El Estado bajo el manto del patriarcado

Las mujeres somos culpables de las violencias que sufrimos según la ideología dominante

Después de la sentencia del caso de los Sanfermines, la justicia del Estado español nos ha dejado a las mujeres un claro mensaje: somos culpables de las violencias que sufrimos. Si no nos mantenemos en nuestro papel de “puras” y “vírgenes” se nos cuestiona, y se pone en duda la veracidad de nuestras palabras. Sin embargo, a los hombres se les ha mandado un mensaje muy distinto: podéis saciar vuestros deseos. Nosotros, “Estado de Derecho”, os seguiremos dando la razón. La razón que las mujeres no tienen por estar desviadas de la norma, por hacer y deshacer en la noche, solas; por ir con desconocidos; por hacer lo que quieran y cuando quieran. Como dirían en mi pueblo.- a las mujeres hay que meterlas en vereda. Y eso, con dicha sentencia, es lo que han hecho.

Leyendo el Código Penal, el capítulo que se corresponde a la Libertad Sexual, quise ponerme “en la piel” de los juristas. Evidentemente, tuve que hacer un ejercicio de ser “hombre” y abandonar lo que me habían enseñado por ser “mujer”. No soy especialista en leyes, pero sí los soy en el análisis de las relaciones de poder. Así, hice una lectura de algunas partes de la sentencia. No todas, no pude. No lo hice porque al final me puse en el papel de víctima y me daban ganas de echarme a llorar.  Todas, de una u otra forma hemos sufrido algún tipo de abuso y/o agresión sexual, tal como lo estipula el Código Penal. Todas, unas de más gravedad, otras menos. Pero todas tenemos una experiencia de violencia en nuestras vidas, en nuestra piel;  se ha podido comprobar con el hashtag #cuéntalo.  Decir al respecto que también tengo una historia que contar. Por vergüenza, culpa y miedo nunca lo he hecho.  He decidido seguir mi vida no haciéndolo.  Así se naturaliza desde la niñez como algo que nos tiene que pasar. Nuestra personalidad se construye en relación con eso, dejándolo de lado, intentando “pasar página” y ocultarlo para siempre.

Con la sentencia hemos comprobado que la perspectiva de género está ausente.  La posición desde la que parten los juristas tiene prejuicios, muchos. Y está sesgada por la construcción del ideario sexual de mujeres y hombres. Es interesante cómo se defiende el Estado de Derecho como si fuera un ente vacío de personas, cómo si se tratara de algo superior a la sociedad. Cuando en realidad los jueces no viven en mundos paralelos al nuestro, se nutren de la cultura que les rodea. Y en este caso nos rodea la cultura de la violación y la misoginia. Hace tiempo escribí al respecto sobre eso: El Estado como productor y reproductor de la cultura de la violación. Hoy me ratifico en lo escrito. Ese extracto está disponible en http://malamadrefeminista.bloges.org/1495449690/violencia-sexual/. Se correspondía con un trabajo que presenté y hoy quiero compartirlo. Aquella persona que quiera puede realizar una lectura del mismo en:  VIOLENCIA SEXUAL

En ese estudio quise hacer un acercamiento a la violencia sexual en el Estado español. A través de una pequeña revisión de la literatura y de los datos cuantitativos recogidos en el Ministerio del Interior y el INE, pude ver varios problemas:

  • La construcción que se hace de la sexualidad, diferenciada para mujeres y hombres.
  • La falta de estadísticas que clarifiquen los delitos de violencia sexual.

Además, existe una práctica común al respecto y es la invisibilización que se hace de toda la violencia que se efectúa hacia las mujeres. Tres frentes parecían cómplices de esa neblina y desautorización de las violencias:

  • Entorno social (silencio)
  • Sociedad (culpabilización de la víctima)
  • Estado (falta de formación con perspectiva de género, visión androcéntrica)

El rigor del mismo no es tal como para evidenciar nada, pero sí para introducir el tema a debate. Un tema que debería haber estado en la arena política hace años. Un acto que sale gratis para los que lo cometen y sin embargo, para las que lo sufren es un calvario. No sólo por todo el proceso de revictimización, sino porque conlleva secuelas de por vida; es un problema para la salud de las mujeres. Con la sentencia de los Sanfermines se ha podido comprobar que estamos a años luz de alcanzar la igualdad. Lo positivo de todo es que ya no se nos puede tachar a las mujeres de locas o histéricas, o de sufrir alucinaciones. Se ha vislumbrado un tema tabú, que lleva años en el oscurantismo. Esperemos que sea un punto de inflexión para la sociedad, en este caso la española.

 

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Conciliar lo irreconciliable

ESFERA MERCANTIL VS ESFERA DOMÉSTICA

Existen días para todo, y hoy, 23 de marzo, es el “Día de la Conciliación de la vida familiar y laboral”. En la mañana de hoy leía una reflexión en el Club de Malasmadres. Laura Baena, impulsora de la lucha, escribía un texto muy acertado. Parece que la conciliación se ha puesto de moda, y para ganar votos, ya que dentro de poco asoman elecciones, de repente en la agenda política aparece la palabra conciliación como arte de magia. Sin embargo, la conciliación es una utopía. Y, ¿por qué digo que es pura utopía? La esfera mercantil nunca se va a poder conciliar con la esfera doméstica si partimos desde nuestras concepciones actuales. Según la RAE conciliar es “hacer compatible dos o más cosas. Conciliar la vida familiar y laboral”.

Los padres fundadores desde su visión de la Economía abandonan una parte del análisis y se centran en aquella que ellos creen que da “riqueza”. Como Adam Smith llamará “La riqueza de las naciones”. En esa riqueza no entran los cuidados, y por ende, el cuidado de l@s hij@s y las personas dependientes se invisibiliza. El capitalismo, como acertadamente reflejará la teoría marxista, necesita trabajadores disponibles 24 horas al día, los 365 días al año. Lo que se llama en la misma como el homo economicus. Este ser es como una seta, como si creciera sin necesidades de ningún tipo. Sin embargo, la realidad es muy distinta.  Para ello, el modelo tiene que especializar a cada persona, y se hace en función del sexo-género: los hombres se especializan en el trabajo dentro de la esfera mercantil y las mujeres lo hacen dentro de la esfera doméstica. La biología marcará el camino, y la cultura patriarcal lo reforzará. El hombre produce y la mujer reproduce el sistema capitalista.

concilia

Si se trata la conciliación como un problema, que lo es, hay que remarcar que este  ha venido de la mano cuando las mujeres hemos entrado en la esfera mercantil, y no antes. Por tanto,  si no analizamos el problema desde la raíz nunca vamos a poder conciliar, porque la conciliación en nuestro contexto actual es imposible. Imposible porque el Estado se ha construido en base a esa división sexual del trabajo, y por tanto, la esfera mercantil se sostiene porque existe una esfera doméstica donde se proveen los cuidados. Si esa base de cuidados se derrumba la esfera mercantil se cae con ella. Por ende, hay que empezar por ver ¿cómo conciliar lo irreconciliable?

Los bebés necesitan 24 horas de cuidados. Según el bebé se convierte en infante los cuidados van desapareciendo paulatinamente. Pero siempre, y hasta cierta edad, ese infante necesita una persona adulta que le acompañe en sus tareas diarias. En el caso de tratarse de personas dependientes, y en función del grado de dependencia, también necesitan que alguien esté con ellos 24 horas al día, los 365 días al año. Tampoco hay que olvidar, que una persona que se emplea en la esfera mercantil necesita cuidados: tener la comida hecha, la casa limpia, la colada realizada, etc. Los hombres han podido emplearse fuera del ámbito doméstico porque las mujeres les han sustituido en el hogar, sino ellos tampoco podrían haber salido fuera. Entonces, ¿cómo hacemos para que una persona que es cuidadora también pueda emplearse si contamos con unos horarios laborales que son irreconciliables con los cuidados?

Esta mañana al leer el texto, que al principio del post he nombrado, me hizo plantearme  la conciliación de manera distinta:  no como un derecho de las personas trabajadoras sino como un derecho de la infancia y de las personas dependientes. Las personas tenemos derecho y deber a ser cuidadas a lo largo de nuestra vida. Todas las personas somos interdependientes, nos necesitamos las unas a las otras para poder desarrollarnos. Es por eso, que todas las personas vamos a necesitar que nos cuiden. Unas veces dependeremos de más cuidados que otras, pero siempre el cuidado es y será parte de nuestras vidas. Si la esfera mercantil no se adapta a la esfera doméstica, y no al revés, a medio-largo plazo tendremos un serio problema. Las mujeres no estamos dispuestas a seguir cuidando solas. Por eso, o nos planteamos un cambio de rumbo y damos la importancia que se merecen a los cuidados o seguiremos dándonos golpes contra un muro. La esfera mercantil es un complemento de la esfera doméstica. Por eso hay que flexibilizar los tiempos en función de esos cuidados. Si no lo hacemos condenaremos no sólo a las mujeres, que somos las que sufrimos esos vaivenes de la conciliación, sino también al futuro, a la infancia. No podemos crear centros de cuidados 24 horas, externos a la familia, donde dejar a nuestros infantes y familiares dependientes para que nos empleemos en esa esfera que se considera paralela al cuidado. 

Creo fundamental los tres pilares: Estado, empresas y sociedad. Llamada la triada de responsabilidades e imprescindible como motor del cambio:

  1. El Estado como precursor de políticas reales de conciliación. Y no parches. Como diría Pérez del Río, las políticas de conciliación aprobadas son un boomerang que agravan la situación de las mujeres en el mercado laboral . Que se tomen en serio las Instituciones el problema y que se introduzca en la arena política, haciéndose un Pacto de Estado para la Conciliación. Se necesitan medidas de flexibilidad enfocadas en las personas y no en el mercado.
  2. Las empresas como agentes que introduzcan en sus estructuras medidas de flexibilidad horaria para mejorar la conciliación. Pasar 8 ó 12 horas diarias en una empresa no es sinónimo de productividad. Estamos en la era de los servicios y hay que adaptarse a los nuevos tiempos. No premiar el presentismo laboral sino el buen trabajo, los resultados del mismo.
  3. La sociedad es fundamental, porque el Estado y las empresas no son entes sin personas. Que el 50 por ciento de la población, es decir, los hombres como agentes de poder en las anteriores estructuras promuevan y se impliquen en el cambio. Ellos tienen que dar el paso. Nosotras podemos exigir pero son ellos los que tienen que impulsarlos.

Entonces estamos hablando de corresponsabilidad. La RAE la define como “responsabilidad compartida”. Porque los cuidados son una responsabilidad de todas las personas y es de la sociedad en su conjunto la que tiene que hacerles frente.

 

 

 

* Carrasco, C. (2014): La economía feminista: ruptura teórica y propuesta política.  Ed. La Oveja Roja

 

 

Incidencia de los cuidados en el empleo de las mujeres en España

Estudio realizado durante el 2017 para Trabajo Final de Máster donde se analizaba la incidencia de los cuidados en el empleo de las mujeres

“No nos metamos en eso” – Presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy Brey, en entrevista de radio en relación a la brecha salarial entre mujeres y hombres.

El título que da entrada al Blog es el nombre del trabajo de fin de máster que realicé para los estudios de máster de Igualdad de Género, en la Universidad Complutense de Madrid. Es un buen momento para traer los resultados de dicho estudio por la  ceguera de nuestro Presidente del Gobierno al referirse a la brecha salarial, entre mujeres y hombres, como un tema que no deba ser introducido en la agenda política del mismo.

La incidencia de los cuidados en el empleo de las mujeres acerca un problema de gran calado y es de necesidad imperiosa que “sí nos metamos en eso”. Sí, porque las mujeres deberíamos ser ciudadanas con plenos derechos. Y sin embargo, se nos niegan constantemente. Los poderes públicos, tal como dicta la Constitución Española y que defiende el Presidente, “deben velar y promover las condiciones favorables para el progreso social y económico” (art. 39 y ss), así como “la igualdad ante la ley sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social” (art.14).

Varias cuestiones a resumir y a tener en cuenta del contexto español que introdujo el tema de mi estudio:

  1. El sistema económico se ha construido desde el modelo de hombre proveedor – mujer cuidadora (male breadwinner). Aunque no es posible adentrarse en la crítica que hacen las teóricas feministas de la construcción del sistema económico capitalista, sí hay que remarcar que éste se sostiene gracias al trabajo gratuito de las mujeres. La división de esferas público-mercantil vs privada-doméstica nos afecta directamente a nosotras.  En la actualidad el modelo de trabajador único está desfasado, ya que las mujeres se han incorporado al mercado laboral de manera masiva desde la década de los 1990. Sin embargo, el cambio producido de las mujeres no se ha visto reflejado por parte de los hombres. Comprobé en los datos estadísticos de mi trabajo en el ámbito privado-doméstico las reminiscencias de un modelo tradicional en los mismos y, como señala Jaime Pereira, las resistencias al cambio.
  2. La falta de inversión en políticas sociales dedicadas a los cuidados afecta principalmente a las mujeres. El Estado de bienestar mediterráneo, tal como analiza Esping-Andersen, deja de lado la inversión pública en cuidados y lo traslada a las familias y al ámbito privado. Por lo que las mujeres, siendo las responsables por excelencia, ven limitadas sus oportunidades para entrar y permanecer en el mercado laboral en las mismas condiciones que hacen sus homólogos hombres.
  3. En línea a los dos puntos anteriores. Las políticas, tanto familiares como de empleo, están fundamentadas en el modelo familiar de male breadwinner por tanto el desequilibrio que ello conlleva para las mujeres hace que éstas se vean limitadas a lo largo del ciclo vital, por dos cuestiones que considero primordiales:
    • Las mujeres al invertir más tiempo a los cuidados en la esfera privada-doméstica que los hombres tienen menos tiempo para poder emplearse en el ámbito público-mercantil. Lo que conlleva una serie de consecuencias para las mismas:
      • Menos poder de decisión dentro de la pareja, cuando la hay.
      • Menos posibilidades de estabilidad laboral y progresión profesional, teniendo en cuenta cómo se penalizan los cuidados, y en concreto la maternidad, en el mercado laboral.
      • Más posibilidades de ser pobres.
    • Esa inversión de trabajo de las mujeres en los cuidados en la esfera privada-doméstica, durante la edad activa, en detrimento de la que hacen en la pública-mercantil, les afecta también a largo plazo. No sólo por el dinero disponible del presente, sino también por la menor cotización que realizan en ese presente, y que hace que en el futuro tengan pensiones más bajas y mayor posibilidades de padecer pobreza durante los últimos años de vida.

Por tanto y por las cuestiones antes referidas es necesario analizar las políticas públicas con perspectiva de género no sólo por justicia social sino porque es un mandato de la Ley de Igualdad de 2007. Aunque en nuestro país se quieren dejar “esos temas” para otro momento.

En la investigación analicé diferentes encuestas nacionales de distintos organismos estatales: el Instituto Nacional de Estadística (INE), el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) y el Ministerio de Empleo y de la Seguridad Social. Las encuestas seleccionadas para el mismo, fueron:

  • EPA (Encuesta de Población Activa): siempre se utiliza por el gobierno de turno para ver cómo evoluciona el mercado laboral.
  • Módulo de Conciliación 2010: existen módulos específicos del INE que estudian distintas realidades de la población. En este caso este es primordial en el tema de los cuidados.
  • Barómetro CIS: Es una encuesta más reducida que la EPA, pero señala tendencias de la población y ayudan a entender el contexto de manera más actualizada.
  • Datos de maternidad, paternidad y excedencias por cuidados: La Seguridad Social actualiza cada x tiempo los datos referidos a bajas por maternidad, paternidad y excedencias por cuidados en el año curso. Se tiene acceso directo y son datos neutros.

Todas las que utilicé se consideran fundamentales para el análisis social y económico. El Estado utiliza dichas herramientas para realizar las acciones oportunas en las materias señaladas.

Resultados del estudio

Mercado laboral, conciliación y corresponsabilidad

  1. Las mujeres con empleos con jornada parcial es superior al de los hombres. En los datos anuales referidos al año 2016 el 24 por ciento de las mujeres, frente al 7 por ciento de los hombres, tenían ese tipo de jornada. Por tanto, es de suponer que si la jornada es inferior a la completa, hay menos salario y menos cotización.
  2. Las horas que dedican las mujeres al empleo remunerado es inferior al de los hombres. Mientras que las primeras se situaron de manera repartida en jornadas inferiores a 30 horas, los hombres lo hicieron en aquellas superiores a 30 horas. Los datos se daban invertidos.
  3. La inactividad tiene cara de mujer. Concepto discutido por autoras como Cristina Carrasco (Ver en: Trabajo con mirada de mujer: propuesta de una encuesta de población activa no androcéntrica) ya que el lenguaje que utiliza la EPA está sesgado por su visión masculina del empleo.
  4. Las personas trabajadoras que toman excedencias y/o reducen el número de horas de empleo para dedicarse a los cuidados son mujeres. El 68 por ciento de las mujeres había estado fuera del mercado laboral entre 3 meses y un año. En contraposición se encontraba el 98 por ciento de los hombres que había estado un 1 mes. Además, un 20 por cierto de las mujeres trabajadoras estuvo fuera del mercado laboral más de 6 meses. Este último dato es significativo.  Hay que tener en cuenta que cuanto más tiempo se pasa fuera del empleo más repercusiones tiene este para el mismo. Se hace un “parón” en la carrera profesional imposibilitando mejoras a la largo plazo. En datos de la Seguridad Social, para el año 2017, el 98 por ciento de las excedencias por cuidados habían sido solicitadas por mujeres.
  5. La conciliación vista por los trabajadores, mujeres y hombres, es mínima en nuestro país. Las medidas disponibles según los mismos son pocas o muy pocas. Es decir, la flexibilidad de horarios por cuidados no existe, según los mismos. Lo que explican autores como Phau-Effinger o Esping-Andersen respecto al modelo de bienestar del sur y la baja inversión en políticas sociales, antes ya señalado.
  6. La corresponsabilidad, entendida ésta por el reparto equitativo de las tareas domésticas y de cuidados entre mujeres y hombres, en España no se da. La falta de compromiso masculino para hacerse cargo de la parte correspondiente al trabajo doméstico y de cuidados hace que las mujeres tengan un doble trabajo. En el caso del cuidado de descendientes en los tres años primeros de vida la mujer es la responsable principal. El 88,7 por ciento de las mujeres y el 86,3 por ciento de los hombres contestaron en el barómetro del CIS que eran las mujeres las cuidadoras principales. Lo que autoras como Cristina Carrasco o  Ángeles Durán hablan de la doble presencia-ausencia de las mujeres. Lo que produce el estar y no estar en las dos esferas y supone una carga doble, a veces triple. Esa falta de corresponsabilidad y de medidas de conciliación hace que las mujeres tengan que renunciar a la esfera pública-mercantil para cuidar gratis en la esfera privada-doméstica.

Pueden ampliar el post a través del trabajo: TFM: Incidencia de los cuidados en el empleo de las mujeres en España