida podría llegar a perjudicar indirectamente a las mismas.

Dos cuestiones en las que insisto:

  • Los derechos sociales, tales como el paro o la pensión, sólo se adquieren mediante la cotización con un empleo.
  • Si se ponen trabas a la inserción laboral de las mujeres es poner más barreras a la autonomía e independencia económica de las mismas, y por ende, a su libertad vital.

Datos en España de permisos de maternidad, excedencias por cuidados, tiempos de empleo y pensiones.

Permiso compartido en maternidad biológica

Fuente: Seguridad Social. Elaboración propia.

Como se puede comprobar en el gráfico sobre permisos de maternidad: son minoritarios aquellos progenitores (hombres) que se acogen a la parte transferible. Tan solo el 1,2 por ciento deciden optar a las semanas de las que disponen por ley. Sin embargo, la totalidad del mismo suele ser tomado en exclusiva por la madre. Por tanto, es de prever que si en España se aplicara un permiso de paternidad transferible, finalmente, quiénes se acogerían a él serían las mujeres. ¿Y que sucedería después?

Esa transferibilidad de la que se discute porque las familias se organizarían como quieren, acabaría siendo que las mujeres se quedarían con sus criaturas porque lo desearían, y preferirían acogerse a más semanas de permiso. Llegando a lo de siempre: las mujeres “deciden” ser cuidadoras en (casi) exclusiva y económicamente dependientes. Ratificando, una vez más, nuestra propia cadena perpetua.

Lo que no han hecho las mujeres que defienden el permiso transferible es adentrarse en otras restricciones, como ya se ha señalado. Cuestión imprescindible para seguir argumentando por la defensa de los permisos intransferibles. Las mujeres son las que tienen salarios más bajos, mayor parcialidad y en el caso de familias monomarentales (una sola progenitora a cargo de criaturas) mayor tasa de riesgo de pobreza, lo que conllevaría un empeoramiento de la situación de la mayoría de las mujeres: la discriminación estadística (afecta a todas las mujeres) sería la norma y solo algunas podrían salir de la situación de precariedad: mujeres alineadas por situación social/económica privilegiada.

Y yo me hago una serie de preguntas, ¿qué pasaría si se ampliara aún más las semanas de maternidad en nuestro país?, ¿han pensado en la estructura de nuestro mercado laboral?, ¿creen que existe “libertad de decisión” para tener criaturas y cuidarlas sin emplearse fuera?, ¿qué les pasaría a aquellas mujeres que deciden divorciarse y tienen que volver al mercado porque tienen criaturas, pero han estado x años como cuidadoras en exclusiva?, ¿y qué harían aquellas mujeres que quieren ser madres en solitario?, ¿y con las mujeres que son trabajadoras domésticas y no están dadas de alta en la Seguridad Social como trabajadoras?

Para la primera de las cuestiones, ya lo he expuesto anteriormente, afectaría directamente en la visión económica de la disponibilidad de las mujeres para con el empleo, y que contestaría a la siguiente pregunta que he formulado: el mercado laboral español tiene un problema estructural con altas tasas de desempleo y temporalidad, unido a la baja inversión pública y empresarial en innovación y en I+D. Las reformas acaecidas han precarizado aún más la situación de las trabajadoras, la de los hombres también.- se llama “igualarse por abajo”-. Lo que, probablemente, afectaría más aún en la inseguridad laboral de las mujeres.

Si se continúa con el análisis, un permiso transferible no va a resolver que las mujeres sigan abandonando el empleo para cuidar. Porque, después del año ó 6 meses, las criaturas siguen necesitando cuidados, y por ello, será un parche que acabará echando a las mujeres (madres) del mercado y en casos muy excepcionales seguirán conservándolo. Y de hacerlo, la familia sopesará el coste de oportunidad por el empleo de la mujer respecto a los gastos que se derivan por la guarderia, el cuidado privado formal, las actividades extraescolares, etc (En España el coste del cuidado es privado, es decir son las familias las que tienen que pagar los servicios; véase La Política Familiar de Julio Iglesias de Ussel y Gerardo Meil: 2001). O se decidirá, como ya está pasando, en no tener descendencia. Y aquí no se tratará porque se hará en el siguiente post.

Excendencias por cuidados de personas dependientes

Fuente: Seguridad Social. Elaboración propia.

Como se puede comprobar en las excedencias por cuidados, son las mujeres las que, para el primer semestre de 2018, tomaron el permiso. Un total del 90 por ciento de las mismas, y donde los hombres representan el 10 por ciento. Aspecto a apuntar, porque es un periodo en el que la mujer abandona el mercado, pero que a largo plazo le afectará negativamente: sus opciones de desarrollo profesional o de reinserción, si es despedida al poco tiempo de incorporarse, será una barrera que la condicionará a lo largo de la carrera profesional. Pero es que además su pensión contributiva, si accede a ella, se verá afectada, lo que la limitará aun más a lo largo del ciclo vital (ver artículo de cómo afecta las excedencias por cuidados a la cotización aquí).

Históricamente el empleo de las mujeres se ha visto como secundario, por eso la inserción real aun sigue siendo una utopía. También, los sindicatos y partidos políticos en nuestro país han reforzado y defendido la posición del hombre en el mercado, pero no la igualdad real de ambos para el empleo y la asunción equilibrada del trabajo doméstico y de cuidados (véase políticas de empleo y familiares en España en el siglo XX). Por eso, ninguna corriente ideológica ha pretendido una gran metamorfosis, salvo avances en materias muy concretas durante los últimos años y gracias a la presión del movimiento feminista. De ahí que la decisión de tener criaturas sin pareja es casi inviable para la mayoría de las mujeres, y si se encamina una a ello, se corre un gran riesgo. Por eso, y siento ser contundente, el Estado a través de las políticas fiscales, de empleo, sociales o familiares conduce indirectamente a vivir en pareja y a tener descendencia de esa forma. Y de ahí que la libertad para tomar unas decisiones y no otras están supeditadas a otros factores.

Tiempo medio trabajos durante la semana

Fuente: Elaboración propia. A partir de los datos del INE de la Encuesta de Condiciones de Vida de Euroform.

Si se observa el gráfico se puede desprender de él tres aspectos:

  1. Mercado: mientras que las mujeres se emplean menos tiempo, con una media a la semana de 33 horas. Los hombres, por el contrario, realizan casi la jornada completa, con una media de 39 horas a la semana. Una brecha de género de – 6 horas, lo que hace preveer que las mujeres tendrán menos dinero disponible dada su menor participación en horas durante la semana en un empleo remunerado.
  2. Cuidados: tanto en el trabajo doméstico como en el cuidado de las criaturas son las mujeres las que dedican más horas durante la semana. Supone para las mismas 58 horas de media y supera la jornada completa del trabajo que se hace en un empleo en el mercado. Para el caso de los hombres, la media que dedican a dichos trabajos es 33 horas, una brecha de género de 25 horas a la semana respecto a las mujeres y lo que supone para las mismas horas de trabajo sin remunerar.
  3. Total de media de trabajos: como se puede comprobar se revierten las cargas horarias de un espacio a otro entre mujeres y hombres:
    • Las mujeres dedican menos tiempo al empleo remunerado. Y el tiempo que no dedican al empleo remunerado lo hacen para el cuidado y el trabajo doméstico. Además, si se observa la media total de horas de la semana que realizan para los diferentes trabajos, las mujeres tienen una media de 17 horas más de trabajos respecto a los hombres. Es decir, sufren una doble jornada de trabajo (sobrecarga de trabajo).
    • Los hombres, sin embargo, dedican más tiempo al trabajo remunerado. Las diferencias de tiempo en los espacios, tampoco explican la menor participación de los hombres para el cuidado y el trabajo doméstico, ya que, si se analizan las distintas jornadas, se puede comprobar que los hombres no asumen equilibradamente el cuidado y el trabajo doméstico tal como lo hacen las mujeres.

Pensiones: de viudedad y de jubilación

Fuente: Seguridad Social. Elaboración propia.
* Solo se han tenido en cuenta para la elaboración dos tipos de pesión: viudedad y jubilación.

Antes de analizar el gráfico es necesario hacer un breve apunte respecto a los datos.

Hay que tener en cuenta que las personas que actualmente perciben las pensiones de jubilación tienen más de 65 años y refleja un modelo de sociedad obsoleto. Probablemente, más adelante, los datos se verán modificados por la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral a partir de los años 1990. Sin embargo, las mujeres nacidas en la época franquista, en su mayoría, eran educadas para permanecer en la esfera privada-doméstica, y es lo que hace que las percepciones sean muy dispares entre mujeres y hombres en la actualidad.

He querido escoger para el análisis la pensión de viudedad ya que vislumbra el modelo de familia tradicional predominante de la sociedad española y manifiesta, de una forma clara, la división sexual del trabajo, así como la dependencia de las mujeres según el modelo actual (véase la “inactividad” de la Encuesta de Población Activa aquí). En este tipo de pensión hay que tener en cuenta que puede haber perceptores/as jóvenes. No obstante, no se va a entrar a analizar (véase los requisitos de la pensión de viudedad aquí).

Una vez dicho esto, lo más destacable es, como se puede comprobar, las distancias entre ambas pensiones y la distinta magnitud en cuanto a género. Es así que 2 millones de mujeres reciben una pensión de viudedad frente a 185 mil hombres. Lo que hace suponer, y lo que se lleva aquí tratando, que dentro de la organización familiar hay una división de roles, donde la posición de desventaja la encuentran las mujeres. Pero lo más interesante de dichos datos es la cuantía de las pensiones. Se puede ver que el dinero disponible de las mujeres es siempre menor a lo largo del ciclo vital. A continuación se presentan en el gráfico.

Fuente: Seguridad Social. Elaboración propia.

Por un lado, las mujeres en sus pensiones de jubilación obtienen de media 455,38 euros menos que los hombres. Y, por otro lado, en las pensiones de viudedad aquellos hombres que las reciben por parte de sus mujeres fallecidas, ingresan 216,75 euros menos que las mujeres. Hay que tener presente que la media de salarios que perciben las mujeres respecto a lo hombres es más bajo, lo que a su vez afectará a la pensión de jubilación: a menor cotización menos pensión. Además, la intermitencia en la carrera laboral, como se puede comprobar, tiene mucho que ver con las desigualdades que se van manifestando durante y después de la vida laboral de mujeres y hombres.

Fuente: EPA; INE. Elaboración propia.

Conclusiones: socializar los cuidados entre Estado, empresa y sociedad

Volviendo al tema de partida: la transferibilidad de los permisos de paternidad. Como se ha podido ver a lo largo del análisis, sería un error en nuestro país que el permiso no fuese obligatorio para que los hombres se impliquen en el cuidado. Y aunque pueda parecer politamente incorrecto debe hacerse a “golpe” de ley. Ya se ha señalado las brechas de género en los distintos ámbitos y es necesario, que para poder transformar los espacios y que se haga viable lo que plantean algunas mujeres respecto al trabajo de cuidados, primero cambiar las dinámicas dentro de la organización familiar. Porque la presión social y el entorno, aunque no se crea, juega un papel determinante en las decisiones que se van tomando a lo largo de la vida.

Para cerrar, la última imagen presenta para mí la esencia de las transformaciones, y lo que debería de hacerse:

Fuente: Elaboración propia
  • ¿Podremos soportar las mujeres el cuidado en el futuro casi en exclusiva teniendo en cuenta el envejecimiento poblacional?
  • ¿Los hombres seguirán sin asumir su responsabilidad para con el cuidado de las demás personas (y de sí mismos)?
  • ¿Existe un Estado del bienestar real en nuestro país?
  • ¿Las empresas seguirán perdiendo el talento femenino?
  • ¿La economía se puede permitir vivir a espaldas del bienestar y el cuidado de las personas?

Esperemos que todo cambie…

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Permisos de cuidados intransferibles enfocados a las familias monoparentales

Por una legislación que nos visibilice

(Proposición de Ley relativa a la reforma del sistema de permisos y prestaciones para el cuidado y atención de menores por parte de sus progenitores/as, en casos de nacimiento, adopción, guarda con fines de adopción o acogimiento.) Ampliado el plazo de enmiendas hasta el 27 de Noviembre. Disponible para su lectura en: http://www.congreso.es/portal/page/portal/Congreso/PopUpCGI?CMD=VERLST&BASE=pu12&DOCS=1-1&DOCORDER=LIFO&QUERY=%28BOCG-12-B-254-1.CODI.%29#(P%C3%A1gina1)

Estos días en el Congreso se está debatiendo la puesta en marcha de una Ley de permisos y prestaciones por cuidados instransferibles. Es decir, con ella se pretende que el derecho a cuidar sea un derecho individual. Se puede considerar innovadora esta Ley porque el cuidado siempre se ha entendido como algo natural a las mujeres, y desde ahí se ha construido un mundo totalmente separado, donde se nos ha dejado subordinadas. Por tanto, esta futura Ley rompe con lo establecido.

Hay que insistir que en el ordenamiento laboral no hay ningún derecho que se pueda transferir. Como por ejemplo, las vacaciones o los días libres.  Lo que supone que dichos derechos solo pueden ser ejercidos por la persona causante de los mismos. Y en este caso el derecho a cuidar empezará a ser un derecho como tal (deber).

Dicha medida se presenta para alcanzar la igualdad de trato y oportunidades entre mujeres y hombres en el ámbito laboral.Es decir, es necesario que se trasforme el ámbito del cuidado para que un día en el ámbito laboral no existan prejuicios por nuestro sexo-género (discriminación estadística). Y no por ello, se va eliminar importancia o valor a dichos trabajos (ya que actualmente tampoco los tienen).

Bajo mi punto de vista es imprescindible hacerlo así porque, como bien señalan en dicha proposición, las mujeres nos enfrentamos a la “consecuencia inevitable de la actual legislación […]” donde  “los/las empleadores/as toman en cuenta la mayor duración del permiso de maternidad, así como el hecho de que son las mujeres (y no los hombres) quienes mayoritariamente se acogen a las reducciones de jornada y a las excedencias.” (Página 4, letra f de la Proposición de Ley)

La desigualdad en el ámbito del cuidado nos afecta negativamente a las mujeres porque a largo plazo nuestra inserción y promoción en el empleo se ve menoscabada. Esa inestabilidad laboral produce situaciones de vulnerabilidad y “dependencia” en el presente y en el futuro de la vida de las mujeres, y por tanto nuestro poder de dicisión se ve limitado. Considero que eso es necesario cambiarlo si queremos alcanzar la Igualdad Real. Y cuando hablo de igualdad real es igualdad de oportunidades.


En el caso de las familias monoparentales partimos de una desventaja social, donde nuestra situación es más difícil, porque interseccionan diferentes circunstancias sociales y económicas:

  • Cuestión de género: mayoría mujeres (89 por ciento somos cabezas de familia) lo que ello conlleva en el modelo patriarcal actual.
  • Cuestión de clase, raza, etnía, identidad sexual, etc. Y lo que podrá determinar aún mayores barreras para alcanzar objetivos personales.
  • Mercado laboral español: precariedad laboral, estratificación horizontal y vertical donde las mujeres nos situamos en sectores feminizados con bajos salarios, parcialidad, entradas y salidas del mercado laboral, periodos largos de paro, “inactividad” etc. Y también tenemos limitadas las entradas a los espacios de dirección de las empresas (techo de cristal).
  • Estado de Bienestar español (Estado familista): no existe una red pública dedicada al cuidado. Si nos fijamos cómo se reparten los cuidados dentro de la familia, las mujeres, por los roles que se nos han dado, dependemos de otras mujeres para poder emplearnos. Es la red familiar o demandando empleo precario de cuidados (economía sumergida) como resolvemos lo que el Estado no cubre.
  • Falta de Corresponsabilidad del Estado y las Empresas: Irreconciliable la esfera pública-mercantil y la esfera privada-doméstica. Ausencia de compromiso del Estado y las Empresas por no resolver  e implementar medidas para solventar los tiempos de ambos espacios. Y son los que tienen el poder de decisión para poder revertir la situación actual.
  • Falta de compromiso masculino: reticencias de los hombres a un cambio de paradigma donde ellos sean partícipes activos del trabajo de cuidados.

Hay que tener en cuenta, para situarse en el contexto español, que nuestro sistema de prestaciones sociales (paro, jubilación, etc.) y por ende, nuestros derechos, se adquieren a través del empleo. Si no se cotiza no se tienen derechos. Por tanto, es importante trasformar los roles y estereotipos de género si queremos avanzar a sociedades más justas e igualitarias. Si no empezamos por ese punto, considero que no se podrá hacer nada. Por eso hay que insistir en que todas las personas tienen derecho a ser cuidadas y todas tienen el deber de cuidar.

Ahora bien, ¿qué sucede con la diversidad familiar?, ¿dónde nos encontramos las familias monoparentales?

Está claro que los/as diputados/as siguen obviando la trasformación familiar y se han olvidado de nosotras. Los partidos siguen instaurados en la idea de familia biparental y heterosexual. Por tanto, siguen manteniendo y reproduciendo el modelo de familia tradicional. Con esta proposición de Ley, el resto de familias, y entre ellas, nuestras familias monoparentales, se encuentran invisibilizadas y discriminadas por varias cuestiones:

Si fuera aprobada sería una Ley inconstitucional. Porque como bien señala la CE en su artículo 14:

Los/as españoles/as son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

Nuestras/os hijas/os serían tratados de manera discriminatoria al tener su progenitor/a menos tiempo para los cuidados y se les diferenciaría nada mas nacer/adoptar. Además, la legislación no puede hacer distinciones aunque parezca neutral. Por ende, al partir de situaciones distintas, en el caso de las familias monoparentales, se deberá tener en cuenta esa ausencia de progenitor/a. Lo que supondrá que nosotras, como familias de un/a solo/a progenitor/a, tendremos que adquirir las semanas correspondientes para el cuidado de nuestras criaturas. Y se basará según los recogido por la Ley para el/la otro/a progenitor/a.

También hay que fijarse en lo que señala la misma Carta (art.39, CE)  “obligación de los poderes públicos a salvaguardar los derechos de la infancia”independientemente de la situación de los/as progenitores/as.

Además los poderes públicos deben asegurar:

– La protección integral de los hijos, iguales éstos ante la ley […]

¿Y nuestros/as hijos/as? ¿cómo van a recoger los poderes públicos nuestros derechos?

– Los padres deben prestar asistencia […]

Si de partida nos tratan de manera distinta, ¿cómo les vamos a prestar asistencia como otras familias?

– Los/as niños/as gozarán de la protección prevista en los acuerdos internacionales que velan por sus derechos.

Toda normativa que se firme en Tratados Internacionales debe ser respetada, y si son vinculantes por los Estados firmantes, se puede llegar a considerar una vulneración de Derechos Humanos. Lo que se podrá reclamar ante los Tribunales competentes en dichas materias.

Pero es que la propia Constitución recoge en su art. 9 que “todos/as los/as ciudadanos/as y los poderes públicos están sujetos a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico.”

Y para ello está previsto que:

Los derechos y libertades reconocidos […] vinculan a todos los poderes públicos. Sólo por ley, que en todo caso deberá respetar su contenido esencial […]. (art.53.1 , CE)

Además:

Cualquier ciudadano/a podrá recabar la tutela de las libertades y derechos reconocidos en el artículo 14 […] ante los Tribunales ordinarios […] (art.53.2, CE).

Es así que la igualdad, como  derecho fundamental que es, no puede ser lesionado por los Poderes Públicos.

Si no se refleja a las familias monoparentales en la proposición de Ley, estarán siendo tratadas de manera discriminatoria por las instituciones del Estado. Y no sólo perjudicará a las progenitoras de las familias, también, y lo que es mucho más importante, a los/as hijos/as de éstas. Ellos/as tienen el mismo derecho a desarrollarse que el resto de niños/as.

Es por eso que se hace indispensable que se promuevan políticas públicas donde las familias monoparentales estén presentes. Necesitamos ya:

1. Una Ley específica para que nuestras familias sean conceptualizadas y visibilizadas, como ya se ha hecho en algunas Comunidades Autónomas. Es necesario e imprescindible hacerlo desde el Estado para acabar con las desigualdades entre los distintos territorios.

2. Que la legislación en trámite, como la proposición de Ley de Permisos Intransferibles, refleje la diversidad familiar. Si el Estado reproduce el modelo dominante de familia seguiremos estando en una posición subordinada en la sociedad.

Porque nuestros/as hijos/as TIENEN LOS MISMOS DERECHOS y DEBERES (en el futuro) que el resto.

Senorías, están ustedes sujetos/as a nuestra Constitución. No olviden que es nuestra columna vertebral y deben respetarla. Escuchen las demandas que les hacemos las familias monoparentales y tengan en cuenta, que tipos de familias hay muchas, y todas tendríamos que detentar los mismos derechos.

imagen de Viaje al centro de la Constitución

(El 6 de Diciembre se conmemora su nacimiento, esperemos que sirva para reflexionar)

Congreso Internacional de Familias Monoparentales

Los días 27 y 28 tuve la oportunidad de conocer el trabajo tan valioso que llevan a cabo las mujeres de las Asociaciones de Familias Monomarentales. He de decir que me pareció de gran acierto la jornada del sábado y la elección de las ponentes que participaron, especialistas cada una en su campo desde la perspectiva de género, fundamental para entender las políticas públicas a proyectar.

En el post de hoy traigo una síntesis de lo que se trató sobre los temas principales del Congreso: empleo, corresponsabilidad y tiempos de cuidado enfocado a las familias monomarentales. También quiero plantear una reflexión de lo que me trasmitieron las jornadas y de lo que se puede transformar a partir de este momento para visibilizar a nuestras familias desde un nuevo enfoque.

Empleo, corresponsabilidad y tiempos de cuidado 

Los cuidados, como señaló Carmen Fernández, se deben democratizar.  Todos los agentes.- Estados, empresas y sociedad- tienen que ser partícipes y ser corresponsables; los cuidados desde una visión ampliada rompen con el marco “privado”: todas las personas somos interdependientes y a lo largo de la vida necesitamos ser cuidadas, unas veces más que otras, pero no hay que olvidar que es una necesidad vital y de ella dependemos todas las personas.

Varias cuestiones que se expusieron respecto a los tiempos del cuidado:

  • Economía del cuidado: visibilizar los tiempos que se dedican al trabajo de cuidados para darles valor en la sociedad (cuentas satélite) y así revalorizar el papel de las mujeres.
  • Romper con las diferencias del espacio privado-doméstico y el espacio público-mercantil. El mito de la “vida privada”: flexibilizar las jornadas adaptándolas al espacio que necesita cuidados para poder tener calidad de vida y comprometer a todas las personas a cuidar, independientemente de su sexo; también entre generaciones. Todas las personas tenemos el deber de cuidar.
  • Políticas sociales: invertir desde el Estado en la Economía del cuidado para acabar con la precariedad estructural que sufren (sufrimos) las mujeres en los distintos ámbitos, entre ellos el laboral. Transversalizar las políticas sociales y regular los tiempos en el ámbito laboral (espacio público-mercantil).

Desde la óptica del empleo, Eva María Blázquez, dio en una de las claves: la profesionalización del trabajo de cuidados. Así las personas (mujeres) dedicadas en el sector doméstico tendrán los derechos reconocidos como cualquier persona trabajadora. Como señaló la ponente “lo que no se paga no tiene valor”, y así sucede con el trabajo doméstico. Dos cuestiones primordiales de la formalización del trabajo de cuidados:

  • Pondría freno a la economía sumergida.
  • Daría reconocimiento económico y social.

Además, y como señalan especialistas como Teresa Peréz del Río, la legislación vigente en materia de conciliación genera el efecto contrario al deseado, ya que están enfocadas exclusivamente para que las mujeres cuiden: reducción de jornada, excendencias, etc.  y abandonen el mercado cuando son madres, lo que produce un efecto perverso:

  1. Soslaya la autonomía económica de las mujeres: pérdida de rentas presentes y futuras (cotizaciones con altas y bajas = pensiones más bajas, pensiones míseras).
  2. Esa pérdida de autonomía económica afecta en el poder de decisión de las mismas por la restricciones que ello conlleva.

La legislación, y por tanto el Estado, tiene que buscar la manera de implicar a todas las partes en el proceso, donde lo permisos por cuidados estén enfocados para que las personas trabajadoras, independientemente de su sexo, cuiden y se responsabilicen.

La monomarentalidad es un reto

Me planteo por qué en pleno siglo XXI el concepto de monoparentalidad está aún asociada a una connotación negativa. Considero que la imagen que se sigue mostrando de nuestras familias es de familias “rotas”, “desestructuradas” o de “abandono”: la autoritas del pater familias sigue presente, aunque no exista o se haya desvinculado de su descendencia, de una u otra forma. Y parece que nos falta algo, estamos “incompletas”.  La propia sociedad patriarcal alimenta esa imagen y se pone en cuestión que las mujeres podamos decidir según las distintas opciones que el mundo nos ofrece. Ser madres solas. Por eso el paternalismo y el machismo están muy presentes cuando se trata de nuestras familias.

El lenguaje forma el pensamiento y el Patriarcado, como sistema,  estigmatiza a l@s Otr@s: aquell@s que no cumplen con la norma.  Por eso nuestro tipo de familia aun estaría mal visto, porque da en lo más hondo de la jerarquía, donde la construcción de la familia ideal burguesa ha sido la base de nuestras comunidades. Nosotras transformamos el modelo ideal y además lo hacemos las mujeres: aquellas a la que se nos niega el poder.

Somos luchadoras contra un sistema que nos oprime. Y son muchas las formas de subordinarnos. Entre ellas está que nuestro modelo de familia aun no se considere como tal porque no cumple con la norma social.

A partir de ahí nos queda un camino por recorrer:

  1. Que la sociedad deje de estigmatizarnos. Somos monomarentales por elección propia, independientemente de nuestra llegada a ella. Como dijo la fundadora y pionera de la primera Asociación de Familias Monomarentales, María García,   “somos madres monomarentales hoy y siempre”. Nuestro estado de maternidad monomarental es permanente.
  2. Visibilizarnos desde la diversidad. Cada familia monomarental tenemos unas circunstancias sociales, económicas y culturales distintas. Nos interseccionan la clase, la nacionalidad o nuestro propio estado civil pero no por ello no tenemos una serie de objetivos comunes y compartidos.

Vamos a luchar juntas con sororidad, unión y metas conjuntas

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Familias monoparentales: la demanda que nunca llega

Diversidad de tipos de familias: las familias monoparentales 

Con la celebración de día de la familia, las asociaciones de familias monoparentales de toda España se reunieron para pedir al Gobierno -anterior- una ley a nivel estatal que unifique y dé respuesta para este tipo de familia, con unas necesidades concretas y con unas características que colisionan con el tipo de familia ideal:  patriarcal, biparental y heterosexual. Cuando se dice que choca con el tipo de familia ideal es por la construcción que se ha hecho del modelo de familia, a través del ideología hegemónica en donde las mujeres han tenido un papel relegado. Por eso, las familias monoparentales golpean en la esencia del patriarcado y subvierten el statu quo dominante, visibilizando las discriminaciones que existen entre mujeres y hombres.

Hoy hago una aproximación a lo que se considera familia monoparental, teniendo en cuenta algunos datos para situarlo en el caso español. Como se verá más adelante, los datos del INE revisados para este post señalan que el 83 por ciento de las familias monoparentales en España están formadas por una mujer como cabeza de familia, por lo que hay que considerar que existe una cuestión de género. Eso supone una dificultad para las mismas por la situación de discriminación existente.

Se explicará qué es la familia monoparental para entender las diferencias de unas y otras, porque se parten de realidades distintas y se exigen una serie de circunstancias concretas dependiendo para cada caso de familia monoparental. Por tanto se acercará las vías de acceso a la monoparentalidad.

Visibilizar este tipo de familia es imprescindible por dos cuestiones:

  • Para romper con los estereotipos y prejuicios acerca de la monoparentalidad. Esa  “anormalidad” en la maternidad que se daba en tiempos de la dictadura. Las madres solteras eran repudiadas y no reconocidas como familia. La sociedad estaba marcada por el imaginario autoritario y diferencial de roles entre mujeres y hombres y se fundamentaba por la ideología franquista: el nacionalcatolicismo. Ésta basada en  tres pilares: Estado, Ejército e Iglesia. La última imprescindible para establecer el control de la moral en la sociedad y condicionar el papel de las mujeres de la época.
  • Por justicia social e igualdad. El reconocimiento de la familia monoparental como un tipo de familia más, con unas características distintas a la nuclear, para que así los/as hijos/as de este tipo de familia, con las diferencias de grupos de monoparentalidad, tengan las mismas oportunidades y se dé igualdad entre los/as niños/as, teniendo en cuenta que una sola persona es la responsable principal del cuidado, con las dificultades que eso puede entrañar. Por ende, con una legislación que normalice y ajuste las necesidades de este tipo de familia al contexto actual.

Una experiencia propia para entender la monoparentalidad

Si algo ha cambiado mi vida de manera radical ha sido mi hija. Con ella me he dado cuenta de cómo el trabajo de cuidados ha sido invisibilizado y renegado a un espacio olvidado de la sociedad. Las mujeres han tenido todo el peso de esos cuidados sin tener constancia del enorme valor que han aportado y aportan a la sociedad, y ello se debe a la infravaloración que se hace de la maternidad y de todo lo que le rodea.  Ser familia de una sola progenitora me ha ayudado a ver ese mundo del cuidado,  paralelo al mundo del mercado. Y podría confirmar que existe un olvido consciente y generalizado en las políticas públicas enfocadas a las familias, y en concreto a familias diferentes a la tradicional.

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Imagen: El Dictamen, marzo 2018

El modelo familiar ha cambiado. Lleva transformándose hace años (Alberdi, 1999). Sin embargo, impera aun el ideal de familia nuclear: hombre, padre, proveedor y cabeza de familia y mujer, madre y cuidadora única de la prole. El resto de tipos de familias están excluidas en un segundo plano porque se salen de la norma, por ende, el reconocimiento social no existe y se las invisibiliza. El problema viene cuando se da un vacío político porque el Estado no contempla otros modelos y las instituciones no responden de manera adecuada a las demandas de la sociedad, lo que supone un problema para las familias. Es por eso que es imprescindible adaptarse a los tiempos de hoy ya que el modelo de familia ha quedado obsoleto, y más si se tiene en cuenta el cambio experimentado por las mujeres en la sociedad.

Reconocimiento y empoderamiento de las familias monom(p)arentales

Las mujeres que formamos una familia sola en el contexto actual es un proyecto de vida rupturista e innovador y es un reto que interponemos a los Estados del momento.  Nos enfrentamos a un mundo donde se ha abocado a las mujeres al espacio de los cuidados, lo que produce un desequilibrio de tiempos ya que hay que hacer compatibles dos espacios: el espacio privado-doméstico y el espacio público-mercantil. Algo imposible en la actualidad. La ruptura que hacemos con el orden existente vislumbra las discriminaciones que perviven entre mujeres y hombres, y se hacen más evidentes en el tipo de familia monoparental porque una sola persona, casi siempre mujer, tiene que compatibilizar los cuidados con el mercado. Lo que colisiona con el sistema político, económico y social de hoy.

Las familias monomarentales desafían al patriarcado, al capitalismo y a los estados de bienestar. Visibilizan la insostenibilidad de un modelo que deja de lado el trabajo de cuidados. Es fundamental empoderarse por la vanguardia del modelo de familia, y verlo como transformador de una sociedad en constantes cambios.

Hay que romper con los prejuicios que rodean a este tipo de familia, y vislumbrar de manera positiva a las mismas.  Como ya se ha dicho, es una apuesta para reconducir el mundo tal cual se conoce hoy y enfocarlo desde una nueva perspectiva: una más inclusiva, justa y humana. Hacerlo desde una mirada ampliada donde se considere la diversidad familiar, encauzando las políticas a estas nuevas realidades para poder alcanzar la igualdad real del conjunto de la sociedad.

Familia monoparental: consideraciones teóricas

El término monoparentalidad (Barrón, 2002) es reciente. En el español se ha importado desde el francés, aunque nace de la expresión anglosajona one-parent. La categorización serviría para poder registrar y diseñar políticas sociales enfocadas en este tipo de familias. En el siguiente cuadro se traen las distintas definiciones de la literatura y las instituciones:

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 Caminos de llegada a la monoparentalidad

La entrada a la monoparentalidad es el  acceso a la condición del tipo de familia monoparental: un/a solo/a progenitor/a más los hijos/as (ya se ha visto las distintas definiciones). Como apuntan algunas autoras (Barrón, 2002; Almeda, S y Di Nella, D, 2010)  el camino hacia la misma puede ser directa o indirecta. La primera de ellas sería la que se conoce como maternidad/paternidad en solitario, ya sea por nacimiento, adopción o acogimiento. En este caso se decide ser familia de un/a solo/a progenitor/a sin pareja. Mientras que las indirectas se encontrarían por la viudedad, la separación o el divorcio. También se considerarían familias monoparentales aquellas en las que un/a progenitor/a se encuentra en régimen de prisión o periodos largos de trabajo fuera del hogar. Es importante, como señala Barrón (2002), conocer las distintas entradas a la misma por las  diferentes condiciones económicas, sociales y legales que pueden llegar a tener los grupos de familias monoparentales. De esa manera servirá para poder enfocar las políticas de manera más eficaz (análisis de impacto en políticas públicas).

caminos

Hay que subrayar que en España se da una ausencia casi total de políticas enfocadas a este tipo de familia. Es necesario adentrarse en las distintas legislaciones correspondientes de las Comunidades Autónomas (CCAA desde ahora), como por ejemplo Cataluña o País Vasco, para conocer cuáles son las medidas llevadas a cabo. Pero el Estado, y el Gobierno en su caso, es el garante y precursor de las mismas para igualar las desigualdades que se producen entre CCAA. Y con mayor justificación por lo que estipula la propia Constitución Española (CE, a partir de ahora) respecto a la protección de las familias y los/as niños/as:

Artículo 39

1. Los poderes públicos aseguran la protección social, económica y jurídica de la familia.

2. Los poderes públicos aseguran, asimismo, la protección integral de los hijos, iguales éstos ante la ley con independencia de su filiación, y de las madres, cualquiera que sea su estado civil. La ley posibilitará la investigación de la paternidad.

3. Los padres deben prestar asistencia de todo orden a los hijos habidos dentro o fuera del matrimonio, durante su minoría de edad y en los demás casos en que legalmente proceda.

4. Los niños gozarán de la protección prevista en los acuerdos internacionales que velan por sus derechos.

De esa manera se hace necesario realizar un análisis de la situación de las familias monoparentales, ya que estarían siendo tratadas de manera discriminatoria. Teniendo en cuenta el vacío legal existente en España, al no darse ninguna regulación, éstas familias estarían desprovistas de la protección esencial para que se desarrollen en los diferentes ámbitos de la vida de la misma forma que el resto de tipos de familia, considerando que el actual sistema se ha amparado y modulado en el modelo de familia nuclear.

Datos sobre monoparentalidad en España recogidos por el Instituto Nacional de Estadística (Año 2017)

Cuando se analizan datos estadísticos hay que tener en cuenta los sesgos androcéntricos. Es decir, la mirada viene determinada por el contexto en el que se conforman esos datos. De ahí  que para algunas cuestiones, como la que se analiza hoy, sea “ciega” porque no se ha considerado de importancia para la investigación. La monoparentalidad, al trabajar los datos con hogares y no con la unidad familiar, no visibiliza el impacto real de la misma. Es decir no se tiene en cuenta las familias monoparentales que convivan en otros hogares (ese, por ejemplo, sería mi propio caso). Por tanto solo se recogen los datos sobre familias monoparentales que forman un hogar independiente. Además, en la recogida de datos tampoco se tiene conocimiento de cuántos hijos/as hay en los hogares monoparentales.  Algo a señalar y que sería importante para la investigación. No es lo mismo ser un hogar biparental con dos hijos/as que un hogar monoparental con el mismo número de hijos/as.

Aunque en este post no se puede desarrollar la crítica a la construcción del conocimiento social, se puede advertir que existen carencias para acercarse a ciertos hechos  y cambios sociales, como la monoparentalidad en nuestro país. Por eso hay que remarcar que para completar los censos y  las estadísticas sería imprescindible “bajar a la tierra”, hacer trabajo de campo, y realizar el estudio desde la cercanía.

1. Número de hogares según tipo de hogar

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En la tabla que se presenta se pueden ver tres realidades:

a. El 22,5 por ciento de los hogares  son monoparentales en España. Si se compara con el caso de hogares biparentales con más de tres hijos/as (numerosa), y teniendo presente que en el caso de familias numerosas si existe una regulación, llama la atención que supongan para el mismo año el 7,5 por ciento. Superando 15 puntos porcentuales los hogares monoparentales. Es decir, una diferencia de 1.234,2 hogares están formados por una sola persona progenitora en comparación a las biparentales con más de tres hijos/as.

b. Se refleja en los datos que los hogares biparentales con un/a solo hijo/a es el que se elige por la mayoría. Un total del 36,2 por ciento de los hogares biparentales están formados por un/a hijo/a. Lo que puede indicar un cambio en la elección del número de hijos/as, y se podría decir que quizá vamos a una sociedad de hijos/as únicos/as.

c. Los hogares con más de tres hijos/as, es decir los considerados por la legislación como familias numerosas, es el tipo de hogar minoritario en España. Teniendo en cuenta los datos del año 2017, estas constan el 7,5 por ciento sobre el total de los tipos de hogar.

2. Hogar monoparental según el sexo de la persona progenitora

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Como ya había señalado en un principio, y así se desprenden los datos para el año 2017,  el 83 por ciento de las familias monoparentales están compuestas por una mujer como progenitora única y principal. Si se tuviera en cuenta otros datos por sexo como por ejemplo: tasas de paro, tasas de actividad, tipos de jornada, entre otros, y relativos al mercado laboral, podríamos hablar de un problema que hasta el momento no se ha resuelto. Las mujeres de este tipo de familias y sus hijos/as se encontrarían en situación de desventaja social y, por ende, con más facilidad para estar en riesgo de pobreza. Cuestión que hace preguntarse ¿por qué las instituciones aun no han legislado al respecto? Cuestión de voluntad política e interés.

3. Tasa de pobreza y exclusión social según el tipo de hogar. Índice AROPE*.

Encuesta de condiciones de vida

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Como se puede comprobar en el gráfico sobre pobreza y exclusión social(1) los tipos de hogar que están compuestos por una sola persona con niños/as y otro tipo de hogares con niños/as son las que se encuentran en unas circunstancias complicadas. El 47,9 por ciento de los hogares de una sola persona con niños/as(2) está en riesgo de pobreza y exclusión social, seguido por otro tipo de hogares con niños/as, con un 35,5 por ciento.

Teniendo en cuenta los datos del INE, los hogares monoparentales se encontrarían con una diferencia de 21,3 puntos porcentuales respecto a aquellos hogares con dos personas con niños/as; esto hace prever la existencia de una problemática sin resolver y que se hace imprescindible trasladar a la arena política.

Es evidente y de sentido común que los/as niños/as se ven afectados/as directamente por la situación de desamparo estatal que tienen ellos/as y sus progenitores/as. Algo que concierne al gobierno de turno, como una demanda de una parte de la sociedad,  ha de ser incluida en la agenda política de nuestro país y así revertir las cifras de la vergüenza y abandono a las que nos vemos sometidas las familias monom(p)arentales.


INDICADOR AROPE*

Tres situaciones (INE, 2018) se consideran para medir el riesgo de pobreza y exclusión social:

  • Personas que viven con bajos ingresos (60% de la mediana del ingreso equivalente o por unidad de consumo en el año anterior a la entrevista),
  • Personas que sufren privación material severa (4 de los 9 items definidos)
  • Personas que viven en hogares con una intensidad de empleo muy baja (por debajo del 20% del total de su potencial de trabajo en el año anterior a la entrevista).

  1. La tasa de riesgo de pobreza, como establece el INE, mide la desigualdad, no mide la pobreza absolutaCuantifica cuantas personas tienen ingresos bajos en relación al conjunto de la población.  Si se tiene en cuenta que el modelo actual está basado en las rentas que se obtienen a través del empleo es de esperar que cuanto peor situación laboral se tenga será más fácil encontrarse en dichas circunstancias.
  2. En el análisis de riesgo de pobreza y exclusión social, según el INE, se considera a los/as niños/as que dependen de los adultos todos/as los/as menores de 18 años y a las personas de 18 a 24 años económicamente “inactivas” (las comillas son mías) para las que al menos uno de sus progenitores es miembro del hogar.

BIBLIOGRAFÍA

Alberdi, I (1999): La nueva familia española. Madrid: Taurus, 1999. ISBN: 84-306-0349-2

Almeda, S y Di Nella, D (2010): Monoparentalidad, juventud y responsabilidad parental: Reflexiones e implicaciones desde una perspectiva no androcéntrica en Revista de Estudios de Juventud, ISSN-e 0211-4364, Nº. 90 (Ejemplar dedicado a: Juventud y familia desde una perspectiva comparada europea), pp. 143-160

Barrón, S (2002): Familias monoparentales: un ejercicio de clarificación conceptual y sociológica en Revista del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, Nº 40: pp. 13-30 Disponible en: http://www.empleo.gob.es/es/publica/pub_electronicas/destacadas/revista/numeros/40/trabajo40.pdf

Constitución Española (1978): Recurso online, disponible en https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-1978-31229

Instituto Nacional de Estadística (2018): Tablas datos:

 

 

Maternidad feminista: el poder de las mujeres

El poder silenciado

Llevo un tiempo reflexionando porque algunas feministas hablan de la maternidad  como si fuese el talón de Aquiles de las mujeres. Pretenden poner voz a todas, según el tipo de crianza que practican, y entienden que no existe la posibilidad en el que una mujer decida por sí misma, viéndose como una imposición del Patriarcado cualquiera de las opciones elegidas. Juegan como la ideología dominante en aras a que todo lo impregna. Y sin darse cuenta, homogeneizan el movimiento con un discurso silenciador de la(s) maternidad(es), como si fueran “madres superioras”. No ven posible que una mujer pueda empoderarse siendo madre. Caen en el paternalismo que tanto critican(mos) y además reducen la maternidad bajo un tipo de familia: la tradicional.

Hasta que no se viven las experiencias, pueden estudiarse e investigarse, pero nunca se pueden conocer de primera mano. Esa es la gran cuestión con la maternidad y el(los) feminismo(s). Y no se puede hablar desde una sola experiencia sino de todas aquellas vivencias que abarcan las mismas. Quizá, por eso, en el estudio de la maternidad siga sin existir un análisis pormenorizado, porque va más allá de la sociedad y entra en el ámbito de lo personal: cada cual su propia elección, teniendo en cuenta sus propias circunstancias y limitaciones. Pero sobre todo, porque se ve desde el reduccionismo ideológico: la crianza inexcusable.

En el caso que estoy tratando sobre la maternidad, el mensaje que manda el feminismo dominante, es la retahíla de trabajo “esclavo”limitante para las mujeres que la ejercen. Es un feminismo que sigue impregnando el discurso con un oscurantismo hacia una parte de las mujeres.  Porque se les olvida que hay mujeres que quieren ser madres, más allá de lo que ofrece en la actualidad el ámbito mercantil. Y la clave está que ese feminismo hace crítica de esas maternidades libres, sin poner en valor la maternidad y todo el trabajo que conlleva la misma.

Con la entrada del nuevo siglo, las diferencias que persisten entre mujeres y hombres respecto a los cuidados, vislumbran que éstas siguen haciéndose cargo del mayor tiempo de trabajo que implican los mismos, lo que produce su cuestionamiento, y se ve como un impedimento para las mujeres en el desarrollo de otras facetas, principalmente en el mundo del mercado. Y señalan que es una alienación de las mismas al Patriarcado, al sistema que las(nos) oprime. Por eso hay que huir de ella o buscar el compromiso del hombre en los cuidados. Quizá sólo así, creen(mos) que cambiará la situación actual.

Infravaloración del mundo femenino: el trabajo de cuidados

La falta de valorización que se ha hecho de la maternidad es una de las cuestiones que me planteo desde que fui madre. Y más si se tiene en cuenta que existe dentro del movimiento feminista una corriente que aboga por marcar las diferencias biológicas de hombres y mujeres, donde lo femenino sea revalorizado; el acercamiento a la naturaleza a través de ella, donde la maternidad es el eje de la metamorfosis. Como dice Patricia Merino (2018) “las mujeres solo vamos a ser reconocidas como iguales cuando la maternidad sea reconocida como una aportación imprescindible, fundacional y extremadamente valiosa para la sociedad”. Sin embargo, es un discurso que no ha calado, ya que lo que pretende el eje dominante, dentro del movimiento, es igualarnos a los hombres en el ámbito público, donde la existencia del ámbito que necesita cuidados, para que sobrevivamos y tengamos bienestar,  sea cubierto a través del Estado,– en el mejor de los casos- sino a través de empresas dedicadas a ello.

Tal cual se ha diseñado este mundo, solo se tiene en consideración aquellas actividades que aportan “riqueza” y “valor” al sistema. Esto es, las que se catalogan como masculinas,  abandonado las restantes y dejándolas en el olvido. Por tanto, es una necesidad salir fuera para tener “autonomía” económica. No obstante, en el contexto actual de precariedad laboral, las mujeres nos llevamos la peor parte, y las madres tenemos que hacer malabares para poder compaginar ambos ámbitos, lo que nos produce un problema a largo plazo. No sólo laboral, y por tanto económico,  sino también de salud. El estrés y la ansiedad merma nuestras vidas, lo que hace que no podamos ejercer nuestras maternidades en libertad.

En la actualidad jugamos con las reglas del juego marcadas, y eso la corriente dominante no lo ha puesto en cuestión. Se duda que los hombres no se hayan incorporado a ese mundo de los cuidados, pero no se discute que ese mundo tenga un espacio en el mundo actual. Es decir, poner el cuidado en el centro de las políticas, para que el mundo del mercado se adapte a este y no al revés. Es así que se hace necesario transformar el espacio, dándoles cabida; hay que tener presente que estos, en una extensión generalista, están en todas partes, no sólo en el espacio privado-doméstico. Las personas necesitamos ser cuidadas en todos los ámbitos de la vida.

Mundo Ideal: el Estado de cuidados

Existe un mundo ideal y utópico: el Estado de cuidados. En ese Estado se ha decido priorizar por las personas y consideran que cuanto más y mejor cuidadas estén, el Estado ostentará más riqueza.  El Parlamento del Estado en su Constitución los ha blindado como derechos inalienables; ellos consideran que son fundamentales para el desarrollo de la sociedad. Por eso, en ese Estado, se fomentan políticas públicas transversales para que se dé armonía entre la vida y el trabajo. En ese mundo se paga a todas las personas cuidadoras que trabajan dentro de la esfera privada-doméstica. En ese mundo todas las personas conocen de primera mano qué es cuidar, ya que se enseña en las escuelas, en las empresas, en cada uno de los lugares donde se desarrollan cada una de las personas de ese Estado. No existe distinción por sexos, todos y todas cuidan. Es más, existe un día en la semana que se conmemora el Día del Cuidado, y se da las gracias por facilitar la vida a los demás.

Esa utopía que estoy contando no podría darse en el contexto actual, porque no habría ningún Estado que pudiera soportar tal situación. Vivimos en una sociedad en el que se ha priorizado el mundo del capital frente a la sociedad; un mundo bipolar, enfrentado y dividido. Pensemos que habría que remunerar a cada una de las personas que ejercen el cuidado. Estoy hablando, por ejemplo, de pagar a personas que en la esfera mercantil tienen a su cargo personal, gestionando y planificando el día a día de su plantilla. Esas personas en el mercado cotizan y tienen cierta “seguridad”. También esas personas cuando acaban su jornada laboral, y hasta el día siguiente, no comienzan otra. Eso es lo que hacen las personas que se dedican al cuidado, por asemejarlo al mundo del mercado, aunque con mayor carga personal y temporal: se reduce la vida de una a la de otra persona. Es por eso, que parece curioso que dicho trabajo no se haya puesto en valor y se considere como un trabajo menor, como si fuese sencillo y sin ninguna responsabilidad.

La maternidad poderosa

La maternidad da muchas herramientas que se pueden trasladar al mundo del mercado, al funcionamiento diario de las empresas; dando igual al sector al que una persona se dedique. Es interesante que si un hombre es padre eso le añade valor, muestra su responsabilidad para con los demás, y se ve como un punto fuerte. Para una mujer es todo lo contrario, es una lápida para su carrera profesional. La concepción de la maternidad en la mujer está subestimada, en ella se encuentra su propia naturaleza; la identidad que se nos ha adjudicado. Pero es por esa misma adjudicación, las mujeres podemos ejercer nuestro empoderamiento. A través de la maternidad en mi propia experiencia ha sucedido. Gracias a ella me he transformado y he empezado a replantearme todo lo aprehendido; haciéndome preguntas a mí misma del mundo actual. Un mundo injusto en todas sus vertientes.

Las estructuras que se han creado para supeditarnos siguen presentes. Por eso a través de las maternidades podemos deconstruir ese mundo desde varios focos:

  • Educando en el feminismo
  • Revalorizando el papel de las mujeres en TODOS los ámbitos
  • Construyendo puentes entre ambos mundos, el masculino y el femenino

No quiero renegar del poder que tengo como madre. Porque esa es la clave para transformar la sociedad. Si considero que esa maternidad,  y todo el proceso radical que conlleva la misma para mi vida, es impuesta y no valoro mi trabajo, estoy cayendo en el discurso que hace el Patriarcado para desvalorizarme como mujer, no solo como madre. Sé que todas las mujeres no serán madres, pero a todas nos identifican como mujeres. Y aquellas  que cuestionan nuestras maternidades están alimentando el discurso del Patriarcado.

Los cambios sociales se producen cuando existe conciencia colectiva, y siempre que el contexto facilite esa emergencia.  Si las mujeres vemos el poder inmenso que tenemos en nuestras manos podremos hacer el camino para revertir la situación. En mi caso educo a mi hija en el feminismo, aun con mis limitaciones, deconstruyéndome cada día de todo lo que aprendí. Porque también tengo actitudes machistas, pero sé que porto un arma poderosa: mi propio ejemplo.  

Porque para erradicar un problema se tiene que ir a la raíz del mismo. 

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Bibliografía:

Merino, P (2018): Maternidad y políticas: confusiones, falsedades y mandatos, disponible en http://www.pikaramagazine.com/author/patricia-merino/

La mujer en el mercado de trabajo: prejuicios y devaluación

Discriminaciones “invisibles”: la maternidad como barrera

En Economía se utiliza el concepto de devaluación cuando algo pierde el valor que tiene. En el caso que quiero traer hoy aquí, es la devaluación que sufrimos las mujeres en las distintas esferas,  centrando el análisis en el espacio económico cuando somos madres.  Hoy indagaré en las diferentes teorías que explican las discriminaciones que se producen en el mercado de trabajo. Acercaré mi experiencia concreta, a raíz de mis dos últimas entrevistas de trabajo, postulando a nuevos empleos. Siempre escribo desde mi experiencia de vida, por ello no quiero extrapolarlo a otras situaciones que parten desde otro punto de visión.

Las diferencias en Economía: una cuestión de género

Discriminación por razón de sexo:  a dos personas que tienen la misma cualificación se las trata de manera distinta por razón de su sexo.

Tres factores que pueden desencadenar las diferencias que se dan en el mercado de trabajo entre mujeres y hombres (Citado en Ribas Bonet de Reskin y Padavic, 1994):

  1. La asignación de tareas basada en el sexo de los trabajadores (división sexual del trabajo)
  2. El mayor valor otorgado al trabajo realizado por los hombres en relación al que realizan las mujeres (devaluación de la mujer y de su trabajo que desencadena un diferencial de salarios)
  3. la construcción del género en el trabajo por parte de empresarios y trabajadores.

Las teorías económicas (Lago Peñas, 1995) que analizan los distintos factores de discriminación existentes en el mercado de trabajo parten desde el lado de la oferta y el lado de la demanda.

Oferta

Teoría del capital humano:

Dicha teoría explica las diferencias que se dan en el mercado entre mujeres y hombres son producto de la cualificación y la educación formal. Es decir, según la misma, mujeres y hombres se rigen por términos de eficiencia. Mientras que los hombres invierten más tiempo en formación para luego emplearse en el mercado; las mujeres, por el contrario, dedican menos tiempo, ya que en el futuro pasan a realizar el trabajo de cuidados, dejando de lado o en un segundo plano el trabajo remunerado y, por ende, para ellas la formación pierde importancia. A éstas se las considera “sustitutas imperfectas” en el mercado, y se justifica por la falta de compromiso, ambición o menor productividad respecto a los hombres.

Demanda

Acercan la discriminación en el mercado laboral y en los aspectos de la estructura que perpetúan la desigualdad. Son varias:

  • “Gusto” por la discriminación: es un perjuicio personal por no asociarse a un grupo en particular. Algo así como sentir que se ocupa un lugar que no le corresponde a una persona.
  • Discriminación estadística: se trata a las personas de manera diferente en función de unas creencias o prejuicios. En este caso los estereotipos de género juegan un papel importante y primordial, sesgando la información (imperfecta) en función de las ideas preconcebidas de las “diferencias” entre mujeres y hombres.
  • Modelo “monopolístico”: pacto entre caballeros. Los hombres cierran la entrada a ciertos puestos a las mujeres.
  • Modelo overcrowding: se da por la diferencia salarial, ya que la demanda del sector femenino es menor que la oferta disponible. La movilidad laboral entre sector femenino y masculino no existe, ya sea por la discriminación o los muros del propio mercado, y lo que produce es una concentración de las mujeres en el sector femenino.
  • Modelos institucionales:  las diferencias existen por las rigideces del mercado de trabajo. De esta teoría surge la teoría del mercado laboral segmentado. Esta divide los trabajos en primarios y secundarios. Mientras que los primeros son de alta cualificación y especialización, los segundos tienen un reducido nivel de especialización y son de baja cualificación. Esta teoría explica las diferencias salariales que se producen a raíz de la concentración de los hombres en el primero y las mujeres en el segundo. Sin embargo, no encuentra el porqué de todo ese proceso diferencial y de retroalimentación.

Una experiencia propia para explicar la discriminación 

En el último año he ido investigando cómo puede afectar el perfil personal-profesional a la búsqueda de empleo en un portal de internet. Comencé con la búsqueda en septiembre de 2017. En el transcurso de ese tiempo he hecho dos entrevistas presenciales. El resto de las candidaturas soy eliminada o estoy en proceso, pero sin recibir respuesta para la entrevista personal. El perfil que utilizo es el mío, real. La situación de la que parto es como trabajadora activa en el sector del comercio. Mi experiencia data de 2005 hasta la actualidad. Sin embargo, tiene un inconveniente: estuve casi 4 años en desempleo. El cual no puede entenderse en el contexto actual donde se invisibiliza la maternidad y el trabajo que conlleva la misma.

Me he “enfrentado” a las dos entrevistas con sinceridad y convicción; he aceptado mi maternidad. Hacerlo así sólo me ha servido para devaluarme como trabajadora. El ser mujer es un problema en el mercado de trabajo, el ser madre es algo “atípico” o “anormal”. Las mujeres tenemos que demostrar que valemos para el puesto; nos tenemos que ganar la confianza de la persona que nos entrevista y tenemos que dejar claro que daremos más que nuestros homólogos hombres para el mismo.

Mi currículum, como he señalado, incluye una brecha de desemplo de casi 4 años.  Quiere decir que mi “cualificación” disminuyó por momentos, según el paso de cada año. Eso es un handicap según mis entrevistadoras. No obstante, yo “vendo” esos 4 años como muy productivos, porque así creo que lo fueron: acabé una carrera, un máster, y a la vez crié a mi hija. Un bebé recién nacido necesita muchos cuidados, para quien haya sido padre (corresponsable) y madre lo sabe. Los primeros años de vida son “mortales”, 24 horas del día en “pie de guerra”. Aunque, ya se sabe, el valor de la esfera doméstico-privada es nula. El trabajo de cuidados es invisibilizado por la economía y está infravalorado por la sociedad.

Ese “paro”, además, lo “decidí” por cuestiones económicas: el coste de oportunidad de volver a la esfera pública-mercantil era muy alto. Los empleos que encontraba no merecían la pena porque el coste de dejar a mi hija en una guardería era mayor. Éstas tienen unos precios inasequibles para la mayoría de la población. Y en el comercio, sector al que me dedico desde que empecé mi vida laboral, el salario es muy bajo.  Somos “las precarias”, y cualquier “lujo” extra es mejor ni planteárselo. De ahí viene mi desempleo de larga duración.

En las dos últimas entrevistas quise ser fiel a mi condición de madre, porque aunque quiero crecer profesionalmente, ahora tengo cierta “seguridad” y puedo permitirme  buscar empleo con total transparencia. Hablar de mi recorrido personal y profesional a lo largo de estos años me hace acercarme a mis metas, y me empodera. Todo lo que he conseguido hasta la actualidad, compaginando dos esferas irreconciliables y seguir formándome es un reto personal. Sobre todo,  me ayuda a saber lo que quiero para mi futuro y el futuro de mi hija. Ella es fundamental en todo el recorrido, porque gracias a ella me he transformado como profesional y como persona.

LA ENTREVISTA DE TRABAJO CON LA MATERNIDAD BAJO EL BRAZO

La primera de las entrevistas que hice fue para una compañía de RRHH. Al puesto que postulaba era para consultora-comercial. En ella se exigía una experiencia de un año en comercio, clara orientación al cliente, titulación universitaria y disponibilidad de lunes a viernes, hasta las 19 horas. Dicha empresa se etiqueta como precursora de la igualdad de oportunidades. En la entrevista no se me preguntó en ningún momento sobre mi vida personal, pero el lenguaje no verbal, y el discurso en torno a mi experiencia se entornó incómodo cuando hablé de las prácticas universitarias en temas de género. Pude ver cómo se me etiquetaba después de explicar mis anhelos y cómo me gustaría verme en un futuro.

Una vez que empecé a realizar el máster en igualdad, he dicho en casi todas mis entrevistas que quiero desarrollarme en el área de RRHH. Me gustaría verme como formadora de las personas que son seleccionadoras, porque éstas son fundamentales, ya que eligen el “alma” de las empresas. Para marcar la diferencia en las compañías somos primordiales las personas y el capital humano es la esencia de las mismas.

La segunda de las entrevistas, y última hasta hoy, fue para una compañía retail. Postulaba para directora de tienda. En ella se exigía experiencia gestionando personas, titulación de bachiller y disponibilidad total. Cuando empecé a hablar de mi recorrido, la entrevistadora, como la mayoría de las que me han entrevistado en los últimos años, me preguntó cómo había estado tanto tiempo en desempleo. Alegué que había querido dedicar unos años a la formación, y así acabar los estudios superiores que había comenzado. Ahí no dije que era madre. Fue cuando me preguntó porqué me había ido de la empresa anterior a la que me precede en la actualidad. Le expliqué uno de los motivos principales: la mala planificación y la falta de conciliación. No porque no me facilitaran conciliar, sino por la falta de previsión, y darme a entener que la empresa no se tenía que hacer responsable de las medidas de flexibilidad y de conciliación para facilitar a sus trabajadores/as compaginar vida profesional y familiar. Fue en ese momento cuando la entrevista para directora de tienda se centro en mi maternidad, cómo podría tener “disponibilidad total” para el puesto y si sería capaz de hacerle frente. Perdió todo valor mi experiencia, mi formación y la carrera que quería desarrollar dentro de la empresa.

Las personas seleccionadoras no tienen perspectiva de género, aunque éstas sean en su mayoría mujeres. No las culpo. El sesgo androcéntrico que tiene el mercado y la ideología hegemónica que envuelve el mundo, también rodea a las mujeres. Es muy difícil salirse de ese modelo y construir un paradigma distinto, donde los trabajos que se han considerado femeninos sean valorados y tenidos en cuenta. Pero es que hay que desaprender todo, empezando por una misma.

Se cree que mujeres y hombres tienen papeles distintos en la vida.  Es más, las cualidades y capacidades de mujeres y hombres no son bien vistas si no se relacionan con el sexo-género en cuestión. A una mujer se la valora negativamente por tener ambición, ser de carácter fuerte y querer desarrollarse profesionalmente. A un hombre eso nunca se le pondría en cuestión, ni se le recriminaría, y ni sería peor valorado por ello. Ya se sabe que  las mujeres “con carácter” son mandonas, los hombres son líderes.

¿QUÉ HACER PARA APREHENDER EL MUNDO?

Acercarse al feminismo. Si no se quiere realizar tal esfuerzo porque derrumba todo el castillo, simplemente aplique la legislación existente, tanto a nivel europeo como nacional. Lea los estudios de organismos económicos nacionales e internacionales, como por ejemplo del Consejo Económico y Social, para ver qué beneficios (económicos, sociales y culturales) aportaría a las empresas la igualdad. Porque aunque se vea como un desorden del mundo el que las mujeres nos hayamos incorporado al “mundo de los hombres”, aportamos otra visión, otra manera de entender ese mundo. Esto puede ser una contradicción, pero al ser educadas de manera distinta, las mujeres tenemos otra forma de asumir la realidad que nos rodea.

Y para realizar esa metamorfósis, ¿qué hacer? No tenemos que adecuarnos al estado actual, el statu quo hay que “erradicarlo”, tenemos que trasformarlo. Para ello se necesita:

INCLINAR LA BALANZA Y AJUSTARLA

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  1. COMPROMISO ESTATAL: PACTO DE ESTADO POR LA CONCILIACIÓN Y LA CORRESPONSABILIDAD. Visibilizar la Economía del cuidado a través de las cuentas satélite. Es necesario que el Estado tenga como pilar el bienestar social, con inversión pública en redes de cuidado.

    • Transversalizar las políticas y hacerlo desde la perspectiva de género. El impacto de las políticas públicas afectan de manera distinta a hombres y mujeres.
  2. COMPROMISO DE LAS EMPRESAS: UNA NUEVA DINÁMICA EMPRESARIAL
  • Cambiar los horarios y las costumbres laborales: el presentismo laboral es un problema.
    • Medir la productividad en función de los resultados conseguidos y no por las horas que se está en el puesto de trabajo.
    • Flexibilidad de entradas y salidas acordes a la realidad de las personas, adecuando el ritmo laboral al ritmo de la vida.
    • Jornadas continuas, sin pausas excesivas para la comida.
  • Corresponsabilizar a todas las personas para ser todas cuidadoras: Todas necesitamos los cuidados para vivir. ¿Cómo hacerlo? Incentivos, ascensos, mejoras horarias, vacaciones, etc. Visibilizando así la esfera que cuida a los seres humanos.
  • Formación obligatoria en perspectiva de género en todas la áreas: La diversidad es enriquecedora dentro de las empresas. Si se deja fuera al 50 por ciento de la población se tendrá una visión sesgada de la realidad. El mundo tiene que construirse desde múltiples ópticas.

Resultado: Una persona que pueda compatibilizar la vida con el empleo será más productiva, se sentirá más identificada con los valores de la empresa, y por ende, mejorará su actividad dentro de la misma.

Gana la empresa y gana el/la trabajad@r.

Bibliografía:

Lago Peñas, I. (2002): La discriminación salarial por razones de género: Un análisis empírico del sector privado en España. Reis: Revista española de investigaciones sociológicas, ISSN 0210-5233, Nº 98, 2002, pp. 171-196. Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=280860

Ribas Bonet, Mª A. (2004): Desigualdades de género en el mercado laboral: Un problema actual. Departamento de Economía Aplicada, Universidad de Las Islas Baleares. Disponible en: http://dea.uib.cat/digitalAssets/128/128260_4.pdf

 

 

 

 

 

Meritocracia para pobres: el negocio de la educación

Educación y clientelismo

El escándalo del Caso Cifuentes ha vislumbrado una práctica, al parecer bastante común, de las “democracias avanzadas”, o por lo menos de la España “democrática”. El clasismo está instaurado en nuestro ADN: a las personas se les mide en función de la clase social a la que pertenecen.  Venimos marcados por una serie de intersecciones, como el género o la clase social. Y en este caso las personas que están en la parte inferior de la pirámide, las clases bajas, son las más perjudicadas. Véase quiénes estamos sufriendo la interminable decadencia económica.

Las personas que gobiernan y que han gobernado, dando igual el color político, han defendido la idea de la meritocracia. Y por lo que se ve no la practican demasiado. La meritocracia es un invento de siglos pasados, para justificar el poder de las élites sobre las clases populares.  El ideal que propugna es que sólo las personas mejor preparadas van a poder llegar a puestos de responsabilidad. La RAE la define como:

1. Sistema de gobierno en que los puestos de responsabilidad se adjudican en función de los méritos personales.

Llegar a la universidad ha sido un logro para muchas de las personas de nuestra época,  descendientes de familias campesinas de la España franquista. Nuestr@s progenitor@s sólo pudieron alcanzar los estudios primarios, algun@s ni eso, porque no les dieron la oportunidad; no tenían dinero para poder sufragar los gastos que supone estudiar durante tantos años. La universalización de la educación es un logro de las clases bajas y para las clases bajas. Eso posibilita, o por lo menos lo parecía, que las clases menos pudientes alcanzáramos los puestos de responsabilidad y de poder, aquellos que se miden según los méritos. La democracia podría llamarse como tal. Sin embargo, la democracia es una carta que tiene doble cara.

Los partidos conservadores defienden la meritocracia. Enarbolan el discurso del esfuerzo y la constancia, y su lema es el “que quiere puede”. Como se ha comprobado con el caso del No Máster de Cifuentes, y que ha levantado una polvareda de “titulitis conservadora”, las clases dominantes actúan de manera clientelar. Utilizan medios popularmente conocidos como los “enchufes” y así es como se van sucediendo en los puestos de poder. En la izquierda, para que ninguna persona me corrija, también pasa. Ya hemos visto cómo se adjudican puestos entre pares, hombres, en el partido Podemos: la hermandad de los hombres. Y detrás, ahí estamos nosotras, siguiéndoles la corriente. Todas éstas prácticas  se pueden ligar a dinámicas de reparto del poder entre los mismos. Prácticas basadas en la reproducción del linaje. En este caso en la reproducción del poder masculino frente a los otros, unido por el poder que detentan las élites frente al pueblo. Según este sistema, nada objetivo, se ha ido construyendo el Estado. Es algo difícil de explicar pero siendo simplista se podría decir que es el pacto de los grandes jefes de “parientes lejanos”.

En esa linea de pensamiento se encuentra el esquema de Bobbio (1985). Según este autor “El Estado, […] está caracterizado por relaciones de subordinación entre gobernantes y gobernados, esto es, entre detentadores del poder de mandar y destinatarios del deber de obedecer, que son relaciones entre desiguales (Bobbio, p. 15). Esa desigualdad entre los mismos ha sido el eje central de la formación del Estado moderno. Dice así ” El Estado constitucional se asemeja a una familia en grande o atribuye al soberano los mismos poderes del patriarca, el padre o el amo; señores con diversos títulos o con diferente dominio en la sociedad familiar.” (Bobbio, p. 16).

Una de las luchas fundamentales ha sido, y continúa siendo, la primacía de lo público frente a lo privado. Tal como explica el autor, antes referido, lo público pone en la base el interés colectivo frente al interés individual. Esa prioridad de lo público entiende que lo colectivo, el pueblo o la nación, son antes que el individuo. Esa idea precedida por el ideal aristotélico señala que: el bien común es el producto de la contribución que cada una de las personas realizan con todas las demás de manera solidaria, y de conformidad a las reglas de la comunidad. (Bobbio, 1989)

La democracia española busca el interés general aunque si se tiene en cuenta que modelo económico sostenemos confronta con el ideal de solidaridad y bien común. Nuestra Constitución tiene como principios conformadores: la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de cuantos la integran. Y proclama:

Garantizar la convivencia democrática dentro de la Constitución y de las leyes conforme a un orden económico y social justo.

Consolidar un Estado de Derecho que asegure el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular.

Proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones.

Promover el progreso de la cultura y de la economía para asegurar a todos una digna calidad de vida.

Establecer una sociedad democrática avanzada 

 

La Constitución, para las personas de nuestras generaciones que hemos nacido en democracia, ha quedado en papel mojado. Es cierto que no puedo comparar la vida de mi madre con la mía, porque gracias a su esfuerzo hoy tengo más formación académica que la que pudo tener ella. Pero, como sucedió en su momento con las generaciones que vinieron del campo, las personas que descendemos de familias pobres, aunque tengamos titulación y nos hayamos esforzado por conseguirla, seguimos sirviendo a los mismos a los que lo hicieron nuestras familias. La estructura social se mantiene y las instituciones no han hecho nada, evidentemente, para que eso cambie (ver mi blog respecto a Intersecciones clase y género. Disponible en: http://malamadrefeminista.bloges.org/1514663112/feminismos-encontrados-dialogos-dominantes/)

Con el Caso Cifuentes la tela de araña está atrapando a más personas. Y qué quiere que les diga, pero ese me duele. Me duele el desprestigio de la “democracia”, pero sobre todo de la educación. Y me duele que el esfuerzo de todas las familias humildes sirva para que se llenen los bolsillos las “representantes” de nuestro Estado. No olviden que mantenemos el Estado y la educación pública es un bien común de todas las personas. Ensuciarla es ensuciar uno de los pilares fundamentales del mismo. Sin educación pública no hay igualdad.

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