Congreso Internacional de Familias Monoparentales

Los días 27 y 28 tuve la oportunidad de conocer el trabajo tan valioso que llevan a cabo las mujeres de las Asociaciones de Familias Monomarentales. He de decir que me pareció de gran acierto la jornada del sábado y la elección de las ponentes que participaron, especialistas cada una en su campo desde la perspectiva de género, fundamental para entender las políticas públicas a proyectar.

En el post de hoy traigo una síntesis de lo que se trató sobre los temas principales del Congreso: empleo, corresponsabilidad y tiempos de cuidado enfocado a las familias monomarentales. También quiero plantear una reflexión de lo que me trasmitieron las jornadas y de lo que se puede transformar a partir de este momento para visibilizar a nuestras familias desde un nuevo enfoque.

Empleo, corresponsabilidad y tiempos de cuidado 

Los cuidados, como señaló Carmen Fernández, se deben democratizar.  Todos los agentes.- Estados, empresas y sociedad- tienen que ser partícipes y ser corresponsables; los cuidados desde una visión ampliada rompen con el marco “privado”: todas las personas somos interdependientes y a lo largo de la vida necesitamos ser cuidadas, unas veces más que otras, pero no hay que olvidar que es una necesidad vital y de ella dependemos todas las personas.

Varias cuestiones que se expusieron respecto a los tiempos del cuidado:

  • Economía del cuidado: visibilizar los tiempos que se dedican al trabajo de cuidados para darles valor en la sociedad (cuentas satélite) y así revalorizar el papel de las mujeres.
  • Romper con las diferencias del espacio privado-doméstico y el espacio público-mercantil. El mito de la “vida privada”: flexibilizar las jornadas adaptándolas al espacio que necesita cuidados para poder tener calidad de vida y comprometer a todas las personas a cuidar, independientemente de su sexo; también entre generaciones. Todas las personas tenemos el deber de cuidar.
  • Políticas sociales: invertir desde el Estado en la Economía del cuidado para acabar con la precariedad estructural que sufren (sufrimos) las mujeres en los distintos ámbitos, entre ellos el laboral. Transversalizar las políticas sociales y regular los tiempos en el ámbito laboral (espacio público-mercantil).

Desde la óptica del empleo, Eva María Blázquez, dio en una de las claves: la profesionalización del trabajo de cuidados. Así las personas (mujeres) dedicadas en el sector doméstico tendrán los derechos reconocidos como cualquier persona trabajadora. Como señaló la ponente “lo que no se paga no tiene valor”, y así sucede con el trabajo doméstico. Dos cuestiones primordiales de la formalización del trabajo de cuidados:

  • Pondría freno a la economía sumergida.
  • Daría reconocimiento económico y social.

Además, y como señalan especialistas como Teresa Peréz del Río, la legislación vigente en materia de conciliación genera el efecto contrario al deseado, ya que están enfocadas exclusivamente para que las mujeres cuiden: reducción de jornada, excendencias, etc.  y abandonen el mercado cuando son madres, lo que produce un efecto perverso:

  1. Soslaya la autonomía económica de las mujeres: pérdida de rentas presentes y futuras (cotizaciones con altas y bajas = pensiones más bajas, pensiones míseras).
  2. Esa pérdida de autonomía económica afecta en el poder de decisión de las mismas por la restricciones que ello conlleva.

La legislación, y por tanto el Estado, tiene que buscar la manera de implicar a todas las partes en el proceso, donde lo permisos por cuidados estén enfocados para que las personas trabajadoras, independientemente de su sexo, cuiden y se responsabilicen.

La monomarentalidad es un reto

Me planteo por qué en pleno siglo XXI el concepto de monoparentalidad está aún asociada a una connotación negativa. Considero que la imagen que se sigue mostrando de nuestras familias es de familias “rotas”, “desestructuradas” o de “abandono”: la autoritas del pater familias sigue presente, aunque no exista o se haya desvinculado de su descendencia, de una u otra forma. Y parece que nos falta algo, estamos “incompletas”.  La propia sociedad patriarcal alimenta esa imagen y se pone en cuestión que las mujeres podamos decidir según las distintas opciones que el mundo nos ofrece. Ser madres solas. Por eso el paternalismo y el machismo están muy presentes cuando se trata de nuestras familias.

El lenguaje forma el pensamiento y el Patriarcado, como sistema,  estigmatiza a l@s Otr@s: aquell@s que no cumplen con la norma.  Por eso nuestro tipo de familia aun estaría mal visto, porque da en lo más hondo de la jerarquía, donde la construcción de la familia ideal burguesa ha sido la base de nuestras comunidades. Nosotras transformamos el modelo ideal y además lo hacemos las mujeres: aquellas a la que se nos niega el poder.

Somos luchadoras contra un sistema que nos oprime. Y son muchas las formas de subordinarnos. Entre ellas está que nuestro modelo de familia aun no se considere como tal porque no cumple con la norma social.

A partir de ahí nos queda un camino por recorrer:

  1. Que la sociedad deje de estigmatizarnos. Somos monomarentales por elección propia, independientemente de nuestra llegada a ella. Como dijo la fundadora y pionera de la primera Asociación de Familias Monomarentales, María García,   “somos madres monomarentales hoy y siempre”. Nuestro estado de maternidad monomarental es permanente.
  2. Visibilizarnos desde la diversidad. Cada familia monomarental tenemos unas circunstancias sociales, económicas y culturales distintas. Nos interseccionan la clase, la nacionalidad o nuestro propio estado civil pero no por ello no tenemos una serie de objetivos comunes y compartidos.

Vamos a luchar juntas con sororidad, unión y metas conjuntas

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